lunes 12 de mayo de 2008
Violadores de guardería
POR TOMÁS CUESTA
EN «El 18 Brumario de Luis Bonaparte», el señor Carlos Marx esculpió una sentencia que se ha convertido en clásica: «La historia está condenada a repetirse, primero como tragedia y luego como farsa». En estos tiempos agrios en que la historia es un despojo al que le hincan el diente nuestros demonios familiares, la tragedia y la farsa pasean del bracete con absoluto desparpajo. Así, por ejemplo, se puede dar la circunstancia de que, junto al «reality-horror-show» de la bestia de Amstetten, tropieces, por azar, con la bizarra peripecia del norteamericano Randy Castro, a la que nadie ha dado pábulo en esta tierra de garbanzos. Lo cual es una pena, la verdad, porque, amén de curiosa, es significativa y ejemplarizante. A ello vamos, pues, a tratar de contarla. Y, si tienen ustedes la amabilidad de acompañarnos, viajaremos juntos, en unas pocas líneas, del espanto al espasmo, de la pura tragedia hasta la espuria farsa.
El tal Randy Castro vive en Potomac View -muy cerca de Washington- y ha sido expulsado del colegio por sobarle las nalgas a Kathy DeLeon, compañera de clase. Los hechos que apuntalan la denuncia por acoso sexual están sobradamente acreditados, puesto que eran muchos los testigos que se encontraban en el lugar del crimen -el patio de la escuela- a la hora de autos. Todos han coincidido en señalar que el agresor, en un súbito rapto, se abalanzó sobre su víctima sin mediar palabra y le arreó un rotundo azote en plena retaguardia. La señorita DeLeon puso el grito en el cielo, derramó alguna lágrima y denunció a su condiscípulo a las autoridades, que tomaron medidas de inmediato. El director del centro llamó a la policía; los agentes del orden redujeron a Randy y éste, por machista, por chulo y por degenerado, habrá de arrastrar en su expediente un sambenito infame: «Culpable de tocamientos deshonestos y de comportamiento indeseable».
No es cuestión, por supuesto, de disculpar a Randy, ya que metió la pata además de la mano. Pero también sería injusto el no argüir, en su descargo, que el chico está pasando por una edad muy mala. Porque Randy, el rijoso, el concupiscente, el sátiro, acaba de cumplir seis años. Seis añitos, ¡qué bárbaro!, menudas flores crecen en el jardín de infancia. ¿Les parece una broma? De serlo, es tan pesada que en Estados Unidos hay contabilizados, hoy por hoy, un millar de episodios similares. Incluso algunos centros de enseñanza -ante la posibilidad de enfrentarse a una demanda por tolerar que se produzcan «abusos sexuales»- han prohibido taxativamente cualquier efusión física entre las criaturas de primaria. Un beso, un achuchón, un abrazo entusiasta, son motivos bastantes para que los papás -bien por puritanismo, bien por sacar tajada- les pongan a los pies de un tribunal y, si el diablo enreda, a los de los caballos.
Si alguien le hubiera dicho al pobre Freud que llegaría el día en el que la pulsión sexual sería competencia del «sheriff» del condado, volvería «ipso facto» al útero materno y no le sacarían ni a escobazos. La doctrina freudiana considera que el niño (el niño en general, no sólo Randy Castro) es un perverso polimorfo cuya sexualidad, tras un primer periodo expansivo y errático, acabará por amoldarse a los patrones culturales. Antaño, cuando la corrección política no nos había redimido de la caspa, se recetaba una colleja a los infantes que ponían el dedo en la llaga de la carne: «Pepito, so cochino, deja de hurgarte de una vez o te meto un guantazo». Pepito, a pesar de la advertencia, no renunciaba a hurgarse, aunque lo hacía, en adelante, a la chita callando. Tampoco es descartable que Pepito interpretase el papel de médico de guardia con alguna enfermera de la panda. O que cayese en la tentación de airearle la falda a su vecina Mari Pili, la del cuarto. ¿Acaso era Pepito un ser antisocial, un peligroso violador abocetado? Lo que da que temblar es el interrogante.
El Mal, al fin y al cabo, es una parte sustantiva de la condición humana y la bestia de Amstetten ha vuelto a recordárnoslo. La Estupidez, sencillamente, es inhumana. Piedad para Randy.
http://www.abc.es/20080512/opinion-firmas/violadores-guarderia_200805120244.html
lunes, mayo 12, 2008
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