martes, junio 06, 2006

Cuidado con el perro que es muy peligroso

miercoles 7 de junio de 2006
¡CUIDADO CON EL PERRO QUE ES PELIGROSO!
Félix Arbolí

E L hombre, dicen, que es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Añado que si se trata de un español sus tropiezos se producirán mayor número de veces. Hay gran cantidad de refranes que nos confirman esta teoría y en mayor número, los ejemplos y experiencias que nos la reafirman. Nunca nos damos por vencidos y somos auténticos cabezotas, tercos como una gata en celo, cuando exponemos nuestra opinión y pretendemos que nuestro interlocutor o adversario dialéctico acepte nuestras ideas como si estuvieran sacadas de la misma Biblia, los Evangelios o el Corán, según nuestras creencias. Que nadie intente poner en “solfa” nuestra teoría, ni dudar de nuestros razonamientos. Si se trata de un subordinado, un hijo o cualquier ser que por alguna u otra razón depende de nosotros, ese “insensato” tiene sus horas pacíficas contadas y la vida, a partir de su ceguera comprensiva, se le va a convertir en un rosario de adversidades, molestos quehaceres y malas caras a su alrededor. Más vale que rectifique a tiempo. Caso contrario, le aconsejo que emigre a otro lugar o adopte otra ocupación que le permita vivir aislado del ofendido. Si no lo hace su vida será un infierno y más de uno que esté leyendo este artículo, me estará dando la razón, con gran pesar por su parte. La Historia de nuestro país está llena de casos y circunstancias que testimonian nuestro empecinamiento en volver sobre las andadas, aunque sepamos por triste experiencia que tal error nos volverá a causar nuevamente el daño que ya padecimos. Somos así de brutos y masoquistas. Y soy el primero que me incluyo en ambas descalificaciones. En el siglo VIII, según versiones más o menos coincidentes, la traición de un Conde, por los abusos del rey a su hija, abrió las puertas y ayudó a las hordas musulmanas para que cruzaran el Estrecho y se adueñaran, con sutileza y astucia, pero sin pausas, ni miramientos, de la Península Ibérica. Cuando nos quisimos dar cuenta y le quisimos presentar batalla, ya era demasiado tarde. Don Rodrigo, nuestro último rey godo, perdió su vida y la corona ante los invasores árabes que, como tintero volcado sobre un mapa en blanco, cubrieron todo nuestro suelo, implantando sus leyes, religión y sistema de vida. Fueron ocho siglos de escaramuzas, guerras, influencias culturales y artísticas y hasta de extrañas uniones matrimoniales, mecenazgos e intercambios de saberes, que cambiaron por completo el panorama de España y que costó Dios y ayuda (nunca mejor empleada esta expresión), sacudirse el yugo islámico. Donde hubo iglesias, campanas e imágenes sagradas, se erigieron mezquitas desde cuyos alminares el almuecín convocaba a sus fieles a la oración. España empezó siendo un Emirato de Damasco y terminó convirtiéndose en un Califato independiente, el de Córdoba, que causó asombro y admiración al mundo entonces conocido. Nació el famoso “Al Andalus” que, aún hoy, pasados cinco siglos, siguen añorando y considerando como suyos los más obcecados y fanáticos. Pero sabiendo que nuestra tierra figura en algunos mapas de reyes y gobernantes islámicos como parte a integrar en sus dominios espirituales y temporales; que su fanatismo está ampliamente demostrado; que por su religión son capaces de los mayores sacrificios y barbaridades y que cuando llegan en pateras a nuestras playas son inocentes corderillos, asustados y dóciles, pero en cuanto se les da la mano, vivienda, alimentación y servicios sociales, ( de los que carecen en su país), sacan el león de su furia, de aversión a nuestras creencias y de continuas exigencias, a las que ninguno de nosotros tenemos derecho ni siquiera a intentarlo cuando estamos en sus dominios, y sin darnos cuenta de su estratagema, sin acordarnos de lo ocurrido hace cinco siglos, nos plegamos a sus