viernes 9 de mayo de 2008
Oposición ensimismada
Ernesto Ladrón de Guevara
E N las últimas elecciones voté al Partido Popular pese a mis simpatías por la opción ideológica de Rosa Díez. Era tal la urgencia que como ciudadano sentía de dar paso a Rajoy para acabar con este suplicio de un Gobierno de Zapatero errático, que nos está dejando el País al borde de la bancarrota económica y moral, que, haciendo una excepción en mis costumbres electorales, contribuí a la concentración del voto en el Partido Popular. Por eso estoy muy cabreado por el comportamiento en el seno del de ese Partido que, lejos de centrarse en una labor de oposición y en la representación eficiente de la confianza que le hemos dado los electores, está enzarzado en una pelea intestina con deserciones incluidas, que a mi entender es un incumplimiento flagrante de las obligaciones implícitas que conlleva ser una opción política tan importante que ha sido respaldada nada menos que por once millones de votos. Les parecerá poco. En su momento escribí un artículo en el que elogiaba la figura de Rajoy, pese a que los complejos que manifiesta en la defensa del patrimonio ideológico del centroderecha no son nada recomendables para un liderazgo fuerte. Sigo haciéndolo porque pienso que es la figura actual más sólida como hombre de Estado. Por eso me molesta especialmente esa neurosis endogámica en el que está metido el Partido Popular de cara a su Congreso. Las dimisiones de Zaplana y Acebes, sea cual sea la idea que se tenga de ellos, me parecen, además de inoportunas, irresponsables. Pasadas las elecciones es hora de trabajar por España, por las libertades y por la defensa de una Constitución que está siendo adulterada y desmadejada por la vía de los hechos. Me parece una frivolidad y una falta de respeto al electorado este lapsus de inactividad política y este proceso de descomposición interna que se está transfiriendo ante el imaginario popular, produciendo una escenificación deplorable de un debate que debiera ser interno, evitando el regocijo de quienes desean hacer del panorama político español un erial donde domine el pensamiento único y el control de nuestras voluntades individuales. Exijo con toda la altura y claridad que me permite mi voz de ciudadano que se termine el espectáculo tragicómico que se está dando por el PP de cara a la ciudadanía, por muy legítimos que sean los prolegómenos de un Congreso en el que se debiera producir un intercambio ideológico cuyo resultado sea una nueva formulación programática donde se conserven los valores definitorios del centroderecha y se redefinan las estrategias, para ganar a Zapatero en las próximas elecciones. Las conductas autoflagelantes o de ensimismamiento estéril son más propias de una inmadurez que invalida para la gestión de los intereses colectivos que seña de identidad de un partido político serio como era hasta el presente el Partido Popular. No hay que olvidar que lo que más castiga el electorado es la división interna en el seno de los partidos y la falta de seriedad y responsabilidad. Otra cosa es la legitimidad del pluralismo interno y de una democracia en el seno de los partidos que siempre he defendido a ultranza, pues malamente pueden representarnos en los valores democráticos quienes no dan ejemplo en sus comportamientos particulares. Pero eso no se hace ni dimitiendo ni vulnerando la voluntad ciudadana, que se manifiesta no sólo en las opciones políticas sino eligiendo las personas que las configuran a través de las planchas electorales. Espero que, por el bien de todos, pase pronto el susodicho Congreso y los representantes populares se dediquen a la función que se les ha encomendado por los ciudadanos, pues el horno no está para bollos en este momento.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4602
viernes, mayo 09, 2008
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