viernes 9 de mayo de 2008
Mayo, un mes importante en nuestras vidas
Félix Arbolí
H A comenzado mayo y el tiempo parece que tiende a mejorar. La primavera va ganando la batalla al invierno y casi domina la situación ampliando los espacios de luz y la diversidad de los colores ambientales. Ante tanta maravilla el sol parece más complacido cuando se asoma a nuestra parcela del Planeta y nos reconforta con su calor y luminosidad prolongando sus horas de actividad antes de su descanso nocturno. Es la estación del amor, de la aparición de las flores, de los cielos azules y verdes campos y de la encendida pasión de los enamorados que se alteran ante tanta belleza exhibida. También lo es de las alergias y del cambio brusco y continuo en nuestro vestuario, hoy mangas cortas, mañana chaquetas y paraguas. En resumen, una etapa de transición entre el frío invernal y el caluroso verano Tiempo de cambios y trastornos que influirá notablemente en nuestras vidas. Hasta la edad de las mujeres jóvenes, como un piropo galante y postinero, se mide en primaveras, porque no se ha encontrado un símil más apropiado para dar por sentadas su belleza y lozanía. Como hombre siempre enamorado de la mujer, a pesar de que los años no perdonen y las pasiones se enfríen, me encanta y entristece a un tiempo este periodo del año, ya que me produce nostalgia de un ayer lejano y vigoroso, cierta amargura ante un presente de sueños casi olvidados y anhelos inalcanzables y un futuro que me aterra por un panorama carente de ilusiones. Es el tiempo también de las Primeras Comuniones. Una fiesta religiosa llena de simbolismo que de manera generalizada hemos convertido en una exhibición de lujos y detalles, en un quiero aunque no pueda, para apabullar al vecino y hacer de nuestros hijos y nietos una especie de muñecos de feria. A nadie parece interesar, salvo honrosas excepciones, el significado de ese momento en que Jesús les visita por primera vez y se convierten en portadores del Valor más hermoso a que se puede aspirar. Tras ese día de fervor y de agasajos, el chaval se olvidará de renuncias y promesas y no volverá a ser estimulado para que repita esa maravillosa experiencia porque ya ha quedado guardado el uniforme de almirante de él o la blanca gala de ella, que era lo que realmente importaba y diferenciaba al día de autos. Ya han cumplido con la sociedad y han quedado bien ante los curiosos e invitados. Lo demás carece de importancia en sus esquemas. Por llegar a poder superar felizmente esa “feria de las vanidades”, han debido soportar la “insufrible molestia” de tener que llevarlos a la catequesis durante esos meses de preparación para recibir a tan importante visita. Los católicos en gran parte y desgraciadamente, se han vuelto acomodaticios, llenos de prejuicios, no muy firmes en sus creencias y poco amantes del cumplimiento de sus deberes y ritos. Y soy el primero en reconocerlo y entonar el “mea culpa”, aunque desearía no tener que hacerlo. Recuerdo de mis tiempos escolares que éste era el mes que dedicábamos a la Virgen y todos los días íbamos con nuestro pequeño ramo de flores para ofrecérsela a su Imagen en la capilla. Ella llenaba nuestros días y protegía nuestras noches. Era la devoción más bonita y sincera que he sentido en mi vida. Nada extraño a los que hemos sido educados en los marianistas del Padre Chaminade. A veces, hasta llegaba a creer que era más fervoroso con Ella que con su Hijo y cuando se lo decía al confesor, me tranquilizaba al indicarme que honrar, venerar y amar a su Madre, era la mejor demostración de cariño que podíamos hacerle a su Hijo. Nunca me he dormido, ni en las noches de amor ilícito, sin rezar mis jaculatorias a la Virgen. Pudiera parecer una profanación o un contrasentido, pero siempre he pensado que lo importante era que mis últimas palabras de cada día fueran para Ella y aún continuo con esa costumbre, jamás interrumpida, salvo el periodo que estuve en coma en el hospital. Pienso que en este nuevo mes, se iniciará también un cambio en mi existencia y espero que a mejor, o al menos esa es la impresión que deseo tener. Que con las lluvias de abril, se haya ido el mal fario que me ha estado jorobando desde principios del pasado año hasta finales del pasado mes. Yo creo que cinco muertes son más que suficientes para amortizar mi cuenta personal de tragedias y mi contribución a Caronte. Muertes todas ellas, directas y muy sentidas, que no es lo mismo que se muera el vecino de enfrente, (¡pobre hombre!), que dos cuñados, suegra, hermano y tío carnal. Aunque toda desaparición de un ser humano sea un hecho lamentable, sentido y emotivo. He iniciado mayo con entusiasmo y buen ánimo, a pesar de tener los pronósticos en contra, ya que con tan malos días vividos y tan nefastos aconteceres padecidos, creía que me iban a quedar peores cicatrices. La aparición de mis rosas rojas y amarillas en las macetas de la ventana, al igual que vienen haciendo desde hace ya diez años, me ha alegrado la vista, despertado los sentidos y me han hecho ver que por encima del daño y la tragedia, Dios sabe colocar belleza y colorido para que el hombre atribulado recobre su esperanza y no pierda sus ilusiones. Una especie de velo o armadura, según las circunstancias, para ocultar o aminorar la pena o intentar dulcificarla. Por algo es un Ser infinitamente misericordioso. Se que esta vida es un tránsito hacia otro lugar infinitamente mejor y libre de problemas y asperezas y ello me anima a pensar y animarme de que el que se muere es el afortunado y el que se queda, un pobre infeliz que continua su vida errática e indecisa esperando que le llegue a su vez la hora de la verdad y nunca mejor empleada esta palabra. Sinceramente, cuando pienso en los seres queridos que se han ausentado de este mundo y ya conocen la realidad de lo que hay más allá de la vida o de la muerte, siento cierta envidia de ellos porque han logrado descifrar el tremendo misterio que tiene atormentada a la Humanidad desde sus primeros balbuceos históricos. Considero asimismo como una admirable lección de humilde realidad ver que toda una vida con sus luchas, esfuerzos, risas y alegrías, queda reducida a una pequeña urna llena de cenizas, que el viento del campo o la brisa del mar harán volar y desaparecer mezcladas con la tierra o marineando a lo largo y ancho de un río o mar, según haya dispuesto el difunto. Yo, si cumplen mi voluntad, sumergido en mi inolvidable bahía gaditana o cubriendo los romeros y eucaliptos de mi añorada Chiclana. Aunque una vez muerto, poco le importan al difunto lo que hagan con sus restos y más si éstos caben en un bote de tan limitadas proporciones. . Mayo, este bonito y alegre mes, refiriéndome una vez a la dichosa política, será el que marque el rumbo a seguir en ese troceado y confuso Partido Popular tan lleno de perplejidades y conspiraciones internas. Rajoy y sus nuevos y actuales mosqueteros, continuarán su lucha contra el Richelieu de turno y su “Milady” amenazante y junto a los descontentos que abandonan el barco presintiendo el naufragio, intentarán defenestrar al líder, hasta ayer indiscutible. Y a este empeño cada vez más generalizado, digan lo que digan públicamente unos y otros, parece que se suman los viejos halcones que han regresado a los azules espacios de la indecisa gaviota, dispuestos a hacer prevalecer sus criterios y experiencias. Mayo será un mes muy significativo y concreto en la vida de esta agrupación política de cara a ese congreso que van a celebrar el mes próximo, unas primarias a la española donde ganará posiblemente el que menos suene en estos momentos. Porque la política es así de sutil, artificiosa y baladí. Que acierten o no, ya lo decidirán las urnas dentro de tres años largos.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4606
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