lunes 12 de mayo de 2008
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
¡Perdonadlos!
Portela, Candal y Varela son tres regidores del PPdeG a los que han puesto en el brete de elegir entre papá y mamá. ¿A quién quieres más, rico?, nos preguntaba de pequeños la típica señora entrometida. Contestábamos que a los dos, con la misma sabiduría salomónica que ahora utilizan los alcaldes sabios de O Rosal, Vilamartín de Valdeorras y Antas de Ulla.
Papá es el partido y mamá la Vicepresidencia. Ellos tiene que hacer equilibrios parentales, así que un día firman sonrientes el convenio de las galescolas, al siguiente comparecen arrepentidos con el secretario de los populares, y al otro remiten a Quintana una carta de amor y una canción desesperada que enternece a cualquiera.
Cada uno con su estilo, que para eso existe la autonomía municipal. Portela es sobrio, aunque deja claro que el acuerdo lo firmó sin coacción alguna. Candal roza la elegía y le dice a Anxo algo que ni siquiera el nacionalista ha oído de labios de Paco Rodríguez o Beiras: le defiendo como la única persona capaz de presidir los destinos de Galicia. Fíjense en el detalle de que no dice vicepresidir, sino presidir. La leche.
Y Varela, por fin, es el peliculero. ¿No ha sido él quien habló de que Vicepresidencia actuaba como la mafia siciliana? Sí, pero lo dijo en el buen sentido. Recurre para reforzar su explicación a El Padrino, concretamente a la escena en la que se dice aquello de la oferta que no se puede rechazar. Pues esa oferta son las galescolas y Quintana sería un Marlon Brando bueno.
Uno, que no tiene la suerte de vivir en Vilamartín de Valdeorras, O Rosal, ni en Antas de Ulla, cree que todos los alcaldes de Galicia deberían emular a estos tres mosqueteros de la realpolitik municipal. Igual que el hoy tan celebrado regidor de Móstoles levantó en su día la bandera contra el gabacho, estos hacen con sus misivas a Quintana una declaración de independencia que tendría que extenderse por todo el municipalismo galaico, tan revuelto.
Los puristas, los grandes ideólogos, los que interpretan la política de acuerdo con esquemas rígidos, estarán pensando que Portela, Candal y Varela son unos jetas que quieren estar al plato y a la tajada. Sus vecinos, en cambio, pensarán que hacen lo correcto al llevar cosas para el pueblo. Porque esa es la misión de cualquier alcalde: darle la bienvenida a cualquier Mr. Marshall, sobre todo cuando no sólo deja polvo a su paso, sino servicios o dotaciones.
Quien manda en un municipio ha de buscarse siempre la madre o el padre adoptivo, que no es otro que la Administración, cualquiera, capaz de atender a sus necesidades. En este caso, el partido les da consignas, mientras que Vicepresidencia les pone escuelas. Portela, Candal y Varela podrían declararse en huelga de hambre, como Gandhi, pero no tienen derecho a condenar al municipio a un ayuno inversor.
Ahora queda por saber lo que pasará en el próximo capítulo. Lo lógico sería que Quintana restableciera el convenio, y que Feijóo olvidase el enrevesado asunto. Lo ilógico, que el vicepresidente de la Xunta mantuviera el castigo y que el presidente del PPdeG les abriera un expediente a los autores de estas epístolas antológicas.
Ocurra lo que ocurra, ya salgan victoriosos como Athos, Portos y Aramis, o ejecutados en plan Padilla, Bravo y Maldonado, nuestros tres alcaldes han escrito una lección de municipalismo. Quieren a papá y a mamá, ponen velas a quien haga falta y escriben cartas de amor si es preciso, porque para eso los han elegido.
http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=881&idNoticiaOpinion=299169
lunes, mayo 12, 2008
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