miércoles, diciembre 06, 2006

Luis Pousa, Los socavones del Salnés

jueves 7 de diciembre de 2006
LUIS POUSA
CELTAS SIn FILTRO
Los socavones del Salnés
Ni siquiera Hegel ni Fukuyama, pese a pronosticar el primero y sentenciar el segundo el final de la Historia, se hubieran atrevido a tanto. Nadie por estos pagos ha ido más lejos que quienes parecen haberse confabulado para poco menos que decretar el final de la política. Y, aunque el lector se lo tome a broma, a la vista está que algunos dirigentes conservadores no cejan en el propósito de alcanzar el proceso de síntesis que reduce todo cuanta catástrofe, accidente o hecho negativo sufre Galicia a una sola causa, los incendios forestales de agosto, y a un unico culpable, el Gobierno bipartito que preside Emilio Pérez Touriño.
Así resulta que la estrategia de acoso y derribo contra los actuales ocupantes de Monte Pío y San Caetano se concentra en un discurso binario, que responde a una única cuestión: ¿tal o cual acontecimiento es consecuencia de la ola incendiaria de agosto?, con dos valores "sí" o "no" como respuesta, que en el transcurso de la cuantificación de los estados posibles del modelo deben quedar reducidos a uno: "sí" o "sí".
¿Las primeras riadas sufridas por Cee, Baiona y otros villas de la costa gallega son consecuencia de la deforestación sufrida por el fuego? "Sí". ¿Y las siguientes inundaciones? "También, sí".
De poco sirve que los expertos se inclinen por una casuística multifactorial. En la que, además del problema derivado de la menor retención del agua de las lluvias por los suelos quemados, destacan, entre otros, la intensidad del agua caída y una construcción a salta de mata que se tomó a chiste la naturaleza. Y no es que no se puedan canalizar los riachuelos, pues casos hay en que eso es lo conveniente, pero haciéndolo bien y con xeito para que luego no surjan sorpresas muy desagradables y costosísimas.
Hacer urbanismo es bastante más que dar satisfacción al negocio inmobiliario. De hecho, debería ser el propio sector el más interesado en aplicar y defender el principio de sostenibilidad, pues en su virtuosismo radica la mejor defensa del negocio.
La última incorporación a este peculiar proceso de síntesis metapolítico son los socavones de la vía del Salnés: como en los anteriores casos, el desaguisado está provocado, según aquellos, por los incendios forestales. De manera que el debate entre la oposición y el Gobierno tampoco encuentra aquí otro estado posible que no sea el ya consabido.
En un alarde de pereza analítica, el diputado Alejandro Gómez establece el silogismo de que si, en las riadas de otoño del 2000 e invierno del 2001, esa estructura viaria soportó la presión de las aguas, la única explicación, de por qué ahora se hunde y antes no, son los efectos provocados en el terreno por los incendios del verano y las obras de ampliación de la autovía. Explicación binaria -en la que coinciden con él otros compañeros de filas- que obvia todo lo referente al desgaste y deterioro de los materiales en el transcurso del tiempo, más aún si son inadecuados.
Siete años, de 2000 a 2006, son un período más que suficiente para que unos tubos de metal hayan pasado de estar figuradamente bien a efectivamente mal, pues a fin de cuentas el envejecimiento y la corrosión de los materiales no es lineal y regular, sino acelerado y acumulativo. Pero la lógica no es una herramienta apreciada por quienes aspiran a la defunción del debate político.

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