martes 11 de noviembre de 2008
El consenso de Washington que quiere Zapatero
José Oneto
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha iniciado una serie de consultas con los responsables de los grandes bancos, con los líderes sindicales y con los representantes de las organizaciones empresariales, con el objetivo de alcanzar un mínimo consenso de cara a la reunión de este fin de semana en Washington, donde Zapatero irá "empotrado" en la delegación francesa en la Conferencia de Washington donde se pretende definir un nuevo orden económico mundial...
La presencia de España en la Cumbre de Washington, un éxito personal del presidente del Gobierno, que ha desplegado todos los poderes de la política exterior española para conseguir ir como substituto de la segunda silla que ostenta el presidente de turno de la Unión Europea, Nicolas Sarkozy, supone la participación de España en una cumbre donde se pretende establecer las bases de un nuevo orden económico y financiero internacional y establecer las reglas de lo que es, según unos, la "refundación del capitalismo" y, según otros, un nuevo Bretton Woods.
Zapatero, que, sin lugar a dudas, ha conseguido un gran éxito personal aunque ha jugado al borde del abismo, situación en la que el presidente español le encanta jugar, ha querido contar con el máximo consenso (sindicatos, banca y poder empresarial) de cara a una cumbre que puede considerarse como histórica y en la que nuestro país estará presente a pesar de las reticencias de algunos de los Estados de la Unión Europea, por el apoyo de Paris y Londres, que creen en la potencia económica de nuestra nación y, sobre todo, en la solvencia de nuestro sistema financiero.
Por primera vez desde su llegada al poder, el presidente del Gobierno, al que le aburre la política exterior y que sufre durante los largos consejos europeos de Bruselas, ha programado una auténtica ofensiva diplomática para estar presente en la Cumbre de Washington sin pertenecer ni al G8 (países más ricos del mundo más Rusia) ni al G20 países ricos junto con países con economías emergentes, que tuvieron un cierto protagonismo en la crisis económica asiática de los años noventa.
La ofensiva de Zapatero, una ofensiva nada discreta y cantada en todos sus aspectos, desde Pekín hasta la Cumbre Iberoamericana de El Salvador, se ha realizando sin ningún tipo de red y en contra de determinados usos diplomáticos que exigen discreción y, sobre todo, cierta reserva.
En esta ocasión, el presidente del Gobierno ha preferido jugarse todo a una carta, con el riesgo de recibir una negativa de George Bush, no aceptando la petición del presidente de la Unión Europea de ceder una silla en nombra de Francia para que la ocupe el presidente del Gobierno español.
"La lucha por conseguir un sitio en Washington -señala The International Herald Tribune- ha convertido la reunión del G20 en una obsesión nacional en España y ha sido fuente de comicidad. En una sátira televisiva, un larguirucho imitador de Zapatero golpea desesperadamente puertas cerradas y colma a Sarkozy de besos, en otra se queja de que no puede encontrar el 'punto G'".
"Los continuos intentos de Zapatero por asistir al encuentro -dice el periódico- reflejan la frustración de España por su falta de presencia internacional, especialmente en un momento en que, según dicen funcionarios españoles y extranjeros, el mundo tiene mucho que aprender de las prácticas bancarias conservadoras del país".
Más crítico es el periódico alemán Frankfurter Allegemeine Zeitung, que dice claramente que la codiciada entrada que ha estado reclamando Madrid "tiene algo de indigno".
"Este tipo de mendigueo -señala un editorial del periódico alemán- es indigno, y una cosa diferente es el empecinamiento de Washington que, de por sí, no guarda amistad con el presidente del Gobierno español".
http://www.estrelladigital.es/ED/diario/52952.asp
lunes, noviembre 10, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario