sabado 16 de diciembre de 2006
Quinta conversación sobre el rey de todos los españoles
Antonio Castro Villacañas
M i amigo el marino, como otros muchos militares y miles más de españoles civiles, siempre ha sido un monárquico fiel a la dinastía borbónica llegada a España hace ya trescientos años. Uno de estos días, en la tertulia de cada mañana aprovechó que el profesor de lengua incluyera entre los -a su juicio- errores cometidos por don Juan Carlos el de faltar al público juramento hecho por nuestro rey a los principios de la Falange, para mostrarnos otra vez su esencial lealtad política. - Pero vamos a ver -dijo-, si el Rey no le debe nada a la Falange... Si acaso, desplantes y ofensas por parte de los ministros del Movimiento cuando él era un mero Príncipe aspirante a en su día poder sentarse en el puesto que ocupaba Franco... Además, todos sabemos que la Falange nunca ha sido monárquica. Ni siquiera lo fue José Antonio, su fundador, a pesar de ser marqués de Estella. Tan tajantes afirmaciones alborotaron nuestro habitual pacífico gallinero hasta el punto de que cuantos como nosotros estaban en aquel momento tomando café o el aperitivo en el acogedor bar de siempre, dejaron por unos instantes de hacerlo para mirarnos... Me pareció oportuno apaciguar los ánimos: - Bueno, vamos a examinar los hechos -impuse-, porque a mí me parece que todos tenéis algo de razón y todos estáis en parte equivocados. Veamos... Atendedme, por favor... Lo primero que conviene reconocer es que don Juan Carlos nunca ha jurado los Puntos Fundamentales de la Falange. - ¿Que no? ¡Dos veces! -saltó el ferretero, alzando los brazos. - Ninguna -insistí yo. - Pero si salió en todos los periódicos y lo vimos por la tele... -argumentó el boticario. - Estáis equivocados. Lo que Juan Carlos juró en dos ocasiones, la primera al aceptar ser sucesor de Franco en la Jefatura del Estado, y la segunda, tras morir el Caudillo, para poder ser proclamado Rey de España, no fueron los 27 puntos iniciales de la Falange, sino un texto que recogía en parte la redacción y el contenido de algunos de esos puntos, pero no del todo ni de forma inequívoca... A ese nuevo texto se le bautizó y se le utilizó como Principios Fundamentales del 18 de julio o del Movimiento Nacional. Eso es lo que juró don Juan Carlos: los fundamentos ideológicos del Estado que Franco había creado. No juró los principios fundamentales de la Falange, del nacionalsindicalismo. - Bueno -aceptó el médico-, está claro que no es igual pero en la práctica... - En la práctica, tampoco -insistí-; porque si se puede decir con justicia que don Juan Carlos fue mucho tiempo franquista, también es justo decir que nunca ha sido falangista. Y ese matiz tiene muchas y distintas consecuencias políticas. El marino, sintiéndose en parte fortalecido, reafirmó sus anteriores aseveraciones: - Es que ni la Falange ni sus fundadores -dijo-, ni siquiera José Antonio, fueron nunca monárquicos... - Maticemos, maticemos... -le corté yo-. José Antonio fue uno de los fundadores y directivos de la Unión Monárquica, organización política que desde la caída de la Dictadura hasta la llegada de la República hizo cuanto pudo para sostener la Monarquía de Alfonso XIII. Una monarquía renovada, diferente de la que el propio rey quería; pero una monarquía. José Antonio se apartó de esa Unión cuando se dió cuenta de que poco a poco sus principales dirigentes volvían a incurrir en los viejos defectos monárquicos de ser clasistas y antiguos. Pero nunca dejó de ser monárquico, ni siquiera cuando comprobó que Alfonso XIII, tras utilizar a su padre, el marqués de Estella, para crear y mantener la Dictadura, y beneficiarse de ella a lo largo de siete años, lo dejó tirado en cuanto la vió en peligro, y maltrató la figura del general Primo de Rivera tras su muerte. - Exageras -me advirtió el veterinario. - Yo creo que no, pero puede ser que sí. De todas maneras no creo que valga la pena discutir ahora sobre si se llevaron bien o mal don Miguel Primo de Rivera y Alfonso XIII... Más interesante me parece recordar que fueron las hermanas de José Antonio, y no ninguna de las altas damas de la aristocracia madrileña, quienes despidieron