miércoles, mayo 10, 2006

El escandalo

El escándalo

Eusebio Cedena Gallardo

11 de mayo de 2006.

La detención ilegal de dos militantes del PP ha dejado de ser el caso Bono, aunque también, para convertirse en un escándalo completo en primera línea de flotación del Gobierno de Zapatero. Que se sepa, la rocambolesca peripecia policial y política del caso no tiene precedentes en la ya larga etapa democrática que atraviesa España desde la Transición. Ha tenido que llegar el Ejecutivo socialista de Zapatero para que un hecho tan grave pueda suceder, y de hecho haya sucedido, en el Estado de Derecho español. La situación no es anecdótica, sino fundamental, por mucho que se empeñen el Gobierno, el PSOE y sus terminales mediáticos, cada vez más y mejor engrasados, en extender todo lo contrario y minimizar una situación profundamente desafortunada y antidemocrática.Partiendo de la base de que, personalmente, la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid, me parece desproporcionada, lo que resulta intolerable es que puedan ir ahora a la cárcel y ser expulsados de la Policía tres agentes que, aunque tengan su parte sustancial de responsabilidad, se han visto involucrados, por activa o por pasiva, en una historia que parte de un origen político y que presenta todas las trazas de haber sido magnificada, teatralizada, corregida y aumentada con una evidente proyección política. A la espera de la sentencia definitiva de este caso, tan lamentable como poco vistoso para el Gobierno, lo que parece claro es que se trata de un escándalo mayúsculo y de gran valor simbólico, además de un serio correctivo a la credibilidad de Zapatero como gobernante de un país democrático.Veo injusto, por tanto, que tres agentes de la Policía puedan ir a la cárcel y vayan a sufrir ahora serias consecuencias profesionales, sin que ningún político de primera fila asuma responsabilidad alguna. Es la segunda parte del grandísimo escándalo en que se ha metido Zapatero. Permitir las gravísimas consecuencias que todo este asunto va a tener para los policías implicados sin asumir más responsabilidad política que la del delegado del Gobierno en Madrid constituye, a los ojos de muchos ciudadanos, una indignidad por parte del Gobierno Zapatero. La magnitud de lo ocurrido, esencial en democracia, se sustancia con una caída política del más alto nivel, y todo lo demás es cerrar los ojos desde el poder, dejando en el olvido a tres trabajadores que, si bien hicieron muy mal su trabajo, como afirma la sentencia, no son ni mucho menos los únicos culpables de todo este penoso episodio.Zapatero ha puesto ya esta cruz en su currículum.

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