jueves, mayo 11, 2006

Bronca sin precedentes en el Congreso con la historica...

viernes 12 de mayo de 2006
Bronca sin precedentes en el Congreso con la histórica expulsión de un diputado del PP
El PP pide la reprobación de Manuel Marín, mientras el presidente del Congreso tratará de calmar los ánimos en la reunión de la Mesa y Junta de Portavoces del martes

J. L. LORENTE / L. L. CAROMADRID. «Si esto es política, que venga Dios y lo vea». Son palabras del diputado de CiU Josep Maldonado pronunciadas ayer desde la tribuna del Congreso en medio de una sesión bronca, que alcanzó tintes de espectáculo a cuenta de la petición de dimisión planteada por el PP al ministro de Defensa, José Antonio Alonso, por su supuesta «responsabilidad política» en las detenciones ilegales por las que el pasado lunes fueron condenados tres policías.Una petición que la bancada de diputados populares escenificó primero durante más de quince minutos seguidos de voces de «dimisión», «fascista», «a la calle» y «fuera». Con pataleos y palmadas en los escaños, convenientemente orquestados con premeditación para repetirse una y otra vez a la mínima de cambio -la magnitud de la tangana que preparaban los «populares» a Alonso circulaba de boca en boca por los pasillos hacía horas-, y que tuvo además un epílogo insólito que caldeó el ambiente, con el diputado del PP Vicente Martínez-Pujalte, que fue expulsado, y el presidente de la Cámara, Manuel Marín, como protagonistas. Y, por si fuera poco, un remate también en clave de tensión cuando la diputada, también del PP, Ana Belén Vázquez, pidió la palabra antes de la votación final para denunciar que, desde el otro lado del hemiciclo, habían dirigido a ella y sus compañeras «un gesto obsceno, ofensivo y machista» por parte del parlamentario socialista José Pliego. El gesto consistió en levantar el dedo corazón, con el resto de la mano cerrada. Pliego aclaró que no, que sólo estaba dando palmadas cuando la señora de enfrente le llamó «gilipollas». Horas más tarde, el propio Marín confirmó a ABC, tras revisar el vídeo de la sesión, que el término empleado por la diputada fue el de «payaso».La secuencia de los hechosTodo comenzó cuando José Antonio Alonso hizo a las tres y media de la tarde su entrada en el hemiciclo. Se debatía en ese momento la reforma de la ley del Poder Judicial en materia de justicia de proximidad. Al ver a Alonso, Pujalte gritó desde su escaño «ministro, dimisión». Fue entonces cuando Marín le llamó al orden por primera vez. Al finalizar ese punto del orden del día y cuando iba a comenzar el debate sobre el envío de tropas a Afganistán, Pujalte volvió a gritar «señor ministro, que nos detienen», mientras hacía el gesto de cruzar las muñecas en señal de estar esposado.Manuel Marín: -Señor Pujalte, le llamo al orden por segunda vez. Le advierto que si tuviera que llamarle al orden una tercera vez, le invitaré a abandonar el hemiciclo. Quiero que lo tenga usted en cuenta.Vicente Martínez-Pujalte: -La policía...M. M.: -Señor Pujalte, le llamo al orden por tercera vez. Abondone el hemiciclo.V. M.-P.: -¡Que me detengan!M.M.: -Abandone el hemiciclo. Esto no puede ser.José Madero (PP): -¡Que vengan las fuerzas del orden!Eduardo Zaplana: -Pido la palabra por una cuestión de orden.M. M.: -Se la concederé, sin ninguna duda, usted lo sabe, pero el diputado al cual he llamado tres veces al orden tiene que abandonar el hemiciclo.A renglón seguido, Marín rogó reiteradamente a Pujalte que saliese y sólo se cumplió su decisión cuando, tras leer a la Cámara los artículos del Reglamento aplicables a estos casos, avisó al diputado de que, en caso de no atender la expulsión, se expondría a no poder asistir al próximo Pleno. Pujalte se fue, no sin antes dirigir una reverencia burlesca al presidente del Congreso y a las bancadas socialistas. Mientras tanto, sus compañeros del Grupo Popular le aplaudían en pie y le felicitaban dándole palmadas en la espalda.Con Pujalte fuera, el PP se empleó en poner a prueba la paciencia de Alonso -que empezó su comparecencia media docena de veces- y de Marín, que de pronto asistió a la algarada de los populares sin pedir siquiera silencio.La bronca tiene pocos precedentes en el Congreso, aunque se trata de la primera expulsión de un diputado desde la restauración de la democracia. El asunto va a traer cola.El PP se apresuró a presentar un escrito con la reprobación de Marín, mientras el presidente del Congreso llevará la polémica a la reunión de la Mesa y la Junta de Portavoces del martes. Ése día, Marín pedirá a los grupos que reflexionen sobre la crispación creada en el Parlamento.

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