domingo, junio 29, 2008

Felix Arbolí, El milagro de "San Luis"

lunes 30 de junio de 2008
El milagro de ‘San Luis’

Félix Arbolí

N UESTRA selección de fútbol es la autora de que España se haya convertido en una sola nación, sin exclusiones, durante unos días. Debo aclarar que según comentaba el diario “El Mundo”, el público de algunos locales catalanes donde se retransmitía el partido contra Italia, permanecía indiferente en las terrazas, y los que se hallaban en el interior del local animaban a la selección italiana y se cabreaban cuando a través de los penaltis España le ganaba a los de la Bota. No obstante, la televisión nos ha mostrado otras imágenes donde se podía advertir la alegría y el clamor del pueblo catalán ante el triunfo de España. En todas partes hay excepciones y éstas confirman la regla de que no todos somos iguales ni tenemos idénticos sentimientos, pero pienso que no se deben ofrecer versiones tergiversadas y torciteras en un asunto de tanta trascendencia. El que lo hace sólo pretende conseguir que los de otras regiones consideremos a los catalanes como extraños y adversarios, cuando la realidad es que la inmensa mayoría, a excepción de algunos políticos nefastos, como otros españoles aman a su patria natal, sin por ello tener que renunciar a España.

Pero resulta sorprendente y, en estos tiempos, desgraciadamente insólito, este desplegar de banderas españolas en auténticas oleadas humanas por calles, plazas, jardines y hasta edificios particulares. Y más bonito incluso que el triunfo deportivo, magnífico e inolvidable para todo aficionado español como es mi caso, el ambiente tan profundamente español que se vivía y sentía en todos lo lugares. Al menos, los que pudimos presenciarlo desde la Cuatro en la caja tonta, convertida gracias a este evento en el objetivo exclusivo de todas las miradas. Más aún en aquellos que tuvieron la suerte o la oportunidad de acudir personalmente a esos estadios y vivir en directo ese festival de goles y aclamaciones.

A veces, oyendo los gritos de “Viva España” y ese clamor españolista constante y vigoroso, creía que estaba soñando o me habían trasladado a épocas pretéritas cuando España era la patria común de todos los españoles. Un sentimiento patriótico, unitario y generalizado que nada ni nadie había podido lograr desde aquellos tiempos en los que se pensaba con la cabeza y se actuaba con el corazón y nadie osaba dudar de la unidad y la grandeza de nuestra patria, tan tristemente vapuleada actualmente por los que se mueven por intereses personales, ambiciones de poder y bastardías incomprensibles a los que siguen sus aborregados ciudadanos.

Ni una sola bandera republicana, ni andaluza, ni catalana, ni vasca, ni de cualquiera otra región española. Sólo la bandera rojo y gualda de España portada y enarbolada con entusiasmo por una juventud que días pasados o desgraciadamente en semanas futuras, tacharán de fachas a las que se atrevan a mostrarla. El milagro del fútbol, único capaz de ganar unas elecciones por mayoría absoluta.

Yo me pregunto y os pregunto: ¿Cómo puede una persona sentirse española hasta la médula y lucir públicamente la Bandera nacional con ese orgullo y entusiasmo durante tantos días y cuando termine esta competición obligar a que la quiten de los balcones y ofender de palabra e incluso de obras al que continúe enarbolándola y sintiéndola como único Símbolo de la nación?.

¡Bendito fútbol y milagrosa selección española que ha sido capaz de unir a España en un solo grito, un solo color y una sola Bandera aunque solo haya sido por unas semanas!. Ni la crisis, ni el paro, ni la inmigración, ni el petróleo, ni la subida del precio de la gasolina y los pasajes en aviones, han podido vencer o deslucir al prodigio y la ilusión desbordada por unas botas en el instante que introducían el esférico en la portería enemiga. Mientras dure este sueño y no nos llegue la sensación de que ha finalizado el espejismo y nos encontramos nuevamente con la dura realidad, España será una nación feliz y no habrá problemas que acaparen nuestra atención absorbida totalmente por lo que ocurre y pueda ocurrir en esa Viena, que hoy nos suena a valses celestiales y Dios quiera que el próximo domingo se nos convierta en la marcha triunfal de Aída.

De momento, gracias al fútbol los españoles nos hemos sentido hermanados y unidos como hacía tiempo no experimentábamos por obra y gracia de unos políticos empeñados en independizarse del tronco común y eliminar todo vestigio de España en rótulos, documentación, conversaciones y estudios. ¡Cómo habrán sufrido los Carod y compañía con ese españolismo exultante y poderoso!.

¡Qué lástima que este evento no fuera mensual y este desplegar de banderas españolas y gargantas afónicas de gritar el “¡Viva España!”, no se hiciera más constante!.

¡Una sola Bandera, un grito unánime de “España, España” y un pueblo unido sin fisuras sintiendo los colores de su patria!. ¡Gracias a Luis Aragonés y a sus muchachos, he podido sentirme a gusto un par de semanas!. Algo es algo. Ya puedo morir tranquilo con esta manifestación de delirio popular por sentirse más españoles que nunca.

http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp?Id=1691

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