lunes 10 de noviembre de 2008
Zapatero se la juega con el ‘frente internacional’ que despreció
José Antonio Gundín (Elsemanaldigital.com)
D ESPRECIÓ lo más sagrado para un estadounidense: la bandera de su país. Lo ha pagado durante su primera Legislatura y ahora intenta por todos los medios, con la que cae, resolverlo.
El diagnóstico unánime de los especialistas en política internacional es que esta semana se cierra en Estados Unidos una época caracterizada por el "estilo Bush" y se abre una nueva en la que, por paradójico que pueda parecer, nada sustancial cambiará para la primera potencia mundial. Ni sus intereses estratégicos, ni sus aliados, ni sus sangrientos enemigos serán distintos desde este 4 de noviembre de 2008. Es evidente que el rostro de Norteamérica ha cambiado, pero no su corazón.
Sin embargo, ningún país de los llamados aliados tradicionales está tan necesitado de ese cambio de rostro como la España que gobierna Zapatero. Hace cinco años, en un gesto descortés e irreflexivo de quien no espera gobernar en mucho tiempo, el líder del PSOE cometió la única grosería que un americano no perdona: no mostrar respeto por su bandera. Desde entonces, y tras la victoria socialista de marzo de 2004, las relaciones de España y Estados Unidos han caminado con el piloto automático, como las de esos matrimonios que, perdida la pasión, siguen juntos por inercia.
Es verdad que Zapatero ha rentabilizado electoralmente la mutua antipatía con George W. Bush, como él mismo confesó sin reserva alguna a The New York Times. Es probable que sin ese antiamericanismo de pancarta y mitin, los socialistas no habrían movilizado y aglutinado a la izquierda radical con tanto éxito. De alguna manera, el tonto útil de Llamazares fue la víctima de esa demagogia anti-Bush puesta en circulación por Zapatero.
Los intereses electorales del PSOE, no obstante, han perjudicado de manera clara a los de España y, sobre todo, han devaluado la presencia de nuestro país en el concierto internacional. No es para presumir el hecho de que Zapatero haya sido el único presidente de un Gobierno aliado de Estados Unidos al que Bush se negó a recibir. Detrás de este desplante no hay sólo un fracaso personal del gobernante, sino un perjuicio para España. Y si no, ¿cómo interpretar ese patético periplo de Zapatero por medio mundo, desde París hasta Pekín, pasando por la Cumbre Iberoamericana de San Salvador para que alguien tenga la caridad de invitarle a la reunión del G-20 en Washington? ¿Hay muestra más contundente del nulo prestigio internacional del Gobierno español?
De ahí que, pese a lo que digan los analistas internacionales, sí hay algo que esta semana cambiará de manera sustancial en Estados Unidos: su relación con España. Nunca antes, ni siquiera en las elecciones que perdió el demócrata Kerry en 2004, era tan deseada la victoria de Obama por los socialistas españoles. Zapatero se juega el éxito de esta Legislatura si no recompone sus relaciones personales con el nuevo presidente americano. Otros cuatro años sumido en el ostracismo internacional serían letales para el presidente español. No sin razón, hace diez días se apresuró a enviar mensajeros a Obama y a McCain para impetrar sus respectivos apoyos a la presencia de España en la cumbre del G-20.
¿Empieza una nueva época para las relaciones entre nuestro país y Estados Unidos? La respuesta, el próximo día 15 en Washington.
http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp?Id=1828
domingo, noviembre 09, 2008
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