viernes 8 de diciembre de 2006
No aprenden
Miguel Martínez
H AY quien incluso a estas alturas lleva fatal eso de que las mayorías manden en democracia. Algunos que yo me sé despotrican en privado del sufragio universal porque les resulta incomprensible que cualquiera pueda ir a votar y cambiar así con su voto la orientación política de quienes han de regir nuestros destinos. ¿Cómo puede contar igual –se lamentan cual triste plañidera- el voto del mozo de cuadras que el del mismísimo señorito? Y así no se asume que cuando se pierden unas elecciones es, sencillamente, porque la mayoría del electorado confía más en otras opciones políticas o porque quieran castigar al gobierno por su manera de hacer –o no hacer- política. Una mayoría puede estar o no equivocada, pero cuando un gobierno obvia la voluntad y el sentir de esa mayoría y se empeña en hacer caso omiso a lo que la sociedad demanda se expone a que, cuando toque opinar en las urnas, se les cobre la factura. Luego pasa lo que pasa: si te he visto no me acuerdo y a purgar prepotencias en la oposición. Esta misma premisa funciona igual para gobiernos que para partidos políticos, sindicatos, e incluso para las elecciones de las asociaciones de vecinos. Cuando el Partido Popular perdió las últimas elecciones pocos fueron los dirigentes populares que asumieron la derrota y la acometieron con autocrítica. Lejos de renovarse –que es lo que toca cuando se pierde la confianza del electorado- y plantearse qué había fallado o qué podía haberse hecho mejor, huyeron hacia delante afirmando que perdieron las elecciones porque los votantes fuimos manipulados, o sea que encima nos trataron de tontos a los electores por dejarnos manipular. Los que privadamente reconocieron errores y quisieron recordar al ala más escorada del PP que algo tendría que ver con la derrota el hecho de que más del 90 % de los españoles pidiéramos insistentemente –sin que nos hicieran puñetero caso- la retirada del apoyo a Bush en la guerra de Iraq –por cierto ¿se sabe algo de las armas de destrucción masiva que Aznar aseguraba saber de buena tinta que existían? “Créanme, créanme –muy serio y mirando fijamente a la cámara- en Iraq hay armas de destrucción masiva” - fueron silenciados cuando no apartados. Los que desde el propio PP apuntaron que el tratamiento informativo dado por Acebes a los atentados del 11 M fue esperpéntico y de juzgado de guardia fueron reprendidos e igualmente mandados callar, y los mismos derrotados todavía se enorgullecían y vanagloriaban de que un español, y además bajito, hubiese apoyado sus hispánicos pinreles en la mesa de Bush. No era posible que los españoles no apoyásemos la gestión de quien podía permitirse tamaña familiaridad –que uno no pone los pies en mesa ajena a menos que haya verdadera camaradería con el anfitrión- en la Casa Blanca. España ejercía nuevamente esa supremacía mundial de la que no habíamos podido presumir desde Felipe II y, por tanto, si se habían perdido aquellas elecciones era porque unos –oportunistas- enviaron algunos mensajitos a otros tantos teléfonos móviles y otros -las redacciones de los periódicos extranjeros- habían sucumbido a un contubernio judeomasónico al afirmar en las portadas de los grandes medios internacionales que la autoría del 11-M se atribuía a grupos islámicos vinculados a Al Qaeda y que el ejecutivo español mentía. Algunos todavía andan mendigando acusaciones –remuneradas, por su puesto- que nieguen la evidencia y que –de paso- aseguren la venta de unos cuantos periódicos más. Nuevas encuestas, como ésta última llevada a cabo por el Instituto Opina, ofrecen el dato de que siete de cada diez españoles piden al PP que apoyen al gobierno en su política frente al terrorismo. Y aunque resulta evidente que siete de cada diez es una amplia mayoría que debiera ser tomada en cuenta, un servidor tiene la sensación de que el PP, en vez de escuchar lo que la mayoría de españoles le pide, va a ser de nuevo fiel, tal como hiciera con la guerra de Iraq, a su política de oídos sordos, y que seguirá a la greña, criticando y vilipendiando aquello que ellos mismos intentaron sin éxito –y con el completo apoyo parlamentario- no hace muchos años. Rectificar es de sabios o de aquellos que, sin serlo, son los suficientemente espabilados como para percibir que se les escapa la clientela. Sirva como ejemplo la actitud de Esquerra Republicana -que debieran reprender a los iluminados de la agrupación local del Maresme que han diseñado sus participaciones con lo de la lotería del país vecino, ojalá no les toque ni el reintegro- que viendo el fracaso cosechado por su política frente al Estatut en el plebiscito, asumieron la derrota expresando que si eso era lo que la mayoría de catalanes deseaban, ellos trabajarían para intentar mejorarlo. Con esos reflejos –o versatilidad que les comentaba en mi artículo de hace un par de semanas- los de Esquerra salvaron los muebles y no salieron tan mal parados en estas últimas elecciones como a priori cabía esperar. Claro que rectificar no suele entrar en los planes del PP porque ellos nunca se equivocan, sino los votantes, que nos dejamos manipular y votamos erróneamente. Por lo pronto, y según la misma encuesta, hay unos cuantos más manipulados desde las últimas elecciones y el PSOE ya aventaja en 5 puntos al PP en intención de voto. A este paso les va a suceder lo que a aquel que al incorporarse en la autopista se equivocó y se metió en sentido contrario y les gritaba a los que con él se cruzaban: “¡Eh, que vais todos al revés!”.
viernes, diciembre 08, 2006
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