lunes, mayo 12, 2008

Pablo Sebastian, ¿Saben lo que hacen Zapatero y Rajoy?

lunes 12 de mayo de 2008
¿Saben lo que hacen Zapatero y Rajoy?
Pablo Sebastián
Ha llamado la atención el funeral “de Estado” que el Gobierno de Zapatero le ha otorgado al ex presidente Calvo-Sotelo, lo que obligará, como poco, a concederle a Adolfo Suárez, cuando llegue la hora, un nivel muy superior: ¿acaso de Jefe de Estado en el monasterio de El Escorial? La respuesta a esta interrogante, y a ciertas apariciones solemnes de Zapatero, como la presidencia del primer Consejo de Ministros por el Rey, que lo ha llenado de elogios diciendo que “Zapatero sabe muy bien hacia dónde va y para qué hace las cosas” —unos piropos que el monarca nunca le dedicó a Aznar—, tienen una explicación y responden a un calculado plan monclovita con el que, en esta legislatura, se quiere vestir la presidencia de Zapatero con aires de estadista, lejanos de los disparates infantiles e izquierdistas de los cuatro pasados años.
Zapatero, dice el monarca, sabe lo que hace y a dónde va, que es lo mismo que dice Rajoy de su propia persona cuando asegura “sé lo que hago”, como para tranquilizar a su gente por la profunda crisis del PP. Aunque, la verdad sea dicha, no estamos seguros de que Zapatero haya recuperado el sentido común, del que tanto habla Rajoy, ni que el líder del PP disfrute de dicha sensatez, porque lo que está haciendo con el PP está más cerca de la locura y fuera de la realidad. Pero nuestros líderes son así, y eso es lo que hay. Y si miramos al disparatado de Vitoria, Ibarretxe, o al taciturno y converso de Barcelona, Montilla, pues peor todavía.
En todo caso, puede que Zapatero todavía no sepa lo que hace, ni a dónde va, en la cuestión fundamental de la unidad e identidad nacional que tiró por la ventana en la pasada legislatura. Pero parece que se está aplicando y que, por su interés, se va a tentar la ropa antes de volver a disparatar. Y no sabemos si, como él afirma, ha aprendido de sus errores, pero desde luego el presidente Zapatero lo que sí sabe es que, en las circunstancias actuales, no debe mezclar la crisis económica, que avanza como un huracán por tierras de España, con las aventuras soberanistas de Ibarretxe y Montilla.
Por eso le acaba de decir al lehendakari en Baracaldo que no está dispuesto a dar un paso en falso ni a facilitar aventuras fuera de la legalidad, que es lo que ha propuesto Ibarretxe con su referéndum de autodeterminación y con otras demandas, por más que el lehendakari le plantee a Zapatero lo mismo que el PSOE parecía dispuesto a aceptar en las negociaciones con el PNV y Batasuna en Loyola en el otoño del 2006, poco antes de que ETA rompiera la tregua.
Lo que, siendo cierto, es agua pasada, y lo mismo le va a dar a Zapatero que desde el PNV se lo recuerden o que incluso hagan públicas las actas de Loyola, porque el PSOE sabe que, en este momento, lo que cuentan son los hechos. Y si Zapatero se enfrenta a Ibarretxe, mientras el Gobierno sigue cazando a etarras, los ciudadanos en general estarán al lado del presidente, aunque se hagan públicos unos documentos y las concesiones que Zapatero estaba dispuesto a hacer a ETA a cambio del fin de la violencia.
Y eso es lo que va a ocurrir, porque el PNV, en vez de aparcar al fracasado Ibarretxe, lo está arropando, a pesar de que saben que el lehendakari está acabado y que así ya no van a ninguna parte. Como acaban de entender que Zapatero le ha dicho al PNV que hablen con Patxi López de todos los asuntos vascos porque en Madrid no van a sacar nada más que no sea lo pactado en Euskadi con el PSE-PSOE. Y lo único que se puede pactar, a la vista está, es una pequeña reforma del Estatuto de Guernica que lo acerque al nuevo Estatuto catalán y poco más.
Y la misma firmeza que Zapatero exhibe en el País Vasco la piensa aplicar en Cataluña, con una reforma sin prisas del sistema de financiación de las Autonomías, donde los catalanes no conseguirán lo que pretenden, según se deduce de las declaraciones que emanan del Gobierno y que están haciendo mella en el seno del Gobierno de la Generalitat, y abriendo diferencias muy importantes entre el PSC y ERC que veremos hasta dónde llegan. Aunque de momento, por mucho que griten los nacionalistas, no da la impresión de que nadie en la Moncloa se vaya a asustar. Entre otras cosas porque saben, a la vista de la caída en picado de los nacionalistas en los últimos comicios, que los ciudadanos, como ha dicho Zapatero en Baracaldo, no quieren más aventuras y, sobre todo, están más preocupados por las crisis económica que por los Estatutos, que son cosas de los políticos.
Zapatero se está tentando la ropa antes de dar más pasos en el precipicio de la política española por el que deambuló, cual equilibrista temerario, en la pasada legislatura y sin caer por el terraplén de la derrota gracias a las facilidades que les dio el PP. Un partido, este, de la derecha española que todavía no digerido su fracaso electoral y que, como en el 2004, persiste en el error de dejar las cosas como estaban, es decir, con Rajoy al frente de un partido que no lo aprecia como líder, que sabe que es un perdedor, y que está convencido de que otros dirigentes, como Gallardón, Aguirre, Camps, etc., lo harían mejor que Rajoy, pero no osan dar un paso al frente, nadie sabe bien por qué.
Los viajes de Rajoy por provincias, buscando apoyos de compromisarios casi como un mendigo, en vez de empezar a hacer oposición, dan una pobre imagen de un político que ha sido incapaz de gestionar la derrota y que se esconde, en el aparato, protegido por barones periféricos que, como Camps o Arenas, se están haciendo cómplices de la grave crisis del PP. La que no tendrá fin si Rajoy es reelegido a la búlgara, porque cualquier tropiezo, por pequeño que sea, como líder del partido y de la oposición se convertirá en un gran escándalo y por todas partes le volverán a pedir la dimisión. Y que no se compare Rajoy con Aznar o González, cuando intentaron por tercera vez la victoria electoral, porque ninguno de estos dos tenían alternativas en sus respectivos partidos, y a Rajoy le sobran candidatos en su oposición.
Y además Rajoy no sabe lo que hace, y que se cuide Gallardón de subirse a ese carro de la farsa, donde ya se ha sentado en el pescante González Pons, porque el día menos pensado todos ellos, juntos y sin eximente para nadie, se pueden despeñar. Rajoy no sabe lo que hace y Zapatero parece que, al menos, está empezando a rectificar y a disfrazarse de estadista, convencido de que el hábito hace al monje y que en estos tiempos de mudanza económica y crisis social no hay tiempo para divagar, y menos aún para arriesgar.

http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=12/05/2008&name=manantial

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