martes 13 de mayo de 2008
PP: a partido flaco todo son pulgas
José Oneto
Lo que no había conseguido el cáncer de mama; lo que no han conseguido ETA y la izquierda abertzale, que la han convertido en símbolo del “españolismo” y, por tanto, objetivo a batir; lo que no ha conseguido el propio Ibarretxe, con el que ha tenido enfrentamientos insólitos, lo ha conseguido su propio partido, el Partido Popular, y la falta de tacto de la dirección. María San Gil ha tirado la toalla ante la nueva estrategia política del PP.
La noticia de que María San Gil, un auténtico referente en el País Vaso, abandona la ponencia política que se estaba elaborando para el XVI Congreso Nacional, que se celebrará del 20 al 22 de junio en Valencia, por discrepancias ideológicas con el texto que estaba a punto de distribuirse, es un golpe más, uno de los más duros, a Mariano Rajoy, a la forma de cómo se esta llevando la grave crisis del Partido Popular, a la falta de tacto en los comportamientos personales y, sobre todo, en la falta de confianza de muchos dirigentes y militantes en la política que quiere imponer el actual presidente nacional.
Dice Esteban González Pons, figura ascendente dentro del partido y que, posiblemente, será nombrado portavoz del partido en Valencia (es el único nombre de su equipo que ha hecho público Rajoy), que “a partido flaco todo son pulgas. Un partido que ha perdido las elecciones es un partido que tiene que sufrir, y nosotros estamos sufriendo”.
Lo malo es que el sufrimiento va acompañado de renuncias (Eduardo Zaplana y Ángel Acebes), de marginación (Manuel Pizarro, Juan Costa), de alejamiento (Rodrigo Rato y Francisco Álvarez-Cascos) de incomodidad (Jaime Mayor Oreja, Gustavo de Arístegui) e, incluso, de intento de “golpe de Estado” (Esperanza Aguirre y su equipo de colaboradores).
El intento de Rajoy de centrar el partido utilizando sólo el “ordeno y mando”, la necesidad de que el partido mejore de imagen en dos territorios claves (País Vasco y Cataluña), la forma y el manejo del tiempo con el que Rajoy está haciendo frente a la crisis más grave que vive el PP desde su refundación por José María Aznar, y el modo de hacer público los principales nombramientos en el grupo parlamentario, han acentuado aún más la crisis y la “guerra interna” dentro del partido, cuyo último capítulo es la actitud tomada por San Gil.
Si María San Gil abandona la ponencia política, con el visto bueno de Jaime Mayor Oreja, su referencia en la política y su más fiel aliada, su abandono se convierte en conflicto. Conflicto con la estrategia que está llevando a cabo Rajoy, conflicto con el nuevo programa que quiere formular el presidente del PP y conflicto claramente ideológico.
La líder del PP en el País Vasco, que ha venido defendiendo la tesis más dura contra el nacionalismo, que ha apoyado la estrategia de movilizaciones populares contra la política antiterrorista del Gobierno y que cree que con el nacionalismo no hay ninguna posibilidad de pacto, no quiere ahora desdecirse de todo lo que ha dicho, de todo lo que ha hecho y no puede aprobar un acercamiento al PNV (Partido Nacionalista Vasco) y CiU (Convergència i Unió).
¿Cómo se le ocurre a Rajoy, criticado por las propias bases, abrir ahora el melón de las alianzas cuando su autoridad se está poniendo en duda? ¿Cómo se le ocurre meter en esa ponencia política a dos personas críticas con los nacionalistas como Alicia Sánchez Camacho y María San Gil? ¿No se da cuenta de que María San Gil es un referente de un partido que ha hecho de la defensa de España y de la crítica a los nacionalistas el arco de bóveda de la legislatura anterior?
Tiene razón Esperanza Aguirre cuando acaba de decir que la decisión de María San Gil de dejar la ponencia política es una decisión que debe llevar al partido a reflexionar, sobre todo “a los que tienen la máxima responsabilidad política a nivel nacional”.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=13/05/2008&name=oneto
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