viernes 9 de mayo de 2008
Dos meses después del 9-M
José Oneto
Este fin de semana se cumplen dos meses (más de la mitad de esos cien días que se suelen dar de tregua a los nuevos gobiernos) de la celebración de las elecciones generales en las que el Partido Socialista consiguió una mayoría más amplia que en las anteriores del 2004 y el Partido Popular y, sobre todo Mariano Rajoy, sufrieron su segunda derrota.
El triunfo de Zapatero parece haber inaugurado una nueva etapa política en la que, tras las numerosas rectificaciones que contribuyeron a la victoria después de meses de un empate técnico con el Partido Popular, la economía, la crisis económica, será la principal preocupación.
Aunque el presidente del Gobierno y su entorno siguen insistiendo en que estamos viviendo una “desaceleración” cuyo final se desconoce, los primeros datos que se están conociendo, especialmente la destrucción de 1.500 puestos de trabajo diarios y un total de parados que supera con creces los dos millones, indican que estamos ante una crisis agravada por la crisis de las hipotecas subprime, la crisis energética (se habla de un precio del barril de petróleo próximo a los doscientos dólares), la crisis financiera y la crisis alimentaria, con una subida espectacular del precio de productos básicos para las economías familiares.
Instalado en el optimismo, el Gobierno parece que tiene decidido no recuperar el pulso político hasta el mes de septiembre, convencido de que la crisis en la que se halla inmerso el Partido Popular no sólo les beneficia sino que, en cierto modo, está ocultando otros problemas con los que la oposición no se enfrenta.
En efecto, la oposición, que todavía ha sido incapaz de presentar una alternativa a las medidas de choque económicas del Gobierno (esas que decían que tenían preparadas y listas por si ganaban las elecciones), apenas ha reaccionado ante el burdo y ridículo escándalo del aceite de girasol (responsabilidad del ministro de Sanidad, Bernat Soria); ante el secuestro por piratas somalíes del barco Playa de Bakio, en el que, sorprendentemente, ha intervenido el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) sin que se haya producido la necesaria intervención después del pago del rescate; ante el fichaje por parte de la patronal de la construcción Seopan del responsable de la Oficina Económica del Gobierno David Tanguas con el visto bueno del ministro Miguel Sebastián y, al parecer, del propio presidente del Gobierno, que lo conoció con antelación; ante la negativa de disolver los ayuntamientos donde siguen presentes concejales de Acción Nacionalista Vasca, aplicando lo establecido en la Ley de Régimen local…
Preocupados por la crisis provocada por la pérdida de las elecciones hace dos meses, el Partido Popular está protagonizando la situación más grave desde su “refundación”, cuando Manuel Fraga convirtió la antigua Alianza Popular en el Partido Popular.
Dimisiones, peleas internas, enfrentamientos personales, descalificaciones mutuas, insinuación de expulsiones e incluso amenazas (que se lo pregunten, si no, al asesor preferido de Rajoy, Pedro Arrriola) han convertido el antiguo disciplinado y monolítico partido en un campo de batalla del que, con toda seguridad, no se saldrá después del congreso del mes de junio en Valencia.
Rajoy, que, por fin, ha reconocido la existencia de esa crisis, se resiste a dar los nombres de su equipo y ya se baraja de la posibilidad de que en Valencia se acepte el compromiso de convocar otro congreso extraordinario después de las elecciones europarlamentarias y de algunas autonómicas como las vascas o gallegas, para decidir el candidato a la Moncloa.
Han sido dos meses de siesta para el Gobierno y su presidente (el anuncio de una reforma de la Ley Electoral se quedará sólo en debate y la modificación de la Ley de Libertad Religiosa es una estrategia para aislar de nuevo al Partido Popular) y dos meses de crisis para el PP y, sobre todo, para Mariano Rajoy, que ya está empezando a pensar que se ha equivocado en su pretensión de autoproclamarse candidato a las elecciones del 2012 como hizo cuarenta y ocho horas después de la derrota, atribuyéndola además a su equipo y asegurando que él no tenía nada que ver con la misma.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=09/05/2008&name=oneto
viernes, mayo 09, 2008
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