a la reina y a los infantes el 15 de abril de 1931, acompañándoles hasta El Escorial, donde subieron al tren del exilio. Porque sí merece la pena tener en cuenta que la práctica totalidad de los monárquicos se escondieron esos días en sus casas, o donde fuera, y abandonaron la Familia Real a su suerte. Esta vez no me interrumpió nadie. Animado por su sliencio, continué: - La Falange nunca ha sido monárquica, pero en sus comienzos estuvo integrada, e incluso dirigida, por más de un monárquico fervoroso. Ahora me saltan a la memoria los nombres del aviador Ansaldo, ese que años después se mató en Lisboa cuando traía en su avión al general Sanjurjo para que éste -uno de los primeros acatantes de la República el 14 de abril- se pusiera al frente del alzamiento del 18 de julio... Y el del marqués de la Eliseda, que estuvo con José Antonio hasta finales de noviembre de 1934. Haciendo historia, encontraría otros muchos; y también otros tantos que se quedaron en ella para siempre... - Estaba mucho más cerca del socialismo que de la Monarquía -reiteró el marino. - ¿Qué clase de cinta métrica hemos de utilizar para medir eso? -interpuso el médico. - Es posible -dije yo- que éste tenga razón, porque a partir de la fusión de Falange con las JONS se acentuó su preocupación social y su republicanismo. Ramiro Ledesma no era nada monárquico, y no estoy seguro de que lo fueran Onésimo Redondo o Juan Aparicio, por ejemplo, pero sí me consta que siempre lo fue Jesús Suevos... Si os vale mi impresión personal, yo creo que la definición republicana de la Falange se fue haciendo poco a poco, con el tiempo y con la llegada de los más jóvenes, que no eran partidarios de una República, de derechas o de izquierdas, como la que hubo en aquel quinquenio, pero tampoco querían volver a una Monarquía, sino implantar un Estado Nuevo... - Pero Franco sí que fue siempre monárquico -explicó el del Ayuntamiento. - Para mí, ese es uno de sus defectos, -le contesté. - Tampoco fue falangista -afirmó el veterinario de modo rotundo. - Bueno, sobre eso -dije yo-, me parece que podemos hablar mucho otro día, si queréis hacerlo. Hoy creo que nos conviene aclarar lo que habíamos iniciado. Por eso estimo que conviene tener claras dos cosas. Una es que José Antonio definió el republicanismo de aquella Falange, la de antes de la guerra, y el de la que vendría después, en su discurso del cine Madrid, en febrero o mayo del 35. No recuerdo, lo comprendéis, con exactitud cuanto dijo, pero sí el sentido de su intervención. Poco más o menos, ésto: los falangistas entendemos, sin sombra de antipatía o rencor, incluso muchos con mil motivos de afecto, que la Monarquía española cumplió su ciclo, se quedó sin sustancia y cayó, como cáscara muerta, el 14 de abril; hacemos constar su caída con toda emoción, respetamos a los monárquicos que luchan por su reconquista; pero los falangistas, aunque nos pese, aunque dentro de algunos se alcen reservas sentimentales o nostalgias respetables, no podemos ni debemos lanzar el ímpetu de la juventud para el recobro y el sostenimiento de una institución que juzgamos fenecida. Hubo otros pocos segundos de silencio. Lo rompió el albéitar con un asentimiento y una pregunta: - La cosa está clara en cuanto se refiere a José Antonio y su Falange, pero tú -me señaló con la mano- has dicho que deberíamos también tener siempre en cuenta otra cosa... ¿Puedes decirnos cuál es? - Que el 18 de julio no fue un alzamiento monárquico, ni siquiera antirepublicano. No eran nada de eso sus principales organizadores y dirigentes antes y después del 18 de julio... El alzamiento se organizó y se hizo en contra de la República del Frente Popular y para impedir que ésta degenerase en una República marxista, próxima o semejante a las soviéticas. Otra cosa es que en el golpe participaran personas y fuerzas de signo onárquico, poco numerosas las seguidoras de Alfonso XIII y muy populares y extendidas las carlistas... Seguimos hablando mucho tiempo, ese mediodía y en los siguientes, del mismo tema. Cuanto dijimos lo contaré en esta página, si Dios quiere, la semana próxima.
viernes, diciembre 15, 2006
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