caprichos y excentricidades, le construimos mezquitas a costa de nuestros impuestos y presupuesto, le pagamos profesores para que puedan dar clases sobre su religión, sin tantas cortapisas como le ponen a la católica y hasta nos avenimos a desprendernos de nuestros símbolos religiosos más respetados para no molestarlos con su visión. Y son nuestros propios políticos, incautos y ofuscados en exclusiva con sus intereses personales, los que se avienen a tales atropellos, sin importarles lo más mínimo que la gran mayoría del pueblo que los votó no está de acuerdo con su proceder. Y mientras, la incesante invasión de seguidores de Mahoma sigue arribando a nuestras costas, librando de esa muchedumbre de necesitados y caldo de cultivo para provocaciones y revueltas, a los super millonarios reyes y gobernantes que viven como en los cuentos de las “mil y una noches” en auténticos palacios, con sus harenes bien atendidos y sus propiedades en continua expansión, a costa del hambre y la explotación de su propio pueblo. Suenan aires republicanos cada vez más incesantes y aireados. ¡Cualquiera en tiempos de ese Régimen abogaba públicamente por la Monarquía y hacía ostentación de sus símbolos y credenciales!. En poco tiempo se encontraría con el famoso “paseo”, la tapia del cementerio o ese hotel de “cinco estrellas”, que debían ser las checas. El simple hecho de verte con una corbata o traje por la calle te hacía sospechoso de alta traición y enemigo del Régimen. Pero actualmente solo interesa descubrir fosas de la Dictadura, glosar vidas de héroes de la izquierda y comentar las barbaridades que hicieron unos “desalmados” con abuelos y parientes de nuestros grandes políticos. Los demás, no cuentan. Eran perros rabiosos, almas descarriadas, el bando canalla capaz de las mayores tropelías. ¡No se te ocurra escribir un libro sobre este lado oscuro de la guerra, que te tacharán de facha, de traidor, de enemigo del género humano y encima los tendrá que saldar, por falta de compradores, si es que has encontrado alguna editorial con el valor suficiente de publicarlo!. Hablan de pedir perdón por los indudables errores que se cometieron en tiempos de Franco. Exigen restituciones de los bienes confiscados por ese gobierno, que las reciben generosa y puntualmente. Quieren descubrir las fosas de los fusilados por el franquismo ( un acto imperdonable, según mi parecer), de dar los nombres de las calles a figuras de ese período tan revuelto de la anteguerra y la guerra (pero sólo del bando vencido), de airear en novelas que llenan con excesos las bibliotecas los actos heroicos, excepcionales y ejemplares de los que murieron con el nombre de la República en sus labios. Todo correcto. Nada que objetar, siempre que ese mismo privilegio se lo otorguen a los fusilados en Paracuellos, en las checas madrileñas y de toda España y en tantas plazas de toros,(las prisiones provisionales y definitivas de entonces), a los que se encuentran enterrados en tantas otras fosas por las fuerzas de un Gobierno que sólo veía enemigos por todas partes, aunque esa enemistad fuera motivada exclusivamente por la fe religiosa y su amor a España, sin banderías, ni distinciones. Que reintegren también ese oro del Banco de España y las cajas de seguridad de tantos bancos llevados a Moscú y que es un patrimonio que, al igual que ellos reclaman sus pérdidas y confiscaciones, reclamamos todos los españoles a este gobierno que era del mismo partido que originó tal expolio económico. O todos moros o todos cristianos, dicen en mi pueblo. ¿Y esa es la República que quieren volvernos a traer?. No me considero un monárquico convencido, aunque tampoco me desagraden los reyes que tenemos. Lo que no acierto a comprender es el papel que debe desempeñar la Corona en el gobierno y el Estado español. Según me indica la experiencia pocas atribuciones han dejado al Rey y creo que deberían haberle otorgado una mayor