viernes, agosto 06, 2010

Joan Pla, La verdadera gran suerte

viernes 6 de agosto de 2010

La verdadera gran suerte

Joan Pla

L OS que hemos practicado el periodismo diario cuando mandaba Franco en España y seguimos a pie de obra, año tras año, durante los sucesivos mandatos de Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar y Rodríguez Zapatero, sabemos que, en todos y en cada uno de los partidos políticos, incluido el “partido único” que estuvo en el poder desde 1939 hasta 1975, siempre ha habido buenos y malos, rojos y azules, carcas y progresistas, lerdos y sabios, analfabetos y cultos, gobernantes de categoría y cantamañanas impresentables.

En los diversos medios de comunicación por los que he pasado, he tenido la gran suerte de trabajar y convivir con mujeres y hombres de derechas que eran – y son – bellísimas personas, cuyos valores humanos admiro y respeto profundamente, aunque nunca he sido de derechas. También ha sido una gran suerte la de conocer, tratar y compartir el pan y la sal de la profesión periodística a personas que han militado – y militan – en la izquierda a las que también admiro, respeto y quiero, aunque nunca he militado en la izquierda.

En los primeros años de la transición democrática resultaba difícil, por no decir imposible, ser imparcial sin que te considerasen, unos y otros, discapacitado o minusválido en política. •Entonces, cundió la cagalera de la autodefinición política y raro fue el individuo que no se afilió se autoproclamó por activa y por pasiva adicto a las tres bandas vigentes: Izquierda, Derecha y Centro.

Con los años, uno ha tenido también la gran suerte de saber detectar, por ejemplo, a los socialistas de derechas y a los falangistas de izquierdas. Creo en Dios y estoy seguro de que en el más allá todos sabremos apreciar, sin ira y sin rencores, la estrepitosa debilidad de quienes mamaron obstinadamente la leche de un régimen, para vomitarla después en sus nuevos cargos, funciones y bicocas.

Hago estas reflexiones, al rato de ver y oír un debate en televisión. El moderador, pobre mindundi de abultado salario, mostraba su autoridad sólo cuando cortaba a los contertulios y anunciaba unos minutos de publicidad o algún premio en metálico, engañabobos de rabiosa actualidad, para los que llamasen poniendo en su móvil una palabra, sólo una palabra. Como a los clásicos, me vino a la mente una palabra: hideputa. Pero mi móvil permaneció intacto. Los contertulios, a izquierda y a derecha del espectador, como en el teatro, `pero dando sus espaldas al público allí presente, se enzarzaron en una gresca tremebunda, en la que apenas se debatieron las cuestiones planteadas, puesto que la mitad o más de sus intervenciones fueron para insultar y zaherir a los de la banda opuesta y para repetir a voz en grito, cuando les llegaba el turno, la siguiente frase: “Déjame hablar, que yo te he dejado hablar a ti”. Una auténtica y total algarabía gallinácea, sin que los gubernamentales unos dejasen hablar a los de la oposición y viceversa. Así, pues, contraste de ideas, ninguno. Puro ataque al contrario, diga lo que diga. Esa es la pauta, la puta pauta que degenera y envenena el aire de nuestro país. Será que esa mierda es la que más se vende, igual que la otra, la del cotilleo, mal llamada del corazón, donde los famosos nos cuentan sus cópulas, sus separaciones, su trapos sucios y, en suma, sus huevadas íntimas, como diría un chileno, ante una colla de colegas que también se desgañitan con sus continuas chorradas.

Decía y sigo diciendo que he tenido la gran suerte de compartir los mejores momentos de mi vida profesional con personas de toda condición y color político que, por encima de todo, eran y siguen siendo inteligentes y honradas y también, si cabe, la desgracia de vivir en un tiempo y en una sociedad donde medran los mediocres y se mueren de pena – o de risa – los mejores talentos.

Con estas premisas, otro día hablaremos de toros, de abortos o de huelgas justas, según los sindicales, o injustificadas, según el ministro Blanco.


http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5801

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