jueves, noviembre 27, 2008

Carlos Luis Rodriguez, La bolsa o el piso

CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo

La bolsa o el piso

Astuta, muy astuta, esta inquilina de Lugo que se encerró con sus caseros y pidió la mediación de Quintana. No llamó al alcalde, ni al delegado del Gobierno, ni siquiera al Valedor, sino a Ana Rosa para que la llevara a su programa matutino. Perdida la fe en otras instancias, la presentadora aparece como el hada madrina de los que tienen hambre y sed de justicia.

Ya saben los afectados de Construcuatro a qué puertas tienen que llamar, tras esta decepcionante sentencia. Primero a la de Teresa Táboas, que desde el principio atendió sus cuitas, y después, como medida complementaria, a Ana Rosa. Entre Vivenda y los platós televisivos, quizá logren recuperar un poco de fe en el sistema.

La sentencia del Juzgado de Instrucción numero dos de Vigo los habrá convertido en incrédulos. A ellos y a cualquiera. Resulta que, al final, ese sobreprecio que tuvieron que pagar por unas casas que tenía protección oficial y coste tasado fue una propina voluntaria. Los protegidos de verdad son los cobradores sin frac que se aprovecharon de la situación para lucrarse.

El respeto debido a cualquier decisión judicial no impide cuestionar la lógica en la que se basa. La pregunta elemental es si las víctimas de los cuatreros podían haberse negado a pagar el suplemento, sin perder por ello el piso adjudicado. La respuesta es que no. Los propios emisarios de la empresa se lo aclararon para que no hubiera dudas. En consecuencia, la situación de los afectados era muy similar a la del secuestrado que ha de pagar un rescate.

Puede negarse, pero la negativa tiene consecuencias poco saludables. Ocurre lo mismo con los compradores de las viviendas de Navia, que también podían negarse a pagar el dinero negro requerido, con el consiguiente resultado de perder su ansiado inmueble. En consecuencia, su libertad es parecida a la del que es amenazado por un atracador. O la bolsa o el piso.

Otra consideración de la sentencia es fácil de refutar con la misma sentencia. Es verdad que las víctimas entregaron el dinero y escrituraron sin quejarse. ¿Por qué? Porque no tenían ninguna confianza en el sistema, porque pensaban que una denuncia no serviría de nada, porque estaban convencidos de que no eran nadie frente a una empresa con influencias, asesores y ramificaciones políticas. La resolución da la razón a los escépticos que callaron y frustra a los que decidieron dar la batalla judicial, paralizando, por cierto, la administrativa.

De no tener de su lado a la conselleira del BNG, su recurso más eficaz sería acudir a la vía televisiva, como la vecina de Lugo que pide la intercesión de la santa laica llamada Ana Rosa. Ella sabe que la presentadora no tiene competencias para arreglar el problema, pero sí un balcón desde el que llamar la atención. Su razonamiento es similar al de ese sindicalismo que aprendió que, como decía el viejo eslogan anarquista, hay barricadas que abren el camino.

Pero volviendo al asunto de la propina involuntaria por los pisos de Navia, hay detrás una práctica perversa que remite a una de las facetas más lamentables del régimen anterior: ese ambiente opaco, que permite que los cobradores de Construcuatro se muevan en la penumbra, sin que sus víctimas sepan si tratan con una inmobiliaria, o con la administración disfrazada.

En fin, que la inquilina vio en Ana Rosa su Tribunal Supremo o la Virgen de los Remedios, pero los de Navia cuentan aún con otro tipo de quintanismo, representado por Teresa Táboas. Amén.

http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1080&idNoticiaOpinion=369425

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