viernes, mayo 09, 2008

Ignacio San Miguel, Aguas turbulentas

viernes 9 de mayo de 2008
Aguas turbulentas
Ignacio San Miguel
S I bien las aguas no se han calmado, y no llevan camino de calmarse más que aparentemente, se ha solventado la estridencia más acusada, cual era el enfrentamiento de Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy. Era algo previsible, pues había factores que hacían inviable esa rivalidad. Por un lado, Aguirre comprobó que no podía conseguir los apoyos suficientes para enfrentarse a Rajoy en la próxima convención. Además, su planteamiento ideológico resultaba absurdo por lo contraproducente, y esto es lo que se presenta como más raro. Es algo comúnmente aceptado que el Partido Popular es conservador-liberal. Constituye una amalgama de corrientes, pero cuya simplificación puede ser expresada debidamente con la denominación antedicha. Por tanto, no es ni remotamente razonable poner en pugna los dos componentes que expresan su naturaleza. Pues bien, esto es lo que hizo Esperanza Aguirre con su notable declaración de principios en el Foro ABC. Sobre todo, cuando taxativamente dijo: “No me resigno a que me etiqueten de conservadora, cuando ser liberal es justo lo contrario.” Más claro… Por esta y otras afirmaciones se saca la conclusión de que a esta señora lo que le molesta es que los socialistas estén ganando la batalla ideológica desde hace tiempo. Y, basándose en sus ideas liberales, quiere rivalizar con ellos en el campo del progresismo. Craso error. Ahora se ha retirado de la presunta carrera por el liderazgo, y bueno sería que esto haya sido debido, por lo menos en parte, al comprobar que con sus ideas le es imposible conseguir los apoyos necesarios. Esto habrá aclarado su mente. Se supone que un partido de oposición ha de tener ideas diferentes del que detenta el poder, y hasta contrapuestas. Los valores patrióticos y morales han sido normalmente patrimonio de los partidos conservadores. Lógicamente, un partido como el Popular, con un voto mayoritario del sector conservador de la sociedad, no puede de pronto cambiar de registro y tratar de rivalizar con los socialistas en el campo del radicalismo progresista. No puede ser muy inteligente la persona que pretenda esto. Esperanza Aguirre debería haber comprendido que sus ideas personales y sus complejos no son sino una rémora para un partido cuya mayoría de votantes no piensa como ella. Es significativo que hace unos pocos años, cuando el Partido Popular presentó el recurso contra la ley de matrimonios entre homosexuales, le preguntaran a Aguirre su opinión al respecto y contestara que la ley era muy posible que fuera anticonstitucional, pero que no creía pertinente presentar el recurso. Preguntada por qué, contestó “porque ahora van a decir que somos retrógrados y ultramontanos.” ¡Qué mísera muestra de acomplejamiento presentada sin la menor vacilación ni el menor pudor! Interpelado Mariano Rajoy, su respuesta fue rápida y acertada: “Yo, entre unos valores y unos votos, me decido por los primeros.” Contestación, sobre todo, inteligente, pues de seguro que el partido no perdió apenas votos por presentar el recurso. Lo que hizo fue evitar que bastante voto conservador se fuera a la abstención. El problema de los políticos sin carácter es que su idea obsesiva es ganar las elecciones. Los valores que defienden son un medio para ello. Los políticos con ideales, por el contrario, luchan en defensa de estos ideales, esperando, sí, ganar las elecciones, pero no derrumbándose si éstas se pierden. La derrota del Partido Popular en las últimas elecciones, parece haber sumido en el desconcierto a las filas populares. El liderazgo de Mariano Rajoy se tambalea. Es algo que sorprende al profano, que se ve obligado a echar mano exclusivamente de la lógica y del sentido común para tratar de entender las reacciones en colectivos donde no está inmerso. Si los resultados, pese a la derrota, fueron muy buenos, como así lo proclamaron con entusiasmo los miembros del partido ¿por qué esta confusión actual, esta desorientación, esta aparente falta de un criterio firme? Todo parecía indicar que si hubo buenos resultados fue porque se siguió la estrategia adecuado con las personas adecuadas. Lo cual no era garantía de ganar al adversario, aunque sí de sacar esos buenos resultados. Las turbulencias continúan, si bien la más estridente y falta de razón, la de Esperanza Aguirre ha sido neutralizada de momento. Y no parece que Rajoy tenga éxito en calmar las aguas, puesto que, en realidad, ha sido el factor principal de su agitación. No ha seguido el consejo ignaciano: “En tiempos de turbación, no hacer mudanza.” En este caso, la turbación no resulta explicable de forma convincente, y la mudanza no se presente como necesaria e inteligente. Poco explicable también.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4607

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