viernes, noviembre 07, 2008

German Yanke, Obama, ¿el amigo invisible?

Obama, ¿el amigo invisible?

GERMÁN YANKE

Viernes, 07-11-08
Subo al taxi, saludo, le doy la dirección de destino y el conductor me dice: «Oiga, ¿le dará un abrazo el mulato a Zacarías?». Me recordó aquel viejo chiste del parroquiano que se acerca al pianista para decirle «¿Sabe que el mono baja de la barra, da unos saltitos y mete las patas en su cerveza?» y el músico, impertérrito, le responde «No, pero si me la tararea...». Sin embargo, el taxista me la tararea sin pedírselo y me entero de que me está preguntando si las relaciones entre el presidente electo norteamericano y Zapatero serán ahora idílicas.
Desde la perspectiva de los socialistas españoles, todo el entusiasmo y la devoción por Obama («una nueva era», «él y el presidente español serán inmejorables aliados», etc.) parece ser visto como una cuestión personal de Zapatero ya que, hasta ahora, en la retórica gubernamental, las relaciones con EE.UU., más allá de los desencuentros políticos, eran envidiables y mejores que nunca porque prevalecía el carácter de «aliados» de ambos países. El propio Obama se refirió, aludiendo al hecho de recibir o no al presidente español, a que nuestro país era un aliado precisando que era miembro de la OTAN. Si el presidente electo ve las relaciones como un elemento de estabilidad entre socios, los hinchas de Zapatero quieren presentarlas como una supuesta complicidad personal basada en la hipotética coincidencia de dos figuras políticas.
No debe extrañar, desde el punto de vista socialista, porque las operaciones de comunicación pública del PSOE y del Gobierno están basadas en técnicas más comerciales que políticas y la marca que se promociona es la del presidente convertida hasta en siglas (ZP) para la cartelería y la venta instantánea. Cuando las cosas van mal, se trata de diluir la marca personal en la generalidad del Gobierno o del país, pero en cuanto se trata de presentar una actitud proactiva emerge el presidente como el único bastión de las campañas de imagsen: él, más que el PSOE, es el reformista: él, más que el Gobierno, trabaja por lo que nos conviene; él, más que España, debe estar en la cumbre de Washington; él, más que nadie, es el que coincide con el perfil de Obama y será su aliado.
La simpatía mutua y la buena conexión personal son siempre convenientes en cualquier tipo de relación, pero ni tenemos noticia de que el futuro presidente piense que Zapatero es su amigo del alma y su colaborador necesario para «cambiar el mundo», ni parece serio que las relaciones entre ambos países puedan funcionar sin que se concrete qué significa ser aliados y cuáles son los intereses coincidentes y discrepantes. España puede ser un aliado importante (en la OTAN) pero eso significará, entre otras cosas y como ya se va preparando, el aumento de envío de tropas, por encima de los límites ahora establecidos, en lugares como Afganistán.
«Cambiar el mundo» con la extensión de la democracia, a veces a machetazos, era la gran crítica al presidente Bush y a sus colaboradores más inmediatos. Si ahora se quiere modificar o, más bien, completar el poderío militar con una acción diplomática y comercial más intensa, los aliados deberán concretar sus objetivos, es decir, lo que se quiere cambiar y dónde, para que el resultado final no sea que cambie únicamente Occidente y su modo de entender el mundo y la política. España, con Obama o con cualquier otro en la Casa Blanca, no podrá estar al mismo tiempo y de igual manera con los regímenes populistas de los que ha querido ser amigo y con las aspiraciones occidentales en las que EE.UU. tiene un papel fundamental. España puede jugar un papel relativo pero destacable en las relaciones de Europa y EE.UU. con los países iberoamericanos que hasta ahora se han limitado a la condescendencia con las derivas autoritarias y un constante masaje relajante a Cuba, pero ahora debe analizar el impacto de las políticas proteccionistas de la nueva Administración norteamericana en muchas de aquellas naciones.
Son sólo unos apuntes de unas relaciones que tienen que cambiar y concretarse seriamente para que las cosas, si no el mundo, cambien un poco, para que «el amigo Obama» no sea sólo un «amigo invisible». El taxista sigue tarareando. «Yo creo que se abrazarán, pero todo seguirá igual».

http://www.abc.es/20081107/opinion-firmas/obama-amigo-invisible-20081107.html

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