miércoles, junio 07, 2006

La guia en la tormenta, 4, combatir por los principios

La guía en la tormenta, 4: combatir por los principios
José Javier Esparza

8 de junio de 2006. En esta tormenta que nos envuelve retumban mucho los truenos de ETA y el Estatut, pero hay también un sonido de fondo, un rumor pertinaz: es la música de una sociedad que baila mientras el barco zozobra. Nada de lo que nos está ocurriendo puede entenderse sin esa melodía de nuestra degeneración: una sociedad laxa hasta el sopor, sin principios, desgajada de su tradición y su cultura, indiferente y medrosa, abotargada por el señuelo de la prosperidad, campo abonado para el nihilismo. Aquel "último hombre" del que hablaba Nietzsche podríamos ser nosotros. Si queremos salir de la tormenta, esto también hay que ponerlo en el mapa.Estamos al borde del abismo porque tenemos una sociedad anestesiada. Y tenemos una sociedad anestesiada porque nadie está dispuesto a poner los principios por delante de los intereses ni el sacrificio por delante del beneficio. Esta anestesia no nos la ha inyectado ZP: ya venía de antes. Es un problema que padece toda Europa y que afecta a derecha e izquierda por igual. Lo que ZP ha hecho es sintonizar con este nihilismo social, con esta sociedad sin valores.A la izquierda le gusta mucho pontificar sobre la "pérdida de los valores", pero ¿quién sino la izquierda lleva treinta años disfrutando de total hegemonía en la producción de valores, en los lobbies de la cultura y la comunicación? Esto también arranca del sistema del 78: a la derecha se le dejó el dinero y la cultura se le dio a la izquierda. Desde entonces la izquierda ha venido transformando los valores sociales sin apenas oposición. Claro que, por el camino, la izquierda entró en crisis, perdió sus referencias y, tras la caída del Muro, todo su universo cultural derivó hacia un nihilismo primario. De aquellos polvos vienen estos lodos.Sin embargo, el nihilismo general que envuelve al "fenómeno ZP" ha despertado muchas conciencias. El lobo ha asomado las orejas y ha despertado el celo de quienes aún creen en principios hondos y poderosos. Ya se trate del "matrimonio" homosexual, de la educación o de las biotecnologías, el Gobierno ha emprendido un camino que ataca las posiciones éticas y religiosas de un ancho sector social. Posiciones que nunca habían reclamado sus derechos, pero que ahora elevan la voz. Eso es lo que hay tras el resurgimiento de la "derecha social" en este bienio necio.Estas olas también hay que navegarlas para salir de la tormenta. Alguien tiene que levantar la bandera de los principios fuertes. La defensa de la familia, el derecho a la vida, la educación en la excelencia, el sentido del deber o la idea de servicio, por ejemplo, son valores que por sí mismos sostienen un modelo social. Es un mensaje que muchos millones de españoles están deseando oír.(Por supuesto, habrá quien considere que el nihilismo no es mala cosa y que la "pérdida de los valores" no entra en sus prioridades. Bien: que lo diga).

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