lunes, junio 19, 2006

El oscurecimiento de la inteligencia

El oscurecimiento de la inteligencia
Eduardo Arroyo

19 de junio de 2006. Veo como por casualidad las fotos de la "mesa negociadora" propuesta por Batasuna y, por más que miro, no puedo evitar ver inteligencias primitivas. Un presunto asesino habla ante el juez de un "conflicto vasco" cuya existencia intenta torpemente demostrar, pero que en realidad sólo demuestra su propio fanatismo. En Cataluña, una generación educada en la ignorancia de lo catalán se asoma a la actualidad persiguiendo a quienes se oponen al Estatut. Para unos y otros, un partido liberal, que defiende la inmigración masiva y el aborto, que cree en la omnipotencia del mercado como regulador de las relaciones sociales, que somete a sus representantes a los arbitrios del régimen de partidos, que asume una idea marxista, nacida en la escuela de Frankfurt, como es el "patriotismo constitucional" y que sostiene la separación de poderes por lo menos en la misma medida que otras formaciones políticas, resulta que es con frecuencia creciente calificado de "fascista". Y la locura crece. Joan Tardá, desde ERC, aconseja al teniente general Pedro Pitarch que "cultive las ciencias del espíritu" y pienso que Tardá y ERC son al "mundo del espíritu" lo que el oso Yogui a la cultura universal. Pese a ello, el susodicho y sus colegas elevan al rango de "críticas a Cataluña" toda crítica a ellos mismos. Pero hay más aún: Pepiño Blanco sigue ignorando sus evidentes limitaciones de entendederas que le abocan necesariamente a servir cual robot en el delirio del Gobierno. Rubalcaba sigue tan cínico como cuando era profesor en la universidad y Durán i Lleida, encarnación de la más ajamonada reacción ucedista, tiene la osadía –profundamente cobarde- de alinearse con la horda de ERC para condenar al vapuleado y pusilánime PP, un partido que cree poder confrontar el terror con manos blancas, globos de colores y canciones ñoñas. Pero aunque poco importan –por esencialmente irrelevantes- Durán i Lleida, Tardá, el PSC, PRISA o Acebes, la realidad de los últimos años aparece como un torbellino caótico y hasta cierto punto lógico. Un sin fin de síntomas oscurecen el horizonte. Incapaces de entender nada, todos creen tener la receta salvadora o, cuando menos, que los hechos vienen a darles la razón. Nadie se percata de que ellos no son más la consecuencia directa de la crisis. Mientras tanto la inteligencia parece abandonarnos. En palabras de Ferrater Mora, siguiendo a Karl Mannheim, "todo funciona racionalmente... al servicio de una sinrazón completa; todo acontece inteligiblemente... al servicio del absurdo. El orden trabaja para la desmembración; la fe, para el nihilismo". Nuestra época y nuestra sociedad se han vuelto esencialmente discutidoras y los valores se crean y se destruyen en la discusión como consecuencia de un mundo sumergido en el vértigo del dinamismo absoluto. La consecuencia más inmediata es la politización absoluta de la vida porque sólo el foro es el entorno adecuado de este frenesí. Nadie quiere plantearse si las ideas que defiende, aun fanáticamente, son o no correctas, porque para ello necesitaría paz y quietud en su interior, algo que es imposible que consiga a causa de esa profunda fractura que le arroja continuamente fuera de sí. Apenas hay tiempo para que nazca la palabra entre los seres humanos, cuando ni siquiera tienen tiempo de hablar consigo mismos. Y si no haga usted la prueba. Ahora, unos pobres desgraciados, en el sentido más conmiserativo y piadoso que merece la estupidez y la ignorancia, han concebido una "educación para la ciudadanía" en la que la palabra "Dios" carece de "significado real", y buscan sustituirlo por una especie de religión civil. Quieren eliminar por ley el apoyo último de una acción regeneradora de la sociedad toda, de algo que ha fundamentado en última instancia cuanto de ético y valioso ha realizado el hombre. Quieren, en definitiva, apagar la inteligencia. Por eso todo lo demás hay que entenderlo como síntoma y conviene que los síntomas se consumen.

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