Puntada con hilo
Jean François Revel: la utilidad de la verdad
Fernando Alonso Barahona
Quitar el de abajo y descomentar el del economista
3 de mayo de 2006. "La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira" (Jean François Revel, El conocimiento inútil ).La muerte de Jean François Revel a los 82 años deja un hueco en la intelectualidad europea que va a ser muy difícil de llenar. Revel nació en Marsella en enero de 1924, trabajó en importantes y prestigiosos medios de comunicación escrita como France Observateur (1960-63), L´Express (del que fue director) y Le Point.En los años difíciles del predominio intelectual de la izquierda radical la máxima figura del pensamiento francés fue Raymond Aron (1905-1983), que animó el debate ideológico con su lucidez y rigor en obras como El opio de los intelectuales, La República imperial o Los últimos años del siglo. Una de sus mejores obras es Ensayo sobre las libertades, donde reivindica a Alexis de Tocqueville y a Jefferson sobre Marx. El mejor continuador de Aron ha sido sin duda Revel, que además ha profundizado en las raíces del liberalismo clásico y que convirtió su pluma y su talento en un permanente compromiso con la libertad frente a la tiranía y al totalitarismo.Revel ha volcado sus ideas y su entusiasmo en obras como El rechazo del Estado, La tentación totalitaria, Cómo terminan las democracias (libro impresionante, que marcaría a toda una generación educada en los tópicos políticamente correctos de la izquierda europea) y sobre todo El conocimiento inútil, publicado en 1991. Los diversos capítulos de esta obra magna van destruyendo los mitos sagrados de la izquierda contemporánea: la perestroika, el ecologismo de salón, la mentira sobre la Revolución Francesa (protagonista del primer genocidio moderno en La Vendée, perpetrado por los fanáticos jacobinos), la manipulación de la cultura y la historia, el atroz sectarismo cultural del socialismo... y ante todo el antiamericanismo. Posteriormente profundizaría en esta denuncia, que llega a resultados tan ridículos y lamentables como vemos por desgracia casi a diario con las campañas orquestadas contra el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. Escribe Revel con extraordinaria lucidez: "En Francia es donde la pérdida de la condición –real o imaginaria- de gran potencia causa una amargura más intensa. En cuanto al antiamericanismo de extrema derecha, su motor, como el de extrema izquierda, es simplemente el odio a la democracia y a la economía liberal, que es su condición… En la esfera del antiamericanismo, el grado máximo de degradación –ni siquiera menciono la ignominia moral, que produce hastío, hablo sólo de la incoherencia de las ideas- se alcanzó en septiembre de 2001, después de los atentados contra las ciudades de Nueva York y Washington. Pasado el instante de la primera emoción y de las condolencias, en muchos puramente formalistas, se empezaron a presentar y justificar aquellos actos terroristas como una réplica al mal que, al parecer, causaban los Estados Unidos al mundo... Esa reacción fue, en primer lugar, la de los países musulmanes, pero también la de dirigentes y periodistas de ciertos países del África subsahariana, no todos los cuales son de mayoría musulmana. Se trataba de la evasiva habitual de sociedades en quiebra crónica, que han fracasado completamente en su evolución hacia la democracia y que, en lugar de buscar la causa de su fracaso en su propia incompetencia y su propia corrupción, acostumbran a imputarlo a Occidente de forma general y a los Estados Unidos en particular". Revel también se refería a España en El conocimiento inútil y anota cómo el manual de Bachillerato Sol y sombra, Bordas, 1985) escrito por unos tales Pierre y J.P. Duviols, hacen un compendio de cultura hispánica donde no figuran ni Ortega, ni Azorín, ni Menéndez Pelayo, Eugenio d´Ors, Galdós, Maeztu, Madariaga o Pedro Salinal. En cambio hay páginas dedicadas a Fidel Castro y a Salvador Allende. Y los únicos poetas citados son Lorca y Miguel Hernández. En la España de Zapatero, con la penosa reforma educativa, la invención de la Historia, el estatuto, la memoria de no se sabe bien qué y los pactos inconfesados, la impresión podría aún resultar peor.Jean François Revel dedicó su vida a servir y buscar la verdad y tuvo el valor de comunicarla. Por eso su extensa obra es la negación permanente del conocimiento inútil. Pocas experiencias más provechosas intelectualmente existen que sumergirse en las páginas de Revel. Merece la pena.
martes, mayo 02, 2006
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