jueves 12 de junio de 2008
EL INCIDENTE
El incomprendido Shyamalan
Por Juan Orellana
Esta semana se estrena, con un ambiente no muy favorable, El incidente. La gente de la calle aún no identifica el raro nombre de Shyamalan como el director de El sexto sentido, que sí les suena más. Ya en ambientes más cinéfilos el cineasta indio es conocido, pero despierta reacciones desiguales: son muchos los que afirman que su carrera empezó muy arriba y no ha hecho más que bajar, mientras otros lo consideran un tramposo empedernido.
Todas las críticas parecen razonables, pero a pesar de todo pienso que Shyamalan es uno de los mejores directores contemporáneos del mundo y una cita obligada para todos los amantes del séptimo arte. Por un lado es un director que tiene estilo personal, algo cada vez más difícil de encontrar; por otro, hace un cine que pretende abordar temas de interés universal y con cierto aire trascendente.
Shyamalan –su nombre real es Manoj Nelliyattu– nació en la India y ahora vive en Filadelfia con su mujer y sus hijos. Estudió en un colegio católico, lo cual ha dado por resultado un collage metafísico hindú-cristiano que se respira en todas sus películas. En El sexto sentido planteaba un más allá donde los muertos redimen sus cuentas pendientes y se redimen haciendo el bien, como es el caso del protagonista; en El protegido se plantea la cuestión de la vida como una vocación, con una meta, es decir, con un sentido; en Señales aborda directamente la cuestión de la fe y la vocación cristiana; en El Bosque se afronta la naturaleza del mal y en La joven del agua se exalta el valor de la comunidad en relación con la propia vocación. En fin, parece que la vida como vocación es una constante temática de Shyamalan.
En El incidente todo gira en torno al personaje de Elliott, un profesor que sólo sabe usar el método científico como método para relacionarse con la realidad. La película le pone frente al hecho de que algunas cosas en el universo se resisten a las reducciones positivistas. En este último film Shyamalan apuesta claramente por la apertura al Misterio como explicación última de la realidad.
A esta brillantez temática, decíamos antes, Shyamalan añade un estilo de creación de suspense excelente, muy visual, potente, inquietante. Basta un plano de unas ramas que se mueven con la brisa, o un plano detalle de una mano tendida al vacío, para crear una atmósfera de suspense excitante y original. Mueve la cámara con un ritmo muy personal, usa el fuera de campo con maestría y dirige a sus actores imprimiéndoles un incierto aire de misticismo creíble. Por todo esto celebramos el estreno de este film, una película que sin duda va a ser denostada por muchos críticos y espectadores. Nosotros seguimos al lado de Shyamalan.
http://iglesia.libertaddigital.com/articulo.php/1276234888
miércoles, junio 11, 2008
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