El Obama pre-presidente
JOSÉ MARÍA CARRASCAL
Lunes, 10-11-08
ESPERO que mis amigos norteamericanos no se enfaden si comparo el relevo de sus presidentes a un matrimonio divorciado, con el ex marido todavía en casa y el nuevo esposo de su mujer también en ella. Por grande que sea el piso, resultará difícil que el ex y el nuevo no se encuentren en la sala, la cocina o cualquier otra habitación, excepto el dormitorio, pues en ese caso estaríamos ante algo totalmente distinto. Pero a lo que iba: desde el primer martes de noviembre, cuando se vota, y el 20 de enero, cuando comienza el nuevo mandato, los Estados Unidos tienen dos presidentes, el saliente y el electo, lo que puede dar lugar a situaciones complicadas.
La diferencia con el matrimonio citado es que en Estados Unidos el presidente sigue siendo el saliente hasta que el electo no jura su cargo. La tradición dispone, sin embargo, que se ponga al tanto de la situación al que llega, aunque no se haga cargo de ella. Una especie de minueto en vez de tango que los interpretes bailan con exquisito cuidado. Lo único que varía es el grado de distanciamiento de ambos personajes, que depende de sus personalidades y políticas. Dado que Bush y Obama son dos personas cordiales -puede que en lo único que coincidan- todo está funcionando sin roces, casi como si se tratase de administraciones del mismo partido, aunque a nadie escapa que van a ser completamente distintas.
Por los primeros pasos que ha dado Obama podemos deducir ya los rasgos fundamentales de su presidencia. Su prioridad será la economía. Así que es partidario de que el Congreso no espere a su toma de posesión para inyectar los 750.000 dólares aprobados para reactivarla, sin descartar nuevas inyecciones bajo su mandato de ser necesarias. También aboga por ayudas a los parados, a la clase media y a la pequeña empresa, que es la que crea más puestos de trabajo. Sin embargo, no ha vuelto a hablar de subir impuestos a los más ricos, como en la campaña.
Tampoco ha vuelto a decir que se reunirá con los líderes de países considerados «enemigos» por Bush. Es más, ha advertido a los iraníes que tienen que renunciar a su programa nuclear y dejar de apoyar el terrorismo internacional. Que no es otra cosa que lo que Bush decía, aunque estén seguros de que va a hacerlo de forma muy distinta a su predecesor.
Dos cosas, aparentemente contradictorias pero en el fondo complementarias, tiene que evitar este Obama pre-presidente: no aparecer como un radical dispuesto a cambiarlo todo, para no asustar a nadie dentro del país, y no aparecer débil, para que los dictadorzuelos de fuera no se envalentonen. Es la línea que está siguiendo. Firme y cauteloso al mismo tiempo. Con prisas en los asuntos económicos que no pueden esperar y con pies de plomo en el resto, para no meter la pata en el complejo escenario internacional. Con ello repite su estrategia electoral, que tan buen resultado le dio. «No soy el presidente», repite. Pero empieza a parecerlo. Y los demás, comenzando por los fotógrafos, que siempre se adelantan, empiezan a tratarle como tal
http://www.abc.es/20081110/opinion-firmas/obama-presidente-20081110.html
lunes, noviembre 10, 2008
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