jueves, mayo 11, 2006

El ahorro "tangible"

viernes 12 de mayo de 2006
El ahorro «tangible»

FERNANDO CORTÉSCasos como los de Afinsa y Forum Filatélico -que se unen a la nutrida nómina de pufos registrados en España en los últimos 25 años- suponen un duro golpe para la credibilidad de nuestra economía y erosionan la confianza de los ciudadanos en el sistema y en las instituciones públicas, a las que imaginábamos siempre vigilantes para evitar atropellos de este tipo.Hablamos de «república bananera» cuando Evo Morales, en una medida de dudosa legalidad, nacionaliza los hidrocarburos y, sin embargo, no reparamos en la imagen exterior que proyecta un país en el que es posible que 350.000 personas vean volar sus ahorros de golpe y porrazo. La guinda de este amargo pastel de los despropósitos la pone el Gobierno, al decir, por boca de su desafortunado portavoz, Fernando Moraleda, que la culpa es del PP -por supuesto- y que la supervisión de dichas empresas está en manos de las comunidades autónomas, así que nadie deberá esperar milagros.La actitud de la Administración provoca sonrojo. El monstruo no ha surgido de un día para otro, sino que llevaba treinta años creciendo delante de sus narices, a la vista de todo el mundo. Han fallado los mecanismos de control, básicamente porque no existían. Decir, además, que la culpa la tienen los inversores, que deberían haber sospechado ante lo elevado de las rentabilidades prometidas, roza la crueldad.El asunto tiene también un punto de ironía. Los «bienes tangibles», como su propio nombre indica, son aquellos que se pueden tocar. Un concepto muy del agrado de los inversores más desconfiados, que rechazan las sutilezas financieras y prefieren cosas materiales y concretas. En este caso eran sellos y monedas, pero también pueden ser ladrillos. El sector inmobiliario, «tangible» como pocos, parece a salvo de posibles estafas piramidales, pero no así de las sobrevaloraciones, los cambios de ciclo o los estallidos de las burbujas.La tasa de ahorro de las familias españolas ha caído un 45% en los últimos diez años. Periódicamente, las autoridades nos afean, así en genérico, nuestro vicio de gastar más de lo que ingresamos y nos instan con vehemencia a que ahorremos para cuando lleguen tiempos peores. Las perspectivas, sin embargo, son lúgubres. Con los tipos de interés oficiales al 2,5%, la rentabilidad de la mayor parte de las inversiones «seguras» que se ofrecen en el mercado no permiten ni siquiera compensar el efecto de la inflación, que se mueve cerca del 4%. Para optar a una remuneración más atractiva hay, por tanto, que asumir los riesgos que acompañan, por ejemplo, a la renta variable, algo que a muchos les produce taquicardias.A final de todo esto, parece que se confirma que la única forma de evitar que el dinero te provoque quebraderos de cabeza es no teniéndolo. Sabiduría popular.

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