lunes 9 de junio de 2008
Un asuntillo de perdedores
POR IRENE LOZANO
NO es justo que a los representantes de los 180 países reunidos en Roma para abordar la crisis alimentaria mundial se les acuse de inacción. En rigor, han realizado una contribución sustancial al problema: nada más clausurarse el cónclave de la FAO, los precios de los productos agrícolas volvieron a registrar un incremento récord. El arroz subió un 4 por ciento; y el maíz, un 5 por ciento, por mencionar sólo dos pequeñas vueltas de tuerca, indicativas de que los mercados han recibido sin interferencias el mensaje tranquilizador. Ante una proeza de este calibre no hay más remedio que quitarse el sombrero.
¿Cómo se las han ingeniado los delegados para explicar su postura con nitidez? Hay que reconocer que la tarea era complicada. A los productores de biocombustibles debían aclararles que las perspectivas de negocio siguen siendo buenas; a los especuladores de materias primas, que ningún organismo interferirá en sus operaciones; a los receptores de subvenciones agrícolas en los países desarrollados, que no se les dejará al socaire de la libre competencia internacional; a los monopolios de la distribución, que no se cuestionará su posición dominante ni mermarán sus beneficios. Por último, era necesario enviar un mensaje genérico a los ganadores del desgobierno económico global, para asegurarles que las instituciones internacionales van a seguir siendo inoperantes, siempre y cuando se ocupen de cosas como el hambre, un asuntillo de perdedores. Aquellas que tienen entre manos cuestiones importantes, como el Banco Central Europeo, seguirán disponiendo de autonomía, capacidad ejecutiva y liquidez para inyectar miles de millones de euros al sistema financiero de un día para otro.
El mensaje era poliédrico, la audiencia resultaba de lo más dispar: la misión se presentaba complicada. ¿Cómo obrar el milagro? ¿Con qué palabras enfrentarse a una subida media de los precios de alimentos básicos de un 80 por ciento en tres años, que amenaza con sumir en el hambre a cien millones de personas? Los delegados han necesitado días de reuniones, negociaciones, papeles y borradores para finalmente acordar una declaración en la que se comprometen, con toda solemnidad, a «luchar por todos los medios para erradicar el hambre» y a «buscar un comercio más justo». Chapeau!
Una vez más los gobiernos demostraron que se puede confiar en ellos: invariablemente envuelven sus crímenes en palabras hermosas. O, por decirlo con Étienne de la Boétie, son ese tipo de gente que nunca hará «mal alguno sin poner por delante algún bello discurso sobre el bien público y el alivio común». Ciertamente, como ya damos por desahuciados a los 800 millones de personas que padecen hambre crónica en el mundo, sería incongruente preocuparse ahora por sólo cien millones más. Los mercados respiran aliviados; el arroz, el maíz y la soja prosiguen su escalada. Celebremos este triunfo de la coherencia antes de que la nueva ola de hambre se convierta en un asunto monótono.
http://www.abc.es/20080609/opinion-firmas/asuntillo-perdedores_200806090246.html
domingo, junio 08, 2008
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