martes 11 de noviembre de 2008
Después de Bush
La victoria de Obama, en un contexto de complicada situación económica y descrédito político heredado del presidente saliente, le obliga a un esfuerzo de reestructuración de la economía y de las relaciones internacionales en un mundo ya muy globalizado que exige una institucionalización acorde a estas nuevas circunstancias para no convertirse todavía en menos seguro. Los años que terminan, marcados por la contestación militar a los atentados de Al Qaeda, supusieron en este sentido un desvío, una pérdida de tiempo obligada en parte por circunstancias que hacían temer un efecto dominó del islamismo en el entorno de Israel. Sólo en parte, pues no existen iniciativas políticas importantes que acompañen al esfuerzo militar americano en relación a la reestructuración que la nueva situación mundial demandaba tras la Guerra Fría. En este sentido la época de Bush es un rodeo, un "irse por las ramas", un -jugando con la palabra "bush"- beating about the Bush que diríamos en inglés. Incluso Rusia, con no ser muy de fiar, no debería de recibir trato de potencial enemigo.
Los españoles, quién nos lo iba a decir, pagamos alto precio por este desvío islamista mundial: en muertos y heridos y en la inesperada irrupción de Zapatero. Pues si nuestro tiempo tiende a homogeneizar objetivos y conductas políticas a derecha e izquierda, aquí irrumpe por la brava un político aún tan inexperto que no distingue claramente Estado y partido al paso de la bandera americana, de modo que en sus primeros cuatro años esperamos pacientemente que acabase su curso acelerado de formación profesional pagando el plus de inexperiencia en relaciones internacionales, en el llamado proceso y en otras cosas que mejor sería ni recordar de no ser porque ahí sigue, si bien tras acabar sus módulos algo mejoró. Tampoco la oposición popular tiene grandes perspectivas. En relación al informe del CIS acertamos aquí con nuestras previsiones a boleo: baja del PSOE (en beneficio de IU, UPD y nacionalistas) alcanzado ya por un PP al que supusimos probable ganador de las próximas elecciones con pocos más votos que aquellos con los que perdió. Esto no lo veo ya seguro. El descrédito de Rajoy, motivado más que nada por francotiradores de su entorno, tiene como consecuencia una posible desagregación de su bloque electoral (frágil por su gran amplitud y menor ideología). El PP podría regresar otra vez cuando hasta los más fieles votantes PSOE estén de nuevo exhaustos.
http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1064&idNoticiaOpinion=363457
lunes, noviembre 10, 2008
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