lunes 12 de mayo de 2008
¿Víctimas o cómplices?
POR IRENE LOZANO
POCO antes de que la mafia policial de Coslada comenzara a declarar ante el juez, los dictámenes periodísticos ya estaban publicados. No me sorprende la rapidez, es propia del género, y si bien la Justicia debe entrar en disquisiciones complejas para dirimir la responsabilidad, al ojo apresurado de la Prensa le asalta de inmediato la verdad brechtiana: «Cuando el delito se multiplica, nadie quiere verlo». El caso de Coslada, no obstante, obliga a añadir una glosa a su reflexión: cuando el delito que nadie quería ver se interrumpe, todos afirman haberlo visto.
¿A quién involucra esa confesión colectiva? No a todos los que lo sabían, sino a quienes, conociendo cómo las gastaba Ginés Jiménez y sus supuestos secuaces o teniendo indicios de la putrefacción reinante en la Policía local, podían actuar y no lo hicieron. Una responsabilidad evidente recae en los concejales de la cosa y alcaldes de los últimos veinte años, así sea sólo por no haber cesado al presunto capo mafioso o no haberse enterado de lo que sabía todo el pueblo.
Ahora bien, hay ciudadanos sentados en ese lugar fronterizo donde las cosas no se ven con tanta nitidez, sobre un incómodo sillón en el que uno puede pasar de víctima a cómplice sin moverse del sitio. Me refiero a los comerciantes, dueños de locales de ocio o de alterne, y, en general, a todo aquel que abonó durante años al sheriff de Coslada los tributos exigidos por sus siniestras patrullas.
Llegados a este punto hay que ponerse los pies de plomo para recorrer las profundidades del mar de las palabras: si hacemos hincapié en que el tiranuelo Jiménez extorsionaba a los hosteleros -lo cual es cierto-, ellos son sus víctimas y, como tales, gozan de nuestra compresión: entendemos que el miedo es una poderosa motivación. Por el contrario, si ponemos el acento en que los comerciantes cedieron al chantaje de la banda mafiosa -lo cual también es cierto-, de inmediato surge la crítica a su quebradiza entereza moral, y la duda acerca de hasta qué punto su pasividad los hace cómplices. Si debían y podían denunciar, ¿por qué no lo hicieron? ¿Cuántos gramos de miedo constituyen una circunstancia atenuante? No actuar, ¿es siempre una manera de actuar?
Son esas preguntas sin fácil respuesta las que debe contestar la justicia, como en tantos otros casos. La mujer del monstruo de Amstetten, ¿fue víctima de su dictadura o cómplice de los crímenes de su marido? Los extorsionados por ETA que pagan, ¿son víctimas o cómplices de los terroristas? No lo sé, pero me causa perplejidad que, ante dilemas morales semejantes, los veredictos periodísticos sean tan dispares. Se necesita tener un nulo sentido de la ecuanimidad para considerar víctimas a quienes se sometían a la tiranía del capo de Coslada, y cómplices a quienes pagaron el rescate exigido por unos piratas en alta mar.
http://www.abc.es/20080512/opinion-firmas/victimas-complices_200805120247.html
lunes, mayo 12, 2008
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