viernes 9 de mayo de 2008
La tomadura de pelo del PNV
Germán Yanke
El PNV está metido, ya desde hace mucho tiempo, en una batalla interna, pero no ha entrado en un proceso de renovación ideológica para alejarse del nacionalismo etnicista y del nada democrático entendimiento con otros nacionalismos, también etnicistas y además violentos, para imponer la convergencia de sus planteamientos de autodeterminación. Ya sea porque toda la batalla es, simplemente, una cuestión de modos y plazos, o porque unos, los que se presentan como moderados, no pueden ni quieren separarse de los que se tienen por radicales para no perder la fuerza y el poder, el PNV sigue siendo lo que era: un partido en el que sus reivindicaciones se oponen desde hace ya demasiado no sólo a España y, desde luego, no sólo a la España constitucional, sino al sistema constitucional mismo.
Lo viene haciendo, además, con un arrojo que no se sostiene ni en una actitud razonable ni toma en consideración los reiterados fracasos electorales a los que le ha llevado la aceleración de la deriva soberanista. Ahora, la actitud del PNV ante la próxima reunión del lehendakari Ibarretxe con el presidente Rodríguez Zapatero tiene, en ese escanerio, dos vertientes lacerantes que habrían de determinar la respuesta. En primer término, Ibarretxe no va a la Moncloa como cualquier presidente autonómico, por muy reivindicativo que sea, sino para cumplir la primera fase de su plan autodeterminista: constatar que no es posible llegar al acuerdo que desea para dar paso a esa entelequia de que, entonces, hay que “dar la voz al pueblo vasco”.
En segundo lugar, y para presionar, se presenta con la pretensión de que se reanuden las conversaciones de Loyola en las que participaron, en el anterior “alto el fuego” de ETA, PSOE, PNV y Batasuna. Al enloquecimiento de la propuesta se une el recordatorio de uno de los episodios más vergonzosos de las negociaciones del llamado “proceso”. Pero precisamente por eso la respuesta del Gobierno debe ser, si cabe, más contundente para quitarse así, aunque sea para el futuro, el estigma de su arbitrariedad y sus errores garrafales durante la anterior legislatura en materia tan grave y delicada.
El problema con Ibarretxe y sus planes antidemocráticos lo debe tener Urkullu si quiere ser un razonable presidente de un democrático PNV. No el Gobierno español ni los diputados ni los ciudadanos españoles, a los que sólo les cabe el rechazo formal y material de esta tomadura de pelo. El presidente Rodríguez Zapatero, durante su primer mandato, pensó, por un lado, que era un mago del diálogo capaz de convencer a cualquiera, y, por otro, que su “talante” le obligaba a ser tan condescendiente con los enemigos de la Constitución como duro con los que, aunque no fuese con sus ideas, la defienden. Ha llegado ya la hora, ante tanta desvergüenza nacionalista (la misma que fue castigada en las urnas), de desquitarse de la máscara de demiurgo y oponerse frontalmente a los que se oponen a las libertades ciudadanas.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=09/05/2008&name=german
viernes, mayo 09, 2008
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