miércoles, junio 11, 2008

La jornada laboral, a debate

miercoles 11 de junio de 2008
La jornada laboral, a debate
ES fácil criticar el acuerdo alcanzado ayer por mayoría cualificada de los veintisiete miembros de la Unión Europea para permitir que la jornada laboral pueda ampliarse en determinadas circunstancias hasta 60 horas semanales. Es fácil porque a primera vista parece una vuelta al siglo XIX, un retroceso en una conquista social irrenunciable, un abuso intolerable e incompatible con la salud laboral, el derecho al descanso y la conciliación de la vida laboral y familiar. Es fácil pero inexacto, a menos que creamos que los gobiernos europeos han enloquecido o que compartamos la tesis gubernamental de que la extrema derecha se ha apoderado de Europa disfrazada de neoliberalismo. Lo cierto es que España se ha quedado prácticamente sola en su defensa de la jornada de 48 horas en el Consejo de Ministros de Trabajo de la Unión.
Las cosas son más complejas y no se ajustan a esa visión maniquea del mundo que utiliza la propaganda oficial en defecto de políticas concretas con las que combatir la crisis económica o acabar con la huelga de camioneros. Lo que se aprobó en Bruselas es la libertad bajo condiciones de empresarios y trabajadores para pactar una jornada laboral concreta, hasta un máximo de 60 horas o incluso 65 en el caso de las guardias médicas, precisamente para adaptarse a la diversidad y pluralidad de realidades sociales. No todos los trabajadores son iguales, ni todos los trabajos tampoco, por lo que no se entiende la presunta superioridad moral de una norma que les obligue a todos por igual. Se puede entender el rechazo sindical a una ley que de aprobarse en el Parlamento Europeo supondrá un paso, pequeño pero importante, en la desintermediación de las relaciones laborales, en la recuperación de la autonomía de las partes en los contratos de trabajo como corresponde a una economía del siglo XXI en la que el fordismo -trabajo por turnos en las cadenas industriales de producción- ocupa cada vez a una menor proporción de la sociedad. Si los sindicatos quieren mantener su papel de interlocutor social válido en la sociedad post-industrial tendrán que encontrar mejores argumentos. Lo estamos viendo en la huelga del transporte en España, en la que su silencio es clamoroso. Se entiende peor, si no es por un calculado populismo en tiempos de crisis, la indignación de un Gobierno que dice haber convertido el respeto a la diversidad en el eje de su estrategia. O es que sólo está interesado en la diversidad sexual y religiosa. Sería más útil a los intereses internacionales de España, más congruente con su objetivo de hacer de Europa el centro de su política exterior, y más acorde con las necesidades de nuestro país, que el Gobierno actuara con responsabilidad. Podría así entrar a negociar los detalles de una norma que contiene aspectos mejorables. Podría intentar asegurar que esa presunta libertad de las partes para negociar la jornada semanal de trabajo no esconde una dócil aceptación por parte del trabajador. Bastaría con estipular que la no aceptación de una jornada superior a la inicialmente pactada no podrá ser nunca causa de represalia alguna, como denegación de ascenso o traslado de puesto de trabajo. Podría también interesarse por evitar que una larga jornada laboral negociada a nivel nacional se convierta en instrumento de competencia desleal dentro de la Unión, porque la norma se enmarca y legitima en el derecho individual a fijar la jornada en función de las necesidades concretas de cada trabajador y empresario, y no debe ni puede convertirse en una estrategia para afrontar la globalización.
La UE ha dado un paso hacia la liberalización y modernización de las relaciones laborales. Un paso que efectivamente supone una ruptura con una historia de tutela e intervención constante, más propia de economías inmaduras. Como mínimo, debemos felicitarnos por la apertura de este debate socio-laboral en toda Europa. Y debería felicitarse sobre todo -aunque no lo ha hecho- un Gobierno que ha dicho recientemente que la «flexiseguridad» supone el punto neurálgico de su estrategia laboral frente a la crisis económica. O tendremos que concluir que una vez más nos quieren engañar y arrullar con palabras huecas hasta que pase el temporal.


http://www.abc.es/20080611/opinion-editorial/jornada-laboral-debate_200806110251.html

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