martes 13 de mayo de 2008
La ranita encantada
En un estanque dorado cantaba triste una rana su melancólica canción, presa de un encantamiento, porque aquel que pretendía ser príncipe azul de la corte del PP fue castigado por su desmedida ambición. Y el genio de la botella convirtió en batracio cancionero al aguerrido capitán de la legión al que el mariscal Aznar había enviado, por esos mundos de Dios, para publicitar y justificar la mentirosa guerra de Iraq, que todo el mundo sabe lo mal que va y lo peor que acabará, más o menos como la de Vietnam.
Así fue como el joven diputado Gustavo de Arístegui se convirtió en la rana Gustavo, el reportero más dicharachero del PP, quien una vez que se recolocó como portavoz de la Comisión de Exteriores comenzó a tirar las piedras del estanque contra su patrón, Mariano Rajoy. Al que, primero, le pidió que desvelase el nombre de su príncipe y secretario general, y al que luego cantó las cuarenta con un “hasta aquí hemos llegado” por causa del abandono de María San Gil de la comisión política del congreso del PP.
Mientras tanto, en la prensa zapaterista de más bajo perfil, la audaz rana se postuló como un posible candidato a la sucesión de Rajoy, presuntamente animado por un grupo de jóvenes parlamentarios (la moderna carga de los mamelucos), lo que suscitó el asombro entre los medios de comunicación y los dirigentes del partido. ¿La rana Gustavo de presidente del PP?
Las aguas del estanque dorado están revueltas a más no poder y nadie sabe a qué atenerse ni por dónde va a salir o se va a decantar el congreso del PP, porque más que a la búlgara parece encaminarse a una vulgar reyerta de jefes de facciones, reyezuelos de los taifas, conspiradores del 11-M, lideresas y malandrines de toda índole, capitanes araña, y ranitas encantadas que están a la espera de que una princesa dorada, o pelirroja, lo bese en los morros con tal pasión que lo libere del encantamiento y lo ascienda al más alto pedestal del estanque dorado para convertirse en el príncipe heredero de tan desastrosa situación.
Pero la princesa del cuento no se acerca al estanque y la rana Gustavo sigue leyendo y releyendo, del derecho y del revés, las resoluciones de la ONU con las que siempre ha pretendido, a título de galimatías ininteligible, dar por buena y justificada la guerra de Iraq, a pesar de ser el único político del mundo —en compañía de Aznar— que insiste en justificar lo que ni siquiera el Pentágono o la Casa Blanca se atreven a justificar. ¿Hubo, si o no, en Iraq armas de destrucción masiva? ¿Era, o no, Sadam Husein compinche de Ben Laden? Cada vez que el genio sale de la botella y le pregunta a la rana Gustavo estas y otras cuestiones para ver si lo puede desencantar, el diputado del PP vuelve a blandir sus falsas resoluciones de la ONU y se queda como está. Aunque le queda una esperanza: que Pepe Oneto, dueño de una poción mágica, lo pueda liberar. Pero, mientras tanto, ¡a croar!
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=13/05/2008&name=marcello
lunes, mayo 12, 2008
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