La difícil situación nacional exige volver a ciertos consensos básicos
Elsemanaldigital.com
7 de diciembre de 2006. Este año la tradicional recepción que se celebra en el Palacio de las Cortes para celebrar el Día de la Constitución se ha visto marcada por las gélidas relaciones entre el Gobierno y la oposición, que han llevado a que el presidente del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder del PP, Mariano Rajoy, ni siquiera se saludasen. Conscientes de lo anómalo de tal situación, ambos han hecho apelaciones al diálogo, pero ha sido Rajoy el que de una manera más explícita ha enunciado los puntos en los que sería urgente el restablecimiento de los puentes entre los dos partidos: política antiterrorista, modelo de Estado, historia de España.En cualquier democracia desarrollada es normal que el Gobierno ejecute su programa y la oposición lo impugne. Si todo se consensuase, el contraste político desaparecería y con él la propia democracia. Pero es una experiencia sobradamente conocida que hay cuestiones fundamentales sobre las que tiene que existir acuerdo, al menos de mínimos, entre las fuerzas políticas con posibilidades reales de acceder al poder, porque, de lo contrario, el sistema democrático no podría subsistir. Con tanta apelación a una "memoria histórica" sesgada, parecen haberse olvidado las grandes lecciones contrapuestas de la II República española y de la reciente Transición a la democracia.A veces se escuchan en los medios de comunicación voces pretendidamente neutrales y equidistantes que intentan repartir por igual la culpa entre el Gobierno y la oposición por la situación de enfrentamiento total a la que hemos llegado. Sin embargo, la más elemental ecuanimidad obliga a destacar que no ha sido el PP quien ha puesto en duda las bases del consenso constitucional de 1978, sino el PSOE de Zapatero por su escoramiento hacia las posiciones de fuerzas radicales a las que no es exagerado calificar de antisistema, como los nacionalistas y los grupos de extrema izquierda que nunca han aceptado –o lo han hecho a regañadientes– la vigente Constitución.Por eso los tres puntos enunciados por Rajoy son la clave de cualquier intento serio de reconducir la situación: no cabe negociar asuntos políticos con una organización terrorista, ni siquiera aunque de verdad estuviese dispuesta a abandonar definitivamente el crimen; el modelo de Estado es una cuestión constitucional sobre la que debe tener la última palabra el titular de la soberanía, que es el Pueblo español en su conjunto, lo que supone que no puede ser alterado por una mayoría parlamentaria circunstancial, y mucho menos por un Parlamento autonómico de forma unilateral; y nuestra actual democracia se funda en la superación del enfrentamiento entre españoles que dio lugar a la Guerra Civil de 1936, y no en la continuación del proyecto de ninguno de los dos bandos de aquélla.No hay que llamarse a engaño: una gran mayoría de ese 80% de los españoles que vota al PSOE y al PP comparte los principios mencionados, y cuanto más se aleja en el tiempo el anormal escenario en el que llegó al poder Zapatero, más extravagante aparece su radicalismo y el de sus aliados parlamentarios, y más inevitable se hace una vuelta a ciertos consensos básicos con la oposición.
miércoles, diciembre 06, 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario