viernes 7 de noviembre de 2008
PSOE-PP: otra vez empate
Germán Yanke
El Gobierno no puede mostrarse ufano con la percepción general de su acción política tal y como se refleja en el último Barómetro del CIS. Ha perdido toda la ventaja que obtuvo en las elecciones generales, que fueron hace sólo ocho meses, la valoración de la inmensa mayoría de los miembros del Gabinete es lamentable, el presidente se desliza por un plano inclinado y la opinión sobre la situación, y en concreto la económica, es bastante desastrosa y se espera que sea aún peor. Todo ejercicio de disimulo o de envanecimiento, que continúa con un empeño y constancia que merecería otro objetivo, se topa con la realidad.
Este Gobierno nació, hay que recordarlo, con un velado y paradójico anuncio de provisionalidad al apuntarse ya una posible remodelación coincidiendo o inmediatamente después de la presidencia española de la Unión Europea. La situación actual y la sensación generalizada de que no acierta a hacerse con ella ni a resolverla, que se ajusta a lo que pasa, debería obligar al presidente Rodríguez Zapatero a adelantar sus planes y dar con un equipo que genere la confianza suficiente no mediante la retórica, sino proponiendo, explicando y llevando a buen puerto las reformas imprescindibles. El propio presidente tendría que evaluar, a la vista de los datos que le proporciona el Barómetro, su situación personal ante la opinión pública y modificar algunos hábitos, los que le alejan de la realidad y le impiden dar a la acción gubernamental el impulso necesario. Si este Gobierno era desde el principio un equipo más ajustado a la gloria y el control del presidente, seguramente el nuevo debería ser el más ajustado al control de la crisis y a abandonar la apatía prepotente, que es lo único que, a estas alturas, podría salvar a Rodríguez Zapatero.
Es cierto que, con la que está cayendo, el empate en la estimación de la intención de voto parece poco para el Partido Popular pero, visto desde el lado del PSOE, la situación se va degenerando más y más sin que se vea por el momento ni la decisión ni la fuerza para darle un vuelco. No significa eso que la derecha no deba reflexionar sobre los datos que el Barómetro le proporciona, más allá de regodearse en el empate de la instantánea y sostener la esperanza, evidente, de que es posible (o más bien de que no es imposible) ganar las próximas elecciones. Las deficiencias de la valoración de Rajoy demuestran que todavía el PP no ha conseguido desquitarse de quienes tienen una opinión negativa de ese partido, que es lo que la valoración refleja más exactamente y que, avanzando a medida que se desploma el PSOE, no da el salto que necesita y que sería la consecuencia lógica de esta situación.
Quizá la explicación esté en que el PP está todavía demasiado pendiente de cómo reaccionar o de cómo administrar los coletazos de quienes fueron el lastre que les impidió obtener un resultado victorioso en marzo y demasiado poco de una acción pedagógica y política ante los electores, que son los únicos que pueden sacarles de esa agonía endémica en la que andan atrapados.
http://www.estrelladigital.es/ED/diario/52223.asp
viernes, noviembre 07, 2008
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