lunes, mayo 08, 2006

ERC, fracaso de ZpM y Maragall

martes 9 de mayo de 2006
ERC, fracaso de Zapatero y Maragall
Wifredo Espina

Y A se lo decíamos, señor Zapatero. Pero usted –como tampoco lo hizo Maragall-no hace caso. Pues ahora, un Estat para Cataluña. Nada de aquello de constitucionalmente “límpio como una patena”. Esto era antes. Ahota estamos en otro rollo. Se lo advirtió claramente Joan Puigcercós (ERC): “los catalanes necesitamos un Estat para ser más felices”. No podemos imaginarnos, señor Zapatero, que usted nos vaya a negar la felicidad. Sería incomprensible, sobre todo pidiéndoselo su socio parlamentario, que aún le sostiene en su sillón. Y lo acaba de proclamar, más o menos así, su ex comensal Carod Rovira, después del follón que ha organizado: “Ya no volveré a negociar otro Estatut, ahora hay que ir más allá”. “Más alla” es la independencia. ¿Es que usted no se entera? Pues, mire, si no vigila, cualquier día ERC y su entorno le van a lanzar una “opa hostil”. De esto ya entiende algo usted, ¿no? De momento ya aseguran que ellos no se van del Govern –del que Maragall no tiene eso que hay que tener para echarlos- , porque el Govern lo hicieron ellos – lo que es verdad- y por tanto –dicen- el Govern es suyo, con lo que ya se pasan. Y sacan pecho y retan: “Una salida pactada? Nada, hombre nada!“,”Nosotros ya estamos cómodos aquí, si éllos (PSC y ICV) no lo están, pues que se marchen”. ¡Carod President! También se lo adelantábamos. Pura lógica, nada más. Al fin y al cabo, si con el nuevo Estatut ya somos una nació, como aseguran Maragall y los nacionalistas, coincidiendo en esto con los populares (que por esto mismo quieren impugnarlo), ya falta poco; un pasito más y ya está. Y si nos diéramos un poco de prisa tal vez habría tiempo de meterlo aún en el texto estatutario antes del referéndum. Y así Esquerra Republicana –como con delirio desean usted y Maragall- ya podría rectificar su “no” anunciado y votar “sí”. Ya es la última oportunidad, no la desaproveche, Sr.Zapatero. Tendríamos un Estado dentro de otro Estado. Bueno, ¿y qué? En el juego de los disparates todo cabe. Es cuestión de voluntad, de voluntad política, como ahora se dice para distinguirla de no sé que otra voluntad. ¿Es que la voluntad también es “una y trina”? Y no haga usted caso al popular catalán Josep Piqué –que, el buen hombre, va con dos lirios en la mano; uno para Madrid y otro para la Generalitat- cuando afirma que “los partidos independentistas son especialistas en provocación”. ¡Que va! ¿Qué se ha creído? Pedir la felicidad no es ninguna provocación, me parece. Y si para ser “felices”, o “más felices”, necesitamos un Estado (con soldaditos y todo, aunque sean de plomo), tampoco parece ha de provocar a nadie de buena fe el pedirlo. La felicidad, a fin de cuentas, es el objetivo de todos los humanos, es algo de la condición humana. Compréndalo. Usted, señor Zapatero –también se lo decíamos-, ya debe ser feliz, muy feliz, pues que tiene un buen Estado, todo un señor Estado, que fue incluso un gran Imperio. Usted –que no para de sonreír, y por algo será- no debe caber en sí mismo, en su propia piel, de tanta felicidad. Por esto, como buen socialista, es natural que quiera repartirla. Y, para empezar, se alió con Carod, a quien invitó a compartir manteles en la Moncloa para que desgustara los sabores del poder, peró el republicano no está por sólo los sabores y quería toda la vianda. Y como usted no pudo darle toda la manduca que le pedía la fiesta ha sido un fiasco. Carod no se ha dejado engatusar y ahora dirá “no” a su menú estatutario cocinado con la ayuda de Artur Mas. ERC para usted, como para Maragall, ha sido un fracaso, como era previsible y no supo advertirlo a tiempo. Mire, usted es feliz, pero los catalanes, no; no tenemos Estado ni, por tanto, felicidad. Por esto lo necesitamos, aunque no sea como el suyo. Aunque sea más modestito, o en el preámbulo, puesto con talante. Además, está dentro de la pura lógica. Una Nación tiende a ser Estado, es su vocación. Lea lo que dispone la Enciclopedia Catalana, si es que tiene alguna duda. Luego, si es lógico y da felicidad, hay que obrar en consecuencia. Nadie entendería lo contrario. Por esto muchos votarán no a su menú, y preferirán seguir ayunando. Y nada de la ocurrencia maragalliana de “una nación de naciones” –que es una contradicción en sus propios términos. Ahora, el Estat Català, y punto. Sería -¡ no nos lo puede negar !- el puro Estado de la felicidad. ¡El colmo de la felicidad! Vamos, ¡anímese! Y reparta Estado. O usted, que tampoco engatusará a los batasunos, haga lo que tendrá que hacer Maragall: convocar elecciones.

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