miércoles, noviembre 19, 2008

Luis Pousa, Sucia y dura cual la guerra

jueves 20 de noviembre de 2008
LUIS POUSA
CELTAS SIN FILTRO

Sucia y dura cual la guerra

Sea en febrero o en marzo, las elecciones gallegas están cada vez más próximas y el nerviosismo ya ha aflorado en algunos gestos políticos. Sobre todo cuando el ataque contra el adversario no acaba provocando las consecuencias deseadas o, lo que es más costoso, genera un efecto bumerán que mina la credibilidad de los acusadores.

Los más madrugadores en abrir la precampaña han sido los populares, que nada más iniciarse el verano recorrieron el país de las mil romerías con una carpa blanca, en la que su líder, al más puro estilo de márquetin político, repartía sonrisas, apretaba manos, besaba mejillas y se mostraba abierto a recibir todo tipo de sugerencias.

Tras esa primera ronda de los encuentros en primera fase, llegó agosto. Don Alberto se tomó un respiro asiático, mientras el presidente de la Xunta deshojaba la margarita de si noviembre sí o noviembre no, para ponerle fecha a la llamada a las urnas. Al final, y tras darle muchas vueltas al asunto, don Emilio decidió no adelantarla.

El retorno a la actividad parlamentaria trajo los primeros síntomas de que la oposición había decidido ir a una confrontación muy dura, centrada en poner en cuestión la imagen de honestidad y frugalidad de Touriño, un político que nunca se ha distinguido por frecuentar restaurantes ni por la ostentación y el lujo. A decir verdad, se trata de una persona austera, de gustos muy normales y contraria a los excesos.

Ya en el primer rifirrafe en la Cámara autonómica a principios del pasado mes de setiembre, el jefe de la oposición dejó caer algo sobre a cuenta de quién había veraneado el presidente. Una insinuación maliciosa que buscaba crear dudas sobre la conducta de Touriño, sin aportar el más mínimo indicio que avalara la más mínima sospecha, pero aprovechándose de la inmunidad parlamentaria y del eco que provoca todo cuanto se diga en esa sede institucional.

Ese intento de enfangar a una persona honrada sugiere la catadura moral de quienes siempre están dispuestos a justificar los perversos medios empleados por la altura de los fines pretendidos, y apelan cínicamente a Carl Smitt para recordarnos, cuando les interesa, que la política es la prolongación de la guerra por medios pacíficos.

Una vez tirada la piedra y escondida la mano, la presentación, por parte del presidente, de las facturas que acreditan que sus vacaciones no corrieron con cargo al erario público no ha tenido reflejo en el insinuador. Ni una palabra de disculpa por su parte, pues a fin de cuentas el ámbito electoral es el campo de batalla en el que se libra una guerra disfrazada en la que todo vale.

Esa manera contundente de hacer política impregna toda la legislatura desde el día en que Manuel Fraga cedió los bártulos a su sucesor y se marchó al Senado. Y una de las personas que más la ha sufrido, con acusaciones falsas luego parcialmente rectificadas, ha sido la conselleira de Política Territorial, María José Caride.

La última entrega de esa guerra sucia y personalizada ha sido adjudicarle al presidente un despacho de 538 metros cuadrados y 4 automóviles oficiales, cuando en realidad su despacho tiene menores dimensiones que el que ocupaba su antecesor y el número de coches que utiliza es exactamente el mismo que utilizó éste: dos, y ambos blindados.

http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1073&idNoticiaOpinion=366795

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