viernes, mayo 09, 2008

Jose Melendez, ¿A donde va ZP?

viernes 9 de mayo de 2008
¿Adónde va Zapatero?
José Meléndez
E L camino que siguen los políticos es, la mayoría de las veces, sinuoso porque su trazado debe superar obstáculos por la imposición del juego democrático que son difíciles de vencer si no se tiene un fuerte respaldo parlamentario. Pero la inmensa mayoría de ellos tienen un objetivo, un norte en su política, que está contenido en su programa electoral, esa especie de biblia en la que, según el desaparecido viejo profesor Tierno Galván, se hacen promesas para no cumplirlas. Pero la política seguida por el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero no encaja en ese esquema mas que en el capítulo de promesas incumplidas porque su verdadero norte político se enmascara tras el manto dialéctico de su verbo grandilocuente que dice en cada sitio y en cada situación lo que el personal quiere escuchar. Y hay muchos que le creen. Casi once millones de españoles. La pasada legislatura fue para él el asentamiento de sus ideas nunca claramente expuestas, vestidas con el ropaje demagógico que mas le convenía en cada momento y en ella mostró algo de sus intenciones con dos empeños estrella de su mandato: la política territorial para convertir a España en un Estado federal bajo la eufemística definición de una “España plural” y el afán de terminar con el terrorismo de ETA para obtener la gloria de una paz conseguida a base de cesiones que reforzase su posición. Fracasó en ambas, porque no ha conseguido desterrar a los asesinos de nuestro cotidiano vivir y porque el estatuto de Cataluña, piedra angular de su proyecto de la nueva España, se aprobó con enormes dificultades y mutilaciones y está todavía pendiente de los fallos del Tribunal Constitucional.. Pero su reciente victoria electoral, parece haber dado al presidente nuevos bríos y poco a poco se va dejando ver cuales son sus verdaderas intenciones políticas. Aunque aparentemente se haya quedado solo por sus incumplimientos, como pudo verse en la votación de su investidura, el resultado favorable de las últimas elecciones le ha hecho creer que no necesita a nadie y parece aprestarse a desarrollar el iluminado plan que tiene para el país que gobierna: un Estado plural –la nación de naciones-, laico y republicano. Observen la paulatina proliferación de banderas republicanas que ondean en las manifestaciones de la izquierda, especialmente en la conmemoración del Primero de Mayo y analicen la medida pieza retórica que fue su discurso en la fiesta del Dos de Mayo, -pronunciado precisamente en Móstoles, cuna de la gesta de la Independencia contra la invasión napoleónica-, donde hizo equilibrios para no mencionar los vocablos Patria o Nación. Previamente, la vicepresidenta Maria Teresa Fernández de la Vega, que es la voz de su amo engalanada por Vogue, había preparado el terreno con otra pieza de antología. Había dicho refiriéndose a los afrancesados que “fueron los que por primera vez defendieron un Gobierno responsable que debía ocuparse de que los ciudadanos accedieran al bienestar e, incluso, a la felicidad”. O sea, que Daoiz y Velarde, Agustina de Aragón y el general Castaños, junto a un pueblo que expulsó a las huestes de Napoleón de su patria con facas, guadañas y aceite hirviendo no fueron mas que unos rebeldes facciosos, como un siglo y medio después se les llamó a las tropas de Franco. Es sabido que a la izquierda zapateril, que es una izquierda especial, no le gusta la guerra. A nadie le gusta, aunque en determinados casos esté justificada y sea inevitable, como lo fue la de nuestra Independencia. Pero cuando ese sentimiento se viste de un pacifismo hipócrita e interesado, pues no hay que olvidar los muchos millones de muertos que ha costado el intento del comunismo por dominar el mundo, ese pacifismo resulta hipócrita y, por tanto, rechazable. Bajo esa bandera de la paz ganó Zapatero sus primeras elecciones, usando la guerra de Irak con tanto éxito que todavía, cuatro años mas tarde, sigue siendo una constante en los discursos progubernamentales. Y bajo esa bandera ha rizado el rizo en la composición de su nuevo gobierno, dándole el ministerio de Defensa a una joven que, ya nombrada ministra, se declaró pacifista y antibelicista en una entrevista en “El país”. El nombramiento o es una incongruencia o parece tener un cariz caprichoso, como lo tiene toda la colección de nuevos ministros y ministras, pero no lo es. Como no lo es el nombramiento del risueño Bernat Soria que, una vez afianzado en su cargo, apunta una revisión del problema de la eutanasia y se ha dedicado con entusiasmo a limpiar de capellanes católicos los hospitales públicos. Como no lo es el nombramiento de la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, con la misión de imponer la enseñanza de una asignatura sectaria y adoctrinadora como la Educación para la Ciudadanía. La campaña de Zapatero contra la Iglesia católica es evidente y viene de antiguo, pero ahora se ha recrudecido. Se pretende recortar la financiación de la Iglesia, perfectamente definida y aprobada por los convenios con el Vaticano, se insulta a los obispos y se les vapulea desde los órganos afines al PSOE y se prescinde de la asignatura de Religión, imponiendo una nueva que sigue la línea de adoctrinamiento anticlerical de la II República, bajo el pretexto de que España constitucionalmente es un Estado aconfesional. La aconfesionalidad es una condición que se puede aplicar a un Estado, en el sentido de respeto a todas las creencias religiosas, pero no a los individuos que son libres de creer en lo que quieran o consideren verdadero. El intento de eliminar a los capellanes de hospitales, prohibiéndoles además el acceso a los. comités de bioética de los centros sanitarios es un peldaño mas en la política anticlerical de Zapatero. En un artículo titulado “La enfermedad del dogmatismo” y firmado por Pablo Simón Lorda, -en “El país”, naturalmente- se dice que “los comités de biotécnica de los hospitales deben ser un auténtico laboratorio de ética cívica, laica y republicana, una herramienta al servicio del pluralismo”. Que es exactamente lo que piensa Rodríguez Zapatero y esa parece ser su meta a nivel nacional. Estamos en un momento de quiebra de los valores tradicionales, favorecida por un progreso que ha ido imponiendo el relativismo y el acomodo a una interpretación egoísta de la idea de la libertad y el libre albedrío y eso está superando los principios que siempre se han tenido por inmutables en la sociedad y que ahora se consideran antiguallas. Y de esto se aprovecha la política de Zapatero que, si tiene algún mérito, es el del oportunismo y el de saber medir la reacción de la masa. Por eso ha prosperado sin mayores dificultades el matrimonio homosexual y las crecientes facilidades para el aborto y por eso la Iglesia católica se encuentra ahora con los seminarios donde han de formarse los nuevos sacerdotes semivacíos. La gravedad del momento reclama que la Iglesia de un Estado mayoritariamente católico como es España, analice la gravedad del problema con la necesaria autocrítica para descubrir y subsanar sus propios errores. Que los ha tenido y grandes. Y reclama que la oposición actúe con firmeza, sin esperar a citas congresuales ni refundaciones mas o menos ideológicas, porque el tiempo apremia y Zapatero no se va a apartar de su línea, por muy buenas que sean las palabras con las que viste sus intenciones.


http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4604

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