Barcelona no se puede convertir en el paraíso de los "okupas"
Elsemanaldigital.com
8 de diciembre de 2006. Lejanos los días en que Barcelona asombró al mundo entero con la ejemplar organización de unos Juegos Olímpicos en los que se volcó toda España, la Ciudad Condal lleva una temporada en la que su aparición en la primera plana de la actualidad mediática no se debe precisamente a acontecimientos venturosos como aquél. Primero fue el hundimiento parcial del barrio del Carmelo y después, con rebrotes periódicos, la violencia "okupa", cuyo último episodio se ha producido recientemente con la ocupación ilegal de la antigua fábrica de Can Ricart, en el barrio de Poblenou.Igual que detrás de los sucesos del Carmelo hay unas evidentes responsabilidades políticas que nunca se han depurado, también buena parte de la culpa de que una ciudad de la entidad de Barcelona se haya convertido en el paraíso de los "okupas" recae sobre una clase política que, con escasas y meritorias excepciones, se ha convertido en un triste ejemplo de tolerancia con la ilegalidad y de alejamiento de las preocupaciones de los ciudadanos normales.Ni las autoridades de la Generalitat, entre las que se ahora se halla el nuevo conseller del Interior de la Generalitat, Joan Saura, conocido defensor del movimiento "okupa", ni los responsables municipales han reaccionado hasta el momento con la energía debida ante unos actos en sí mismos ilegales, que no pueden tener nada de admirable en un Estado de Derecho, y de los cuales sólo se derivan molestias para los vecinos y perjuicios para la imagen de la ciudad que los sufre. Y la permisividad de ciertos jueces, ganados por el ambiente político de impunidad hacia los "okupas", no ayuda precisamente a corregir esta anómala situación.Atenta contra el sentido común que alguien pueda creer que unos personajes violentos, entre los que ha habido incluso etarras y que convierten la ilegalidad en su modo habitual de actuación, merezcan ser tratados como interlocutores políticos válidos, y menos en relación con un problema de la complejidad que presenta el de la vivienda. En este sentido, roza el esperpento el sorprendente espectáculo que hace unos días ofreció el representante de la ONU venido a estudiar el mercado inmobiliario en nuestro país, haciendo causa común con los "okupas" barceloneses después de permitirse unas aventuradas afirmaciones sobre el sector que había venido a conocer.Sólo el presidente del PP en Barcelona y cabeza del grupo municipal de su partido en el Ayuntamiento, Alberto Fernández Díaz, ha tenido el coraje de denunciar desde el principio lo que está sucediendo y defender sin ambages la única solución posible frente a este tipo de situaciones, que es el desalojo inmediato de quienes ocupan ilegalmente la propiedad ajena. Así lo exige el restablecimiento de la imagen y del papel que le corresponde a una gran ciudad como es Barcelona, en la que ya ni siquiera se pueden celebrar cumbres europeas por miedo a los violentos.
viernes, diciembre 08, 2006
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