viernes 8 de diciembre de 2006
Pescado y hamburguesas
José Meléndez
U NO de los incordios que tiene que soportar a veces la sociedad son las consecuencias que se derivan de cuando un gobierno emplea el paternalismo en su gestión y les dice –más bien les impone- a sus gobernados cómo tienen que comportarse. El Estado paternal es uno de los distintivos de los regímenes autoritarios, que no se contentan con darle al personal reglas de comportamiento, sino que también les dice como tienen que pensar y actuar. Algunos gobiernos democráticos, como el que tenemos actualmente en España, participan de esa tendencia. El gobierno socialista, en una .loable muestra de su empeño por cuidar de nuestra salud y de nuestra mente, nos dice que no debemos fumar porque es pernicioso, no debemos comer hamburguesas porque engordan, debemos consumir el pescado congelado para evitar que se aloje en nuestro organismo el temido anisakis –que no es un defensa griego que viene a jugar en el Atlético de Madrid o el Getafe, sino un gusano casi invisible que causa estragos-, que debemos dejar que nuestros hijos se satisfagan a sí mismos, porque la masturbación no deja ciego ni hace caerse el pelo como nos decían nuestros padres –y ya han circulado en las escuetas libritos explicativos para la mejor realización del acto- y nos dice como debemos pensar con esa nueva disciplina lectiva que es la Educación para la Ciudadanía. La mas esforzada cumplidora de esa misión, en su caso maternal, es la ministra de Sanidad, Elena Salgado, que ya nos condenó a los fumadores al arresto domiciliario o a pillar una pulmonía en plena calle, ahora que vienen los fríos. Su siguiente paso fue declararle una guerra soterrada a la cadena Burger King –norteamericana, naturalmente-por unas hamburguesas gigantes que chorrean calorías por sus dos pisos y que ahora saca otras de tres. No voy a quitarle la razón en el peligro del exceso de calorías para la línea y la salud del ser humano, pero el asunto es espinoso por dos razones: porque también lo es un cochinillo asado, una fabada asturiana o un hartazgo de chucherías y porque cada cual es libre de comer lo que quiera y en la cantidad que guste. Nadie ignora, en esta época en la que tanto se habla de la anorexia y la bulimia, del peligro de los excesos en la mesa y si se entrega a ellos es bajo su exclusiva responsabilidad sin que para ello tengan que prohibirle un determinado tipo de manjares, prohibición que, además, no servirá para nada, porque la chiquillería, y también los adultos, seguirán comiendo con fruición ese producto singular y pelín extravagante. Las hamburguesas nunca han gozado de las simpatías de un “progre” que se precie de serlo porque, sobre su mayor o menor calidad y el gusto gastronómico que puedan proporcionar, predomina su marchamo de emblema norteamericano, que es de difícil digestión. . El buen socialista prefiere el caviar, que le trae mejores recuerdos de procedencia, y ahora más que están en la opulencia y pueden costearlo. Como cerrar los cientos de establecimientos que la cadena alimentaria tiene en España u obligarles a vender solamente ensaladas y berenjenas sería pasarse un poco, el ministerio de Sanidad optó por atacar en la campaña de publicidad sobre la hamburguesa gigante XXL. La respuesta ha sido una hamburguesa mayor, de tres plantas, y otra campaña de promoción, con la misma oposición ferz del ministerio. La guerra está declarada. Y tras las hamburguesas ha venido el pescado, que habrá de ser congelado en los restaurantes, cafeterías, comedores empresariales, hospitales y colegios por Real Decreto. Ahora que la cocina española asoma la cabeza, después de siglos en que fuera conocida solo por sus paellas y cocidos y que los cocineros españoles aparecen todos los días en las páginas de los periódicos y los programas de televisión y han caído unas cuantas estrellas Michelín, tan apreciadas en el mundo, viene la ministra y les quita ese orgullo de preparar un pescado con arreglo a las nuevas técnicas de la alta cocina con el sabor sublime que le da el venir directamente del mar al fogón para deleite de los buenos paladares. Los santones de la cocina moderna han puesto el grito en el cielo y califican la medida de aberración. Algunos han declarado que prefieren quitar el pescado de la carta antes de servirlo congelado, pero otros, que se ven venir lo que parece inevitable, dada la tozudez que el gobierno viene demostrando en sus decisiones, ya han comenzado a apuntar que para que en ese viaje del mar a la cacerola las lubinas y las merluzas no pierdan sus cualidades con la parada en el congelador, es necesario examinar detenidamente los nuevos métodos de congelación. Así podría suceder que cuando vayamos a un restaurante de muchos tenedores, nos encontremos en su carta en vez de las complicadas denominaciones de cada plato “con toque de distinción de champaña y delicias del huerto de la tía Nekane”, la de “merluza congelada con nitrógeno de alta velocidad” o “lubina en ondas electromagnéticas”. Pero las autoridades no se rinden en su labor protectora y pedagógica –ojalá exhibieran la misma firmeza ante ETA.Batasuna- y ahora apuntan a prohibir a los automovilistas el fumar mientras conducen; anuncian que se prohibirá la exhibición de símbolos religiosos en la calle, por la que los católicos no podrán llevar crucifijos o medallas y las musulmanas tendrán que prescindir del velo, y se producen iniciativas que serían hilarantes si no fueran lamentables. En este capítulo se encuadra la petición de Pedro Zerolo, responsable de Movimientos Sociales del PSOE y que acaba de casarse con un congénere, nada menos que a la Real Academia Española para que varíe la definición de la palabra “matrimonio” teniendo en cuenta los casamientos entre personas del mismo sexo o la de Gaspar Llamazares, que es una máquina de producir tonterías, para que a los “maquis” de la postguerra española se les considere miembros de las Fuerzas Armadas en esa delirante revisión en curso de la memoria histórica, otra prueba más de los laberintos en que se mete el gobierno de Zapatero sin tener asegurada la salida.
viernes, diciembre 08, 2006
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