miércoles, junio 21, 2006

La prensa que nos envenena

jueves 22 de junio de 2006
LA PRENSA QUE NOS ENVENENA
Félix Arbolí

C ADA día, sin que nadie ponga límite a este coto de caza , acoso y derribo, empleando términos que se usan para la captura, persecución y tortura de los animales (esta operación sirve para probar la bravura de una vaquilla o toro de lidia en las dehesas donde se crían ), se leen artículos, se oyen noticias y se escuchan comentarios callejeros donde el odio, el rencor acumulado y las leches maternas succionadas y llenas de veneno, destrozan la reputación del prójimo, inventando calumnias (que algo quedará) y lanzando globos sondas cargados de malas intenciones, esperando que el mal uso de las facultades naturales que han recibido generosamente les ayuden en su maquiavélica labor. Es verdaderamente delirante, más aún acongojante y vergonzoso, tener que leer en la prensa, en un diario “reputado” como serio y fiable, esas noticias cargadas de “yogur” donde, un señor que goza fama de hombre respetable y respetuoso para con los demás, que oyéndole hablar se percibe la impresión de que hay tras sus palabras un coro de ángeles u orquesta de violines y que es una auténtica enciclopedia del saber, expresándose en términos poco edificantes y nada recomendables dentro de las normas de una convivencia pacífica y ejemplar. Atacando sin el menor atisbo de cortesía a una señora, por no pertenecer a su partido y encabronándose (no encuentro otra expresión más adecuada), contra ella y contra todo aquel que no sienta sus rojos colores, no ya en la sangre (que es lo habitual), sino en la mente y en sus ideas. No entiendo que de esa mente tan retorcida y envenenada, pueda surgir expresiones tan exquisitas y delicadas y una prosa tan lírica y sensible. He sido admirador de su forma de expresarse, tan melodiosa, relajante y sublime, como si fuera algo etéreo, que de manera imperceptible va penetrando sutilmente en nuestro cerebro y corazón y nos hace vibrar con su armonía y buena dicción. Antonio Gala es un escritor de enorme talla y un orador de voz suave y cadenciosa, capaz de subyugar al más duro de los lectores u oyentes. Junto a ésta casi etérea figura de nuestras letras, está el otro Gala, no el que dedicaba esos párrafos antológicos a su perro “Troilo” (creo que se llamaba), sino el que se pierde en los terrenos pantanosos de la política, donde ese ser se transforma por completo, (al estilo de “Superman”, pero en otras características y circunstancias), y se torna ofensivo, insultante, virulento y de muy mal talante y escasa moderación, para hacer frente a todo aquel que no siente el rojo en la exclusiva de sus preferencias. No me gusta para nada este señor Gala, soy sincero. Pierde muchos puntos en mi valoración personal y cultural y creo, que ha tenido bastantes deserciones de lectores por sus exabruptos y “troneras”. Se que a él le importará poco mi opinión al respecto, pero a mi tampoco me resulta molesta exponerla a la consideración de los lectores. No pretendo ofenderle, ni en mi escrito podrán hallar el insulto y la descalificación del personaje. Solo la sincera opinión de uno de sus incondicionales lectores que, lo siento de verdad, ha dejado de leerle, sobre todo en esos artículos donde el escritor y el poeta, el autor dramático y conferenciante, el cordobés de altura y señorío, da paso al rabieta de turno para lanzar sus dardos envenenados a todo aquel, hombre o mujer, señora o señorita, marquesa o fregadora, que no “comulgue” (es un decir), con sus ideas y criterios. Y eso, señor Gala no me parece nada bien. Porque esa señora, que yo sepa, no se ha dirigido a usted para nada, ni le ha dado pretexto o justificación a sus insultos. Pero es que hemos llegado a un punto en el que los ánimos se hallan al borde de un ataque de nervios, de una auténtica exasperación. Hemos perdido la tolerancia debida al prójimo, el respeto al que no piense de igual forma que nosotros, la calumnia para descalificar al adversario sin sopesar el enorme daño que con nuestra irresponsabilidad podamos hacerle. Hemos llegado, desgraciadamente, a las dos famosas Españas machadianas. Y ésta es la epidemia, la enfermedad más peligrosa que puede ocurrirle a un país, donde antes cabíamos todos y en buena armonía y ahora parece que sobramos la mitad. Es una pena haber llegado a comprobar que todo está vendido, corrupto y controlado por grupos poderosos que rigen nuestro destino desde la sombra. Antes la prensa aireaba lo bueno y malo, lo noticiable de cada día, ahora sólo ofrece relatos y artículos amañados y controlados donde se tergiversa la realidad según la conveniencia de sus “patrones”, al más puro estilo mafioso. No te puedes fiar de ella. Si lees un diario te dicen que fue varón, si lees otro, que era una hembra y si por casualidad, te llega un tercero, que era un gay de lo más imponente. ¿A quien hacerle caso?. Yo lo tengo claro, a ninguno y soy del gremio. De la prensa, solo leo los titulares, ojeo el texto de aquellos que me parecen interesantes y curiosos y paso olímpicamente de todo lo demás. Solo recorto el programa de la televisión, para saber lo que me ofrecerá esa noche cada canal y el resto a la bolsa de los papeles. Tiempo invertido en la operación: quince minutos a lo máximo. De esta forma evito que me coman el coco, laven mi cerebro y me pongan de mala leche el resto del día. ¡Cuánto echo de menos mis años de periodismo, donde sólo aceptábamos los artículos, reportajes y noticias que significaran algo importante, sin interferencias de ninguna clase, para nuestros lectores!. En algo nos benefició la censura, duro es reconocerlo, en evitar que tanto loco, desalmado y fanático nos enturbiara el ánimo y distrajera nuestra atención con tan absurdas y venenosas elucubraciones. ¡Qué pena y qué vergüenza llegar a esta tremenda conclusión!. Los tribunales ingleses despiden a sus reos condenados a la pena capital con un “Dios tenga piedad de su alma”. Yo termino el artículo con un ¡“Dios tenga piedad de España” ¡

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