implicación y arbitraje en los asuntos de vital importancia para la convivencia pacífica de todos sus ciudadanos. Según la Constitución, debe ser el Jefe de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, pero la vida cotidiana me dice que estas competencias reales se las ha asumido el gobierno, nombrando a su albedrío y capricho al ministro de Defensa y moviendo a sus mandos e instituciones como si se tratara de una partida de ajedrez. No me considero en deuda de gratitud con el Régimen de Franco, del que paso olímpicamente. Ni me han molestado lo más mínimo, ni yo me he destacado a su favor o en su contra en ninguna de mis actividades. Para mi todos los gobiernos tienen una finalidad principal: vienen a medrar y a consolidarse para acumular seguridad y bienestar a sus jerifaltes. Y para conseguirlo, creen y mantienen la teoría de que todos los procedimientos y esfuerzos son legítimos y legales. Vamos, que gozan bula que les liberan de toda responsabilidad. Tampoco soy partidario de volver a tropezar con la misma República que tanta sangre, sudor y lágrimas nos costó durante tantos años. No me gusta, soy sincero, esa bandera con esa extraña franja azul que, históricamente demostrado, no tiene razón, ni justificación de ostentar. Los comuneros, en los que se apoyan, son un episodio de nuestro antiguo imperio y la Segunda República un asunto totalmente ajeno en el tiempo y la significación, en la que por la escasa experiencia y el egoísmo y afán de protagonismo de algunos políticos que la implantaron, (salvo contadas y muy honrosas excepciones), se les fue rápidamente de las manos y cuando quisieron darse cuenta era una presa desbordada e incontenible. No creo tampoco necesario ( ahí tienen el ejemplo de Cuba), que el cambio de Régimen se tenga que identificar y sostener con el cambio de la bandera que es patrimonio y símbolo de todos los españoles, sin distinciones políticas, religiosas, sociales y culturales. La bandera actual, no es la de la Monarquía Juan Carlista, ni la de Franco, data de l725, reinando el recordado rey-alcalde Carlos III. ¿Por qué ese afán de buscarle cinco patas al gato, cuando sabemos que solo tiene cuatro?. Tuvimos dos Repúblicas, que terminaron en enfrentamientos bélicos, que algunos se empeñan tercamente en mantener a flor de piel y no quieren olvidar y soslayar. La sombra de la Tercera República planea sobre nuestras cabezas, pero de forma amenazante y revanchista. No cómo un cambio político de Régimen, más o menos acertado, sino como un intento desesperado de encontrar de nuevo a esa piedra con la que volver a tropezar. Tan tercos y cortos de magín como las mulas. Ávidos de venganzas y de rencores hacía el que no piense de igual forma y sea adicto a nuestro ideario político. Un regreso a otra Dictadura bajo la engañosa apariencia de una democracia liberal y aperturista. El hombre es un animal político, según el antiguo filósofo Aristóteles, el discípulo de Platón y preceptor del gran Alejandro, y el español mucho más. Ya lo hemos dicho antes. Aunque en nuestro caso particular, ambos conceptos se entienden mejor separados. Y el concepto de animal, destaque más que el de político. Podríamos incluso definirlo como un animal en lo político. No hay forma de avisarle que esa enorme piedra que está en el centro del camino, tiene que esquivarla y no seguir su andadura imperturbable, porque va directo a otro tropezón, tan funesto, catastrófico y doloroso como el anterior. Los que nos quieren hacer tropezar nuevamente, no buscan una regeneración política, un cambio de rumbo a mejor y más sereno puerto, sino a sumergirnos sin posible remisión en el remolino de los rencores y las revanchas que han mamado de los pechos maternos, ya que en lugar de leche han sido inoculados con el veneno de la violencia y el odio. ¿Cambio de Régimen…?. ¡Cuidado con el perro que es peligroso!

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