viernes 9 de mayo de 2008
Playas familiares
Juan Urrutia
L A plataforma alicantina “Playas Familiares” ha recogido la nada desdeñable cantidad de diez mil firmas contra el uso del tanga y la práctica del top less en las playas de la zona. El objetivo: proteger a la infancia. A pesar de que el tema se presta al cachondeo, intentaré moderarme. Realmente me parece penoso que se consideren determinadas partes del cuerpo como nocivas. Ver a una mujer desnuda no causará trauma alguno en un niño de tres años, en todo caso lo alejará del estereotipo de español alfredolandista que se ruboriza y balbucea ante un escote cualquiera, es sano que desde jóvenes las personas aprendan a ver con naturalidad la desnudez, previene la depravación perruna. ¿Qué convierte a los senos femeninos en algo reprobable e impuro? Dirán algunos que eso “son cosas de mayores” olvidando que uno de los primeros y más enternecedores actos que realiza un ser humano es el mamar o ser alimentado por su madre haciendo uso de ese órgano glandular y obsceno en Alicante. La obsesión de la sociedad española por el sexo, reminiscencias del pasado, sigue dando la lata. Cualquier parte del cuerpo humano considerada erótica es automáticamente censurada. Ni lo erótico es malo, ni todo lo que se supone picante es tan perturbador. Todo depende de nuestra perspectiva al respecto. Sólo es pecaminoso, verde y cochino si se trata de senos femeninos, como si los hombres no poseyéramos dicha musculatura pectoral. En más de una ocasión he expresado mi absoluta fe y convicción en la igualdad entre hombres y mujeres. El problema suele ser que “igualdad” a menudo se confunde con ser todos iguales en el sentido sectario de la palabra y como me niego a darme un bañito en las bravías playas cantábricas ataviado con el correspondiente biquini que pretenden obligar a vestir a mis iguales, las mujeres, he de aborrecer este atentado contra la libertad de imagen de veinte millones de españolas. ¿Fueron las habitantes precolombinas de las impenetrables selvas amazónicas pervertidas, tremendas degeneradas, por pasear con sus pechos al aire? No, lo fueron aquellos señores enlatados y peludos que vieron mal donde no lo había y pasaron a cuchillo a todo pichichi. Parece que no hemos cambiado mucho desde aquel año 1492 en que nos tropezamos con América, rompiéndola del brutal choque. Seguimos pensando que nacemos con partes malévolas y vergonzosas que es necesario esconder. Pregunto, inocente y rebosante de candor, ¿qué tienen las tetas de una mujer que las haga más peligrosas que las de un hombre?
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4610
viernes, mayo 09, 2008
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