domingo, noviembre 09, 2008

Mas sangre española en Afganistan

Más sangre española en Afganistán

Lunes, 10-11-08
CON los dos soldados asesinados ayer, son ya 87 los militares españoles que han perdido la vida por una u otra causa en Afganistán, un tributo que pesa de forma cada vez más significativa en la opinión pública. La sociedad española vuelve a estremecerse ante el sacrificio de quienes mantienen honrosamente nuestra bandera en lugares remotos, contribuyendo decisivamente a nuestra seguridad, a la de nuestros aliados y a la de pueblos que, como el afgano, necesitan ayuda para recobrar la paz. Este es el verdadero significado de la «generosidad sin límites» de la que tan acertadamente hablaba el Príncipe de Asturias hace apenas tres días, durante su visita a las tropas españolas destacadas en Líbano.
El asesinato de nuestros dos soldados representa también un amargo recordatorio de que los grandes problemas a los que deben hacer frente las naciones libres no han desaparecido, ni nuestros enemigos están precisamente celebrando la victoria de Barack Obama. Al contrario, lo más probable es que aquellos que quieren destruir los valores de nuestras sociedades aprovechen este periodo de interinidad para poner a prueba, en Afganistán o en otros lugares del mundo, la determinación del nuevo presidente norteamericano y de sus aliados. Para España, el atentado coincide desgraciadamente con el debate sobre la previsible petición de la nueva Administración norteamericana para ampliar el número de soldados presentes en la zona.
Hasta ahora, muchos de los países presentes en Afganistán han estado ejerciendo con reticencia los aspectos más comprometidos de la misión militar. En el caso de España, no se puede ocultar que una de las razones más importantes por las que el Gobierno ha mantenido su compromiso era tratar de paliar las consecuencias diplomáticas de su apresurada retirada de Irak, pero en cinco años no ha accedido a ampliar sus responsabilidades, ni siquiera de manera simbólica. Y lo cierto es que las cosas van a peor en aquel país: no sólo no mejoran, sino que en amplias zonas la OTAN y las autoridades locales han perdido por completo el control y se encuentran en una situación muy comprometida.
La de Afganistán es una misión en la que se juega su prestigio la Alianza Atlántica, comprometida ante las Naciones Unidas a completar la tarea de estabilizar y contribuir a la reconstrucción del país. No sería bueno para nadie que la OTAN tuviera que dejar el país sin haber completado esa tarea. El mando aliado está trabajando en una nueva doctrina militar para Afganistán que contempla una permanencia a largo plazo, porque estamos más lejos de una solución de lo que hemos estado anteriormente, pero tampoco hay que porfiar en la cuestión del aumento de tropas, porque -aunque eran otros tiempos y otras circunstancias- ni con medio millón de soldados pudo vencer la Unión Soviética. Lo importante ahora es hacer más eficaz la labor de los soldados presentes allí, incluyendo una ampliación de las reglas de enfrentamiento. Los que deben vivir con miedo son los terroristas y los insurgentes, no los soldados occidentales, que disponen de la profesionalidad y los medios para vencer. Por desgracia, es muy posible que las de ayer no sean las últimas bajas españolas en Afganistán, porque la tarea que tienen encomendada es compleja y llevará tiempo. Los enemigos de la libertad están dispuestos a expulsar a la OTAN, como hicieron sus padres con la URSS y sus abuelos y bisabuelos, con el Imperio Británico, aunque sea a costa de sumir en la pobreza y el atraso a todos los afganos. Frente a ello, el Gobierno y la sociedad española deben estar preparados para asumirlo, porque también forma parte del tributo que hay que pagar para estar entre las grandes naciones del mundo. El verdadero peso en la escena internacional no se gana solamente en las fotos de familia de las cumbres. Por desgracia, también tiene un precio, enorme, al que los terroristas pusieron ayer nombre y apellidos.

http://www.abc.es/20081110/opinion-editorial/sangre-espanola-afganistan-20081110.html

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