lunes, junio 19, 2006

Tras el referendum, todos contra el PP

Tras el referéndum, todos contra el Partido Popular
Elsemanaldigital.com

El resentimiento ha logrado poner de acuerdo a Maragall y a Montilla. ERC también suscribe el bloqueo a quienes consideran "enemigos de Cataluña".

20 de junio de 2006. El referéndum del pasado domingo sobre el Estatuto catalán ha dejado un legado inesperado. Aparte de su resultado, discutido en sus interpretaciones y en todo caso pobre desde un punto de vista democrático –menos de la mitad de votantes sobre el censo-, al día siguiente de la jornada electoral el Gobierno de España y la Generalitat catalana, los partidos que pedían el voto favorable y algunos que pidieron un voto negativo se han puesto de acuerdo en atacar duramente al Partido Popular. Para el PSOE y el PSC, el PP es el "gran perdedor" del referéndum. Y es verdad que sólo un 20% de los electores votó en contram como habían pedido Mariano Rajoy y Josep Piqué; pero no es menos cierto que sólo uno de cada tres catalanes votó a favor del texto negociado por José Luis Rodríguez Zapatero con todos los partidos excepto el PP. El resentimiento contra el PP ha logrado poner de acuerdo a Pasqual Maragall y a un José Montilla que quiere ser su sucesor. Para los nacionalistas de CiU el próximo objetivo son unas elecciones autonómicas anticipadas. Y tras ellas, gobernar, como Artur Mas cree que es su derecho tras su voto favorable al Estatut, que permitió a Zapatero salvar la cara. Eso sí, Josep Antoni Durán i Lleida, como Mas, descarta llegar a ningún tipo de acuerdo con el PP, contra los deseos expresados por Piqué. El nacionalismo moderado también se une al boicot contra el partido de Rajoy. Esquerra Republicana coincidió con el PP en rechazar el Estatut. Pero Josep Lluís Carod-Rovira desea que su partido vuelva a ser decisivo en la gobernabilidad de Cataluña y desde el poder –reeditando el pacto tripartito- avanzar hacia la autodeterminación que desean. ERC también suscribe el bloqueo contra un PP al que consideran "enemigo de Cataluña". Después de una campaña electoral complicada y violenta el rumbo emprendido por los principales partidos catalanes es peligroso para la democracia. Una cosa es la normal discrepancia entre partidos, que forma parte de la naturaleza de éstos. Y otra bien diferente es la exclusión de uno de ellos de la normal convivencia política. El PP no tiene que pedir ningún favor a nadie, porque representa directa e indirectamente a gran número de catalanes y de españoles. Negar su participación en la vida pública y negar la legitimidad de sus críticas sería tanto como privar de ciertos derechos políticos a sus votantes. Aunque el problema tiene como escenario y excusa Cataluña, es en Madrid donde puede resolverse. Zapatero, como presidente del Gobierno, no puede construir una democracia de unos contra otros. La democracia no es sólo el gobierno de la mayoría, sino además el respeto de la minoría. El PP de Rajoy tiene derecho, como mínimo, a exigir eso, y sin ninguna condición.

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