lunes 10 de noviembre de 2008
Morir en Afganistán
Germán Yanke
Rubén Alonso y Juan Andrés Suárez engrosan desde ayer la dramática lista de militares españoles fallecidos en misiones en el extranjero. El dolor de sus familiares, del Ejército y de todos los ciudadanos no debería empañarse con la consideración, que no es nueva, de que su presencia en Afganistán es inútil. "¿Qué hacemos tan lejos?" o "¿qué nos va en ello?" son preguntas que ya hemos escuchado y que volveremos a oír ahora. No se trata, desde luego, de acallar las críticas a determinadas decisiones del Gobierno, pero sí de solicitar que, al menos, sean argumentadas más allá del deseo, compartido por todos, de que nadie sufra lo que estos dos militares padecieron ayer después de otros 146.
En Afganistán, y en otros lugares del mundo, se libra una guerra. No se trata, como a veces se nos quiere hacer creer, de operaciones de paz o de sostén a un determinado gobierno. La lucha contra el terrorismo es global y la necesaria prudencia no debe hacer olvidar que no hay más remedio que estar presente en determinados lugares de especial sensibilidad y efecto en lo que, sin duda, se constituye como un gravísimo problema para la estabilidad internacional y nuestra propia seguridad. Hay que tener una mínima coherencia y no se puede, para combatir -por ejemplo- la absurda teoría de la conspiración en torno al 11-M, asegurar que la causa está en el terrorismo internacional, entrenado y potenciado en concretas zonas, y no querer terminar con lo que allí ocurre y se fragua. Tampoco se puede, aunque sea una cuestión de segundo orden ante la citada, pretender estar presentes y ser activos en las grandes decisiones del mundo occidental sobre nuestro futuro, y, al mismo tiempo, mantenernos ajenos a lo que implica evidentes riesgos, como es la misión en Afganistán.
El presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, ya ha hecho notar que, incluso apoyando un plan de retirada paulatina en Iraq, va a ser necesario el aumento de la presencia militar internacional en Afganistán, precisamente por lo que allí nos jugamos en la lucha contra el terrorismo. Veremos ahora quiénes confiaban en su realismo para "cambiar el mundo" y quiénes, simplemente, viven a la contra y utilizan cualquier disculpa, incluso la de Obama. España no puede quedar al margen ni de los objetivos de esta batalla ni de sus obligaciones internacionales y, seguramente, tendrá que negociar en el Congreso el aumento de su presencia militar internacional.
La exigencia de que nuestros soldados estén lo mejor equipados y lo mejor protegidos posible es imprescindible y ya sabemos que en el pasado se ha llamado la atención sobre algunas deficiencias. La retórica sobre el concepto de misiones de paz, para evitar en el debate la realidad de lo que allí hace el Ejército español, es un absurdo teórico y práctico ya que ha afectado incluso a la consideración profesional de los soldados y el reconocimiento de sus méritos y sacrificios. Pero incluso ahora, sometidos a la tensión y al dolor, negarse a hacer lo que hay que hacer precisamente por la tensión y el dolor del momento es una irresponsabilidad.
http://www.estrelladigital.es/ED/diario/52664.asp
lunes, noviembre 10, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario