domingo, diciembre 03, 2006

Jose Vilas Nogueira, Hola Cervantes, adios Nobel

lunes 4 de diciembre de 2006
JOSÉ VILAS NOGUEIRA
memoria de los días
Hola Cervantes, adiós Nobel
En un artículo de hace dos o tres meses evocaba, entre otros recuerdos de mi adolescencia leonesa, el de la revista Espadaña. En ella publicó alguno de sus primeros poemas Antonio Gamoneda. Posteriormente, como es natural, he sabido que el poeta se ha convertido en un escritor importante. Pero no creía que tanto como para obtener el Cervantes. Otro de los candidatos al premio era Caballero Bonald.
Como no sigo la poesía, si aquí, como en Inglaterra, se apostase sobre estas cosas, me hubiese jugado los cuartos por el segundo, al que reputaba mejor poeta, aunque peor persona. Claro que, seguramente, el problema reside más que en mis limitados conocimientos poéticos en mi ignorancia de las interioridades del poder. Pues que el que tiene padrino se bautiza, y resulta que el poeta leonés lo tiene y de la mayor calidad. Gamoneda es fiel y amigo del gran demagogo; lo cual que el discernimiento del premio fue emotivo, entrañable y provincial (que de tan subordinada categoría no han pasado los leoneses).
Y aunque Caballero Bonald no sea hospiciano del poder, no tenía padrino, sino madrina. Ruindad sería negar a su madrina gracias y encantos. Y estupidez ignorar su poder. Pero, por mucha cuota que gaste y muchos faralaes de realidad nacional que luzca, la ministra dixi y pixi, puede menos que su jefe. Mis condolencias, don José Manuel, pero no se atriste, hombre, que la demagogia progre no olvida nunca a la altruista gente de la cultura.
Desvivido el gran demagogo en premiar a sus amigos, amenaza quedarse él mismo sin premio. Pues es secreto a voces que acariciaba la ilusión de obtener el Nobel de la Paz, en congrua recompensa a sus esfuerzos por conciliar con Batasuna-ETA. Pero ¿quién podrá conocer los arcanos de la cofradía socialista? Y aún en el venturoso caso de encontrar a alguno de los escasos sabios versados en estos misterios, difícil sería que un hombre común, como yo, pudiese resistir tales revelaciones. Como Moisés, no osaré mirar el rostro del Señor (Éxodo).
Sumido en el mayor desconcierto, constato que la productora audiovisual de la cofradía socialista viene de editar un vídeo, según el cual la política del Gobierno actual respecto del terrorismo vasco ya había sido anticipada por Aznar. No me lo puedo creer; me froto los ojos, me pellizco, me refresco la nuca con agua helada. Inútil, el vídeo de Pepiño Blanco no puede mentir. Las imágenes, los discursos, están ahí, objetivos, incontrovertibles. El gran demagogo no hace otra cosa que seguir la senda de Aznar. Ahora que las cofradías socialnacionalistas me habían convencido de que Aznar era un fascista, un liberal (¿cómo se puede ser fascista y liberal al mismo tiempo es uno de los misterios -dolorosos- del credo progre), de que Aznar era un asesino, los propios cofrades mayores (y los menores), los archimandritas y otras dignidades proclaman seguir su senda.
Flaco favor ha hecho el gran Pepiño al gran demagogo. Como los de la Academia noruega (el Nobel de la Paz, a diferencia de los otros, no lo otorgan los suecos, sino los noruegos) vean el vídeo, ni Premio, ni pedrea. Y lo que es peor, le pueden dar el Nobel a Aznar. Me estremezco con sólo pensarlo.
Es más un ilustre cofrade honorario, doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de Madrid, con el aplauso unánime de la sensible gente del establishment cultural, Santiago Carrillo, ha ido más allá que el vídeo: el gran demagogo ni siquiera ha igualado a Aznar. Y algún terrorista, espejo y crisol de demócratas, es de similar opinión. ¡Cosas veredes!, dijo el otro. ¡Pero, como éstas!

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