lunes, junio 19, 2006

La ampliacion fué un error

lunes 19 de junio de 2006
La ampliación fue un error

Por ALBERTO SOTILLO
Nadie se atreve a decirlo en voz alta. Pero, cuando se habla de la anemia que aflige a la Unión Europea, es casi un lugar común repetir eso de: «Desde la Ampliación, esto se ha parado». Y la UE es una bicicleta que no puede parar. Si se para, se muere.
Nadie quiere decirlo muy a las claras. No es políticamente correcto. Pero la Ampliación -la entrada de los nuevos socios de Europa del Este- fue un craso error. Desde la Ampliación, ahí no hay quien levante cabeza. Ya no es que el rechazo a la Constitución haya dejado a nuestros «líderes» en la inopia. Es que la Comisión Europea jamás ha sido tan débil. Ni en tiempos del luxemburgués Santer -a quien echaron por flojo- habíamos tenido un presunto «Ejecutivo europeo» tan medroso. Había un tiempo en el que, al menos, el comisario de la Competencia -Van Miert, Monti- hacía temblar a Bill Gates, a jefes de Gobierno o a la Boeing. Hoy, la pobre Neely Kroes se esconde tras la mesa de su despacho mientras los Estados renacionalizan su economía con la reaccionaria excusa de los «campeones nacionales».
Los entreguistas, partidarios de dejar que Europa siga dormitando para que EE.UU. decida por todos nosotros, deberían sentirse felices. Pero tampoco puede decirse que tengamos un potente liderazgo norteamericano, hundido entre Guantánamo y el fracaso en Oriente Próximo. Si tuviéramos que enfrentarnos a una crisis de verdad, no va ser Bush quien venga a resolver nuestros problemas. Bastante tiene con los suyos. De aquí la irresponsabilidad de dejarse guiar por la inercia, tal vez con la esperanza de que la crisis se resuelva por aburrimiento.
La Ampliación fue una deuda histórica. Y desde luego, España ni podía ni debía oponerse. Puede recordarse también el crecimiento económico de los nuevos socios para decirse que su integración económica ha sido un éxito. Aunque, en realidad, para quienes la situación actual parece un éxito casi total es para el Reino Unido y otros euroescépticos que sueñan con una zona de libre cambio -para mantener el buen negocio- y una difusa cooperación en la que las responsabilidades sean asumidas por EE.UU. Para quienes esperan una Europa irresponsable y eternamente condenada a la minoría de edad. Es el proyecto también de Polonia y la mayoría de los nuevos socios.
Pero la UE no se sostiene como zona de libre cambio. No puede soñarse con la preservación del negocio económico sin un proyecto integrador. Si se desmantela la cooperación política y el sofisticado reparto de soberanías, ni hay Unión ni hay negocio. La Ampliación habría requerido un reforzamiento político antes de emprender una aventura para la que le faltaban las fuerzas. Y se ha hecho exactamente lo contrario: soñar, una vez más, con que la inercia todo lo soluciona.

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