lunes 10 de noviembre de 2008
¿Qué pinta España en Washington y en Afganistán?
Pablo Sebastián
Miles de niños y niñas de escuelas públicas y pías deberían acudir al aeropuerto de Barajas para despedir, con banderitas españolas, a Zapatero en su viaje/odisea hacia la Cumbre de Washington sobre la reforma del sistema financiero mundial, a bordo de su particular Air Force One. Previamente, el presidente del Gobierno recibirá el mandato y el aplauso unánime del Congreso de los Diputados y, tras confesar en privado al líder de la oposición, Rajoy, y a los dirigentes sindicales y de la patronal CEOE, Zapatero y habrá asistido a una misa en la catedral de la Almudena, donde el cardenal Rouco le impartirá la bendición papal y le hará entrega de dos estampitas: la de San Cristóbal, el buen amigo de los viajeros, y la de Fray Leopoldo de Alpandeire, protector de las causas perdidas.
El descubrimiento de América por Cristóbal Colón fue una broma, o una cosa de menor cuantía, comparado con la epopeya que Zapatero está a punto de culminar en Washington, tras librar, cuerpo a tierra y arrastrándose ante el enemigo, una feroz batalla diplomática con la que se acaba de adjudicar una de las sillas que le correspondían a Francia en la cumbre financiera, lo que permitirá que el Rey Juan Carlos le otorgue al presidente Sarkozy el Toisón de Oro, por el que suspiraba Giscard d'Estaing años atrás.
La verdad sea dicha, no sabemos qué pinta España en la cumbre financiera de Washington, mientras la economía española se hunde a pasos de gigante y somos la nación de la Unión Europea que más empleos destruye. Con el trabajo que hay aquí, y que debería hacer el Gobierno -empezando por las obras públicas, tras la que debe ser inmediata destitución de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez-, y nada, nuestro héroe Zapatero se nos va a la conquista y descubrimiento de Washington para arreglar, él solito, todos los problemas del sistema monetario internacional, con el argumento de que los bancos españoles son los mejores del mundo. Una presunción que no cuadra con el hecho de que el Gobierno tenga previsto inyectarles fondos públicos por valor de 150.000 millones de euros, ni con la sospechosa pretensión de los banqueros de que se oculte el nombre del banco o caja que recibirá las generosas ayudas del Estado, para que ellos hagan lo que quieran y, por supuesto, sin que altos funcionarios del Banco de España se sienten, a vigilar lo que hacen, en los consejos de administración.
La verdad es que no se sabe bien a qué va Zapatero a Washington si no es para aplaudir las propuestas de los gobiernos de Bush, Gordon, Zarkozy, y puede que algún retoque de Rusia y China. Como no sabemos qué hace España en Afganistán, metida en otra de las guerras de Bush para luchar contra el terrorismo de Al Qaeda, cuando nuestra prioridad debe estar aquí -y en Francia- para combatir el terrorismo de ETA. Además, lo que no puede hacer España es llevar soldados a una guerra para lo que se llaman labores humanitarias y de reconstrucción, mientras nuestros aliados de la OTAN están combatiendo en primera fila con los talibanes, y además están perdiendo la guerra. Y, para colmo, mientras nuestros soldados mueren -en el día de ayer un cabo y un brigada, víctimas de un atentado terrorista- a manos de los talibanes o en dramáticos accidentes, hasta el punto de que ya son cerca de cien las vidas perdidas en esa guerra absurda y tan propia de las superpotencias mundiales, las mismas que van a decidir en Washington lo que se debe hacer o cambiar en el sistema monetario internacional.
Y mucho nos tememos que España no sólo no se va a retirar de Afganistán como debiera, para ocuparse más de ETA, entre otras cosas, sino que todo apunta a que Zapatero enviará más tropas y puede que esta vez para luchar, como concesión al presidente Obama, a cambio de la fotografía del político español en la Casa Blanca, donde no le dejó entrar Bush. De hecho, algo de eso ya ha insinuado la ministra Chacón cuando dijo, hace poco, que la cifra de los 3.000 soldados que España tiene desplegados en el extranjero parece escasa, por lo que se deberá ampliar. Por supuesto con el apoyo del PP, que después del entusiasmo de Aznar por la guerra de Iraq ahora no está en condiciones de pedir la retirada de tropas de Afganistán, o de impedir que se manden más soldados a ese infierno, ajeno a las que eran las históricas fronteras de la OTAN.
Zapatero se nos va a Washington con la santa bendición papal, y la ministra Chacón a Kabul a repatriar los cadáveres de nuestros soldados muertos en tan absurda misión. Y en España la casa sin barrer y la economía clavando la proa en las heladas aguas del Atlántico, como el viejo Titanic, mientras la orquesta nacional toca en cubierta la Marcha Real para acompasar la subida de Zapatero por las escalerillas de nuestro particular Air Force One.
http://www.estrelladigital.es/ED/diario/52736.asp
lunes, noviembre 10, 2008
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