Amenaza y compromiso
10.11.2008 -
La muerte en atentado del cabo primero Rubén Alonso Ríos y del brigada Juan Andrés Suárez García evidenció ayer la arriesgada tarea que asumen los integrantes de las misiones internacionales de nuestras Fuerzas Armadas. El anonimato y la disciplina que el uniforme y el deber confieren a nuestros soldados no pueden hacer olvidar el dolor y la emoción que embarga a sus seres queridos y a sus compañeros que, en tan difícil trance, revalidan su vínculo profesional conscientes del riesgo que ello comporta. Lo ocurrido y la situación en Afganistán obligan al Gobierno a clarificar tanto la naturaleza de la misión que nuestras tropas desarrollan en dicho país como a exponer ante la opinión pública la valoración que le merece la posible evolución de los acontecimientos en el mismo. En este sentido, es especialmente deplorable que la ministra Chacón recurriera ayer a la abusiva costumbre que se ha instalado en la clase política de eludir en sus comparecencias las preguntas de los informadores. La presencia de nuestros militares, y por tanto de España, en Afganistán constituye un acto de responsabilidad respecto a la estabilización de la región y en relación a la seguridad global que permanece amenazada desde hace más de una década por parte del terrorismo de Al-Qaida, cuya retaguardia se estableció en aquellas tierras que a finales de 2008 continúan siendo la meta y el origen de buena parte de la trama yihadista. De ahí que la clarificación de tal presencia deba ir más allá de una definición conceptual respecto a la consideración de la situación en Afganistán como de guerra o de reconstrucción.
La constatación de que la intervención aliada iniciada a gran escala contra los taliban tras el 11-S no ha logrado acabar con dicha amenaza, y que siete años después ni la democracia formal representada por Karzai ni la permanencia de un amplio contingente de fuerzas especiales y convencionales operando sobre el terreno permiten albergar esperanzas en un pronto final, plantea inevitablemente la eventual ampliación del esfuerzo humano y material invertido hasta la fecha. La apertura de líneas de entendimiento e integración con clanes pastunes que vienen favoreciendo la perpetuación de los taliban, iniciativa que posiblemente forme parte de la agenda del general Petraeus, no sólo representa una opción limitada y de inciertas consecuencias en el intrincado mosaico afgano. Además, su efectividad sería aún más dudosa si no fuese acompañada de una relevante presencia disuasoria. España ha conseguido solapar su distanciado compromiso respecto a la intervención aliada en territorio afgano entre las dudas y ambigüedades mostradas también por otros socios europeos de la OTAN. Pero tanto la prioridad que el nuevo presidente de EE UU concede a Afganistán, como sobre todo la crítica situación por la que atraviesa dicho país, obligan al Gobierno y al conjunto de las fuerzas parlamentarias a afrontar de cara el posible incremento de nuestra presencia en la región.
http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/prensa/20081110/opinion/amenaza-compromiso-20081110.html
domingo, noviembre 09, 2008
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