martes 10 de junio de 2008
El mareo de Costa
Germán Yanke
Como se ha visto, en el PP nadie ha propuesto, como contraposición a la dirección de Mariano Rajoy, un debate de ideas, tal y como se prometía durante las primeras turbulencias tras el fracaso electoral. Las enmiendas a la ponencia política, aunque algunas sean interesantes y otras esperpénticas, no lo contienen realmente y, desde luego, las cabezas visibles de una hipotética alternativa a Rajoy no se han inclinado por ese camino. Ni a la vista de que el actual presidente del partido contaba con los apoyos necesarios para ganar el próximo congreso de Valencia han querido batallar por ideas distintas o renovadas. Es más, la mayoría de ellos se han apalancado en eso de los “principios” (y en algunos casos de las “esencias”). Así las cosas, la paradoja es que la única renovación posible, que no es otra que la del discurso político del PP, está en manos de Rajoy. Es evidente que hay algunos que lo que quieren es que ni el discurso ni la dirección ni nada esté en manos del actual presidente y único candidato pero, sin alternativa y con la mirada puesta en pretendidas esencias, el único atisbo de debate de ideas desde fuera de la sede de la calle Génova es que nada cambie salvo el presidente.
Lo de Juan Costa ha sido un fiasco en esta moda de amagar y no moverse que se ha impuesto entre los críticos del PP. Amagó primero, es verdad, Esperanza Aguirre, pero se podía esperar que Costa pudiera arriesgar más, de cara al futuro, que la presidenta madrileña. Hace hincapié en los avales porque, al parecer, un quinto de los compromisarios le parece excesivo. Si hubiese dado un paso adelante seguramente los habría tenido aunque fuesen intencionadamente prestados ya que, en el momento actual del PP, nada mejor le podría haber ocurrido a Rajoy que tener un contrincante. Interesa saber, sin embargo, si Costa, a un lado los avales, podía haber presentado una lista de peso tanto en los nombres como en la representación territorial de la misma. Una lista y un proyecto, en definitiva, para conseguir los avales.
Ya he escrito que los adversarios de Rajoy son tan dispares y contradictorios que les iba a resultar imposible organizar de ese modo una candidatura. Pero no deja de sorprender que Juan Costa, coordinador del programa electoral, es decir, convertido en ideólogo del PP de las elecciones del 2008, no haya planteado esa famosa batalla de las ideas, contradiciendo a la dirección o a sí mismo, y se centre en el liderazgo, que es lo que, por uno u otro motivo y le pese a quien le pese, tiene en este momento Rajoy en su partido.
En las declaraciones de Costa para anunciar que no presentará candidatura hay, además, algo sorprendente tanto desde el punto de vista de las ideas como del liderazgo. Dice que no pediría nunca el apoyo a personas como Aznar, Rato o Mayor Oreja porque “son referentes para todo el partido”. Y añade que se entrevistó con Esperanza Aguirre y no se lo pidió “explícito” porque no ha llegado a presentar su candidatura. Así que no sólo Rajoy, sino también Aguirre, no es referente para todo el partido, ni Álvarez-Cascos al parecer. ¿Qué significa esto desde el punto de vista de averiguar qué PP quiere Costa? Sencillamente nada, que es lo trágico para un debate de ideas inexistente y en el que no quiere decir ni una palabra.
Y además se nos parapeta en la más endeble de las pruebas intelectuales del nueve: “Nosotros no podemos renunciar a la confianza de María (San Gil)”. ¿Qué argumento es ése? ¿Se presentaba Costa con el programa ante San Gil para ver si contaba con su confianza? Lo patético es que el coordinador del programa —el de las bromas sobre el cambio climático— no contaba precisamente con la confianza de San Gil y los suyos. Incluso lo dijo la dirigente vasca al marcharse: estaba en el PP para defender la nación española y no el cambio climático y otras cuestiones “sectoriales”. Yo creo que Costa no se presenta porque se ha mareado.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=10/06/2008&name=german
martes, junio 10, 2008
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