domingo, noviembre 09, 2008

Tomas Cuesta, Montilla, el "caganer" y el "cacaner"

Montilla, el «caganer» y el «cacaner»

TOMÁS CUESTA

Lunes, 10-11-08
Pueden apostarse lo que quieran (pajaritos contra corderos, con retintín chulesco) a que, este año, el «caganer» de Obama se va a vender en Cataluña igual que el pan caliente. El «caganer», como saben, es esa figurilla del pesebre que, según dicen, pone una nota humana en el misterio inabarcable del Advenimiento. «Humano, demasiado humano», sentenciaría Nietzsche, tapándose la nariz con un pañuelo. Antaño, el que encarnaba el personaje era un payés hecho y derecho —con barretina, faja y espardeñas— que solventaba el apretón mientras sumía en un aprieto a los ingenuos pastorcillos y a las virtuosas lavanderas. ¿Se imaginan al padre Freud desenredando la madeja? Acabaría poniendo al perverso polimorfo a dieta de «botifarra amb seques». Ahora, sin embargo, el payés empuja menos y el «caganer» tradicional ha cedido su asiento a diferentes personajes y distintas urgencias. Obama o la rabiosa actualidad. El nalgatorio de Benedicto XVI o el ramalazo de estupidez irreverente. No existen límites si el objetivo es hacer ruido y despertar la risa floja de los modernos de diseño: «No hay contento en esta vida / que se pueda comparar / al contento que es cagar». Ya lo dijo el filósofo por boca de Quevedo.
Pero, dejando a un lado la dimensión escatológica de ciertas tradiciones navideñas, lo que resulta meridiano —a ojo de buen culero— es que la Cataluña de hoy en día es un pesebre descomunal y herético. El «president» Montilla, que hace el papel de Herodes con el fervor indeclinable que caracteriza a los conversos, no ha llegado al extremo de ordenar a sus verdugos que les rebanen el gaznate a los santos inocentes; a aquellos desdichados que no están en el secreto e ignoran todavía que hay regiones en las que el estado de derecho es una inocentada burda y manifiesta. Claro que el rey Herodes ya no es el que era y se conforma, de momento, con cortarles la lengua. La Sagrada Familia, por su parte, ha huido del portal, no a lomos de un asnillo, sino de un autobús de japoneses. Y el incienso y la mirra de los Magos de Oriente sirven para abonar el servilismo de los medios. ¿Y el oro? ¿Qué pasa con el oro, que es, de cabo a rabo, la clave de este enredo? Ahí está el busilis, el quid de la cuestión y la madre del cordero. «Salut i força al canut!», reza el refrán vernáculo con torcida exigencia. («Força al canut», por cierto, significa que engorde el canuto de billetes y no lo que tantos piensan). Es obvio que los pesebres se colapsan en cuanto escasea el pienso y que los corazones laten al compás de las carteras. Pero pierdan cuidado, no hay ningún problema. El oro llega desde Madrid puntualmente y con largueza. No obstante, las plañideras oficiales —a fin de preservar el victimismo, que es otra tradición que les sale del vientre— se quejarán por vicio, por costumbre y por-su-puesto. Vamos, por presupuesto.
En el desangelado pesebre de Montilla únicamente quedan los ángeles de pega que le doran la píldora, tragan lo que les echen y no les duelen prendas por lucir de lacayos con librea. Lacayos sin conciencia y viceversa: lacayos a conciencia. Total, que más les da. Mientras les luzca el pelo... Quienes abrevan en el barril de amontillado son los representantes de una terna mediocre, emasculada y obediente: chupópteros mediáticos que pregonan las mieles y silencian las hieles, «caganers» adiestrados que plantan el zurullo donde mejor convenga y borregos a manta, a mogollón, a espuertas que han encontrado en el rebaño la justificación de su existencia. La destilación metódica y la sublimación de todos ellos ha propiciado la aparición del «cacaner», ingeniero de almas, vigía de cerebros, guardián de las esencias. Los «cacaners» del CAC (Consell Audiovisual de Catalunya) han despojado a los propietarios de ABC de tres emisoras radiofónicas (la trinidad de nuevo) por atreverse a denunciar los despilfarros de los voraces mandamases de la Esquerra. Y, a la Cadena COPE —¿cuándo no es fiesta?—, le han apiolado dos por un delito de lesa disidencia. O el pesebre o la intemperie. El «cacaner» de Montilla entra en escena. ¿No olfatean la peste?

http://www.abc.es/20081110/opinion-firmas/montilla-caganer-cacaner-20081110.